La historia de Verónica Boquete es la historia de una jugadora que corría más que el tiempo. La historia de una gallega que creció con un balón en los pies y que en su carrera futbolista ha superado etapas a una velocidad tan vertiginosa que ha tenido que recorrer medio mundo para encontrar su sitio en el mundo del fútbol. También es la historia de la jugadora que corría más que la sociedad que la rodeaba. Por eso se fue. Porque quería convertirse en una de las mejores jugadoras del mundo, participar en las mejores ligas del planeta y disputar partidos decisivos en un estadio lleno hasta la bandera. Y se marchó justo cuando había encontrado un equipo que, sin saber por qué, la atrapó. En el Espanyol, Boquete se catalogó definitivamente como una jugadora con un olfato de gol fuera de lo normal y, por aquel entonces, eso era sinónimo de hacer las maletas y probar suerte en el extranjero. “A mí me hubiera encantado dedicar toda mi carrera al Espanyol, no nací perica pero allí me convertí… pero la ambición es lo que me mueve”, explica a Panenka Boquete, que acaba de ser presentada como jugadora del Bayern de Múnich. “He cambiado tanto de equipo por mis ganas de ponerme retos”, declara. “En el fútbol femenino un equipo está en la elite dos años y luego, no, y yo no he encontrado todavía esa estabilidad”, sentencia.

Primero salió de Galicia, con 18 años, hacia Zaragoza; luego, dirección Barcelona, y de allí cruzó el charco para dar sus primeros pasos en la liga que entonces tenía más prestigio del mundo, la norteamericana. Jugó para Buffalo Flash y Chicago Reds. Hizo una pequeña escala en su regreso al Espanyol antes de volver a los Estados Unidos para convertirse en 2011 en la mejor jugadora de la liga regular, que se dice rápido. Siguió su ruta en el Philadelphia Independence, el Energy Voronezh ruso, el Tyresö sueco y el Portland, hasta recalar en Frankfurt, donde ha sembrado el mejor año de su carrera tanto en el terreno individual como en el colectivo: octava clasificada mundial de los premios FIFA al Balón de Oro, nominada por la BBC como mejor jugadora de 2015, campeona de la Champions femenina (primera española en conseguirlo) y autora del gol que dio un billete a Canadá a la selección española. Todo esto la convierte en la jugadora más importante de la historia del fútbol español y, por ende, en una de las principales estrellas de la selección que se estrena esta noche.

“Nuestro objetivo es claro y realista: pasar la fase de grupos. Clasificarnos para los JJOO de Río ya resulta soñar un poco más fuerte”

“Llevo jugando con la selección 11 años, desde que tenía 16, y puedo asegurar que entonces estábamos desamparadas en cuanto a medios”, confiesa, contenta de poder explicar que eso ya no es así: “el cambio social es obvio, las chichas que empiezan ahora lo tienen más fácil. Yo no lo tuve tan sencillo como ellas, pero mucho más que las que vinieron antes”, recuerda. El discurso de Boquete siempre denota un optimismo especial, el de una ganadora nata. “Como podríamos imaginarnos, todo se ha magnificado desde que se sabe que vamos a jugar un Mundial”, se atreve a diagnosticar de esta manera, sabiendo que es un verano perfecto para aparecer en portada. Cuando le preguntamos si los españoles son conscientes de que una de las mejores diez jugadoras del mundo es gallega, ella prefiere pensar en aquellos que le han ayudado a conseguirlo. “Premios individuales como el de la FIFA me hacen valorar más lo que tengo. En esos momentos me acuerdo de todo lo que he pasado. Cuando tenía 5 años, por ejemplo, yo entrenaba con mis compañeros, iba a todos los partidos, los sentía como la que más, pero nunca los jugaba porque había una norma que lo impedía”, confiesa Boquete. Ahora se ríe de todo aquello. Ella es la que va a disputar un Mundial en el que llevaba años soñando, posiblemente el último gran escenario que a la gallega le queda por descubrir. No se trata solo de un evento al que no se ha acudido nunca, es la recompensa a muchos años de sacrificio de la plantilla de Quereda. De hecho, el grupo que afrontará el partido de hoy en Montreal ha juntado en un mismo equipo a dos generaciones diferentes, la de Boquete, aquellas que han visto transformarse a su selección a base de fracasos internacionales, y la de las más jóvenes, a quienes el fútbol empieza a devolverles todo lo que ellas le entregan.

“Nuestro objetivo es claro y realista: pasar la fase de grupos. Clasificarnos para los JJOO de Río ya resulta soñar un poco más fuerte”, aclara la delantera, que remarca la importancia de haber jugado hace dos años un Europeo en el que aprendieron muchas cosas sobre cómo afrontar una cita de este calibre. El papel que debe desempeñar cada una de sus compañeras parece tenerlo claro la capitana nacional, que también se muestra optimista a la hora de valorar la repercusión mediática que puede tener el encuentro. El único que reclama es el de sus homólogos masculinos, muy difícil de ver todavía de manera regular y espontánea. “A ellos no les supondría nada y para nosotros un simple gesto (como el que tuvo Terry con la sección femenina del Chelsea o Cesc, durante una eliminatoria de Champions del Barça) supondría que nos tuvieran más respeto”, reflexiona. “Cuando yo recibí felicitaciones de las cuentas oficiales del Espanyol o el Real Madrid, o cuando Javi Martínez me dio la bienvenida a Múnich, sentí que son cosas que nos ayudan muchísimo a crecer”, sentencia.

El Mundial de Canadá ya está en marcha y el día de hoy lleva señalado en el calendario de todas las jugadoras de ‘La Roja’ desde el momento en que sellaron su participación en la fase clasificatoria, una ronda que, en contra de lo que podría augurarles su inexperiencia, dejó a las de Ignacio Quereda invictas. El debut de Costa Rica es una incógnita, la mítica Marta juega para Brasil, Corea empató hace una semana con Estados Unidos, una de las favoritas al título. En definitiva, una fase de grupos que nos asegura un primer Mundial vibrante. Pero el lema de esta selección es “Soñar en Grande”, y Vero sabe mucho de esto.