No es de los que hace dos fotos del mismo paisaje. No es de los que escucha los audios que envía. No es de los que pide otra canción en los conciertos. No es de los que dice por si acaso. “Si tuvieses un disparo, una oportunidad, para conseguir todo lo que siempre quisiste”, canta Eminem en Lose Yourself, “¿lo capturarías o lo dejarías escapar?”. Sébastien Haller lo tiene clarísimo.

Diez goles en seis jornadas de Champions League. Sólo Cristiano Ronald había conseguido marcar alguna vez en todos los partidos de una fase de grupos. Ahora también Haller. Nadie había sido tan fiable en su estreno en la competición. Diez tantos en 19 disparos. Uno de cada dos va para dentro. A los delanteros los definen las armas que usan. Los que van con metralletas, muchos tiros y a ver dónde acaban. Los que utilizan silenciador, que no te los esperas porque no hacen ruido. Haller entra al área con una escopeta de dos balas, como Guillermo Tell llevaba dos flechas para atravesar la manzana que descansaba en la cabeza del hijo del gobernador. La otra, decía él, iba destinada al corazón del gobernador por si no acertaba en la manzana.

La primera vez que te tiras de cabeza te pegas un planchazo. La primera vez que fumas un pitillo no paras de toser. La primera vez que te subes a la bici sin ayuda con suerte acabas con dientes. La primera vez que pruebas una cerveza te dices que no volverás a beber jamás. Acertar a la primera está al alcance de unos pocos elegidos. Harper Lee ganó el Pulitzer con Matar a un ruiseñor, su primera y hasta hace poco única novela. Orson Welles ganó el Oscar al mejor guion original con Ciudadano Kane, su ópera prima. Beatrice Straight solo necesitó cinco minutos y 40 segundos de actuación en Network para alzar el Oscar a la mejor actriz de reparto. Rulfo escribió en la primera línea de Pedro Páramo la mejor frase de la historia de la literatura. Haller, que también la clava a la primera, es de la misma calaña.

 

Las frases del Ajax, siempre con los mejores verbos, llenas de sinónimos, los adjetivos comedidos y los adverbios precisos, ahora tienen su punto final

 

El francomarfileño, después de convertirse en el fichaje más caro del Ajax en enero de 2020, no fue inscrito en la Europa League de la temporada pasada por un error administrativo del club neerlandés. Haller se quedó estudiando el gol como estudian los participantes de Pasapalabra. Guardó con todas las definiciones: de cabeza, en posición acrobática, en el mano a mano. Pero casi siempre, como si fuera un mandamiento, al primer toque. Y ahora, como ya ha hecho en la Eredivisie, ha destapado el tapón del champán.

En tiempos de falso nueve, de tacticismo rococó y de subordinación combinativa, el cazagoles de toda la vida remite a la sencillez, pero a esa sencillez que esconde la complejidad de condensar el mundo en una frase. Los delanteros como Haller pasan inadvertidos durante todo el partido, como si cruzaran silbando un paso de cebra. Y de golpe, un balón llovido. Pum. Sin ritmo cardíaco en el monitor, hasta que de pronto. Pum. Los extremos los nutren de pases como tiraban vacas al Tiranosaurio rex. Pum. Las frases del Ajax, siempre con los mejores verbos, llenas de sinónimos, los adjetivos comedidos y los adverbios precisos, ahora tienen su punto final.

 


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