Frío y silencioso. Como una noche de enero en las calles de Swansea. Así solía moverse Miguel Pérez Cuesta, ‘Michu’, (Oviedo, 1986) por los terrenos de juego en los que acabó dejando una huella imborrable. Recuerdo como si fuera ayer esa figura erguida y delgada que correteaba sin ser visto y sin hacer ruido entre medio de los defensas y los centrocampistas rivales pese a medir 190 centímetros. Esa melena larga, repeinada y siempre húmeda por la lluvia que caía sin cesar en Gales, como si fuera el quinto beatle. Y cómo no, por supuesto, esa mano derecha situada cerca de la oreja, haciendo un movimiento circular para celebrar todos y cada uno de los goles que llegó a anotar con los ‘Swans’ –un total de 28, que no está nada mal- en las dos temporadas que pasó por tierras galesas. Pongo la mano en el fuego a que ese festejo fue usado por miles de niños en las escuelas cuando perforaban las redes en el patio, queriendo ser, quizás algún día, como Michu.  

Pasó por las categorías inferiores del Oviedo antes de hacer las maletas hacia Vigo para fichar por el Celta, equipo dónde se consolidó como futbolista antes de dar el salto a Primera División de la mano del Rayo Vallecano la temporada 2011-12. Una vez establecido en Vallecas, el jugador demostró su calidad y olfato de gol rápidamente, afianzándose como el centrocampista (si podemos catalogarlo como tal) más goleador de la categoría con la friolera de 15 tantos, solo dos por detrás del máximo artillero nacional, que fue Fernando Llorente.

Por solo tres millones de libras esterlinas, el ovetense puso rumbo al sur de Gales, para enfundarse la camiseta del Swansea. Podemos catalogarlo como el mejor fichaje en toda la Premier League de aquella temporada, incluso, por qué no, el mejor de la historia de los ‘Cisnes’. Fue por aquel entonces cuando el bueno de Miguel Pérez Cuesta se hizo un nombre en la élite del fútbol mundial a base de goles; anotándolos como si se le cayeran del bolsillo, sin que apenas pareciera realizar ningún tipo de esfuerzo.

Un comienzo demoledor. Marcando un doblete y asistiendo en un mítico campo inglés como es Loftus Road frente al Queens Park Rangers. En apenas dos meses de competición, Michu ya llevaba seis goles en liga y asombró al público inglés por el simple hecho de anotar cuatro de manera consecutiva en la temporada de su debut, sin necesidad de aclimatación. El entrenador del equipo, Michael Laudrup, vio en el chico de Oviedo una peculiaridad por la que sobresalía de entre el resto de sus compañeros; la facilidad de ver puerta. De este modo, pasó de jugar como mediapunta a segundo delantero, moviéndose con sigilo por detrás del ariete del equipo Danny Graham, batallador como ninguno y generador de espacios que ocupaba entonces Michu. Del mismo modo que hicieron en su tiempo jugadores como Alessandro del Piero o Raúl González, el segundo punta del Swansea pasaba desapercibido entre la defensa rival para aprovechar los rechaces que producía el ‘9’ de la plantilla, asociarse con los hombres de banda -Routledge y Pablo Hernández eran puñales cual estacas- o simplemente hacer de nexo entre el mediocampo y la delantera pero sin las obligaciones respecto al juego que debe ejercer un volante ofensivo.

 

Pocos deportistas son capaces de dejar a sus espaldas buenos recuerdos allá por donde van, y Michu es la prueba de ello. Trabajo. Dedicación. Esfuerzo

 

El fenómeno Michu terminó convirtiéndose en una realidad. Es más, para muchos, fue la revelación de la Premier League. El delantero español terminó la temporada como el quinto máximo goleador con la escandalosa cifra de 18 tantos, solo superado por delanteros centro al uso y grandes estrellas del mundo del balompié como Luis Suárez o Robin van Persie. De entre todos aquellos goles, sobresalen dos en especial: un doblete frente al Arsenal para dar la victoria al Swansea en Londres y un gol en Old Trafford ante el todopoderoso Manchester United.

Los ‘Swans‘ terminaron en la zona media de la tabla y ganando la Copa de la Liga. Tras eliminar en rondas previas a equipos como Liverpool y Chelsea, los muchachos de Laudrup le endosaron un 5-0 en la final disputada en Wembley al Bradford, con gol, obviamente, de Michu.

Aquella excelente temporada hizo que tuviera la oportunidad de debutar con la selección española absoluta, ganándose la confianza de Vicente del Bosque a base de trabajo y dedicación. Sin embargo, el curso siguiente, no hizo más que comenzar el calvario de lesiones que truncó la carrera del delantero español hasta tal punto que provocara su retirada en junio de 2017. Desde entonces, el espigado ariete estuvo más tiempo en la enfermería que en los terrenos de juego. Tuvo que operarse hasta tres veces del tobillo, dejándole prácticamente inútil una articulación que es vital para tener un correcto desarrollo en el mundo del fútbol.

Tras años de sufrimiento físico y, sobre todo, mental, Michu decidió colgar las botas un 25 de julio de 2017. Pese a que jugó solo hasta los 31 años, el delantero de Oviedo se ganó el respeto y la admiración de los aficionados de Celta, Rayo Vallecano, Swansea, Nápoles y, por supuesto, Oviedo. Pocos deportistas son capaces de dejar a sus espaldas buenos recuerdos allá por donde van, y Michu es la prueba de ello. Trabajo. Dedicación. Esfuerzo. Como suelen decir por Gales, “the streets will never forget Michu.

 


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Fotografía de Getty Images.