Los hermanos Narváez eran unos enamorados del fútbol y de aquellas historietas de la editorial Bruguera que habían forjado su infancia, así que no dudaron demasiado cuando, allá por 1972, decidieron fundar un club en Málaga. Le bautizaron Unión Deportiva Mortadelo y ahí sigue, en el barrio Cruz-Humilladero, luciendo al ayudante de Filemón en su escudo, trabajando con 19 equipos, del juvenil al prebenjamín, con la solera que dan más de cuarenta años de batalla en el fútbol base. El recién renovado campo de la Renfe, bautizado popularmente así porque los terrenos pertenecían a la compañía ferroviaria, es el escenario donde los críos siguen soñando con llegar a Primera, como ha hecho Juanlu (Levante), probablemente el ‘ex’ con más pedigrí del Mortadelo. El club llegó a tener voto en la asamblea de la RFEF de febrero de 2000, cuando Lorenzo Sanz, entonces presidente del Madrid, intentó ridiculizarlo (“ahora solo falta el voto de Filemón, ¿no?”), aunque acabó disculpándose. Convertido en una referencia del fútbol formativo malagueño, el Mortadelo cuenta con 370 abonados, un presupuesto de 80.000 euros anuales y 38 trabajadores a tiempo parcial, encargados de dar lustre a su equipación, camiseta amarilla y pantalón verde. Seguro que Francisco Ibáñez, el dibujante de la sonrisa imborrable, puede presumir a gusto de las hazañas futbolísticas de su querido Mortadelo.


Este texto está extraído del #Panenka08. Un número que puedes conseguir aquí.