El premio que ofrece el fútbol a cambio de su exigencia son todas las experiencias que perduran. De un momento para otro, Sergio Rico González (Sevilla, 1 de septiembre de 1993) debutó con el club de sus amores y se ganó la confianza de equipo y afición. Logró regularidad, tres trofeos de Europa League y la convocatoria para una Eurocopa, pero también unos recuerdos únicos. Ahora, inmerso en uno de los proyectos más ambiciosos del mundo, el del PSG, el guardameta español echa un vistazo atrás para repasar su niñez, su carrera y las decisiones que le llevaron a ser lo que es hoy.

 

¿Qué recuerdos guardas de la infancia?

En casa siempre andaba pegado a la pelota. Desde bien pequeño he estado pendiente del fútbol y muy ligado a todo lo que ocurría dentro de él. A los cuatro añitos empecé en una escuela de fútbol en Montequinto. Mi hermano mayor ya jugaba, y además de portero. Él ha sido mi mayor referente. Siempre he querido seguir sus pasos. De hecho, me decanté por la portería por seguir un poco a mi hermano, y luego entendí que aquello era lo mío. Cuando alguien chutaba, mis amiguitos de aquella época se apartaban del balón por miedo a llevarse un pelotazo. Yo era todo lo contrario, siempre intentaba pararla. Ahí es donde fui descubriendo que me gustaba la portería.

¿Qué tal tus años de formación? ¿Qué momentos rescatas?

Para todos los jugadores, y más para quienes terminamos en el fútbol profesional, es una de las etapas más bonitas. No hay presión ninguna, es puro disfrute. En mi caso, que tuve la suerte de cumplir estos años en el Sevilla, cada vez que había vacaciones o un parón en el colegio nos llevaban de torneo por España o incluso fuera. Estas son las experiencias más bonitas que guardo: poder conocer a gente, hacer nuevos amigos en otras ciudades, en otros países…

¿Cuándo percibes que es real la posibilidad de llegar al fútbol profesional?

Con el paso de los años vas aumentando de categoría, y desde cadete ya empiezas a recibir ofertas de equipos. Te llaman de las categorías inferiores de la selección sevillana, de la andaluza… En esa etapa se empieza a ver quién despunta y quién no. Gracias a Dios, yo siempre estuve en todas estas convocatorias. Pero es llegando a la etapa de juvenil, en División de Honor, cuando las cosas se ven más claras. El salto ahí es muy importante. Se empieza a ver si el club apuesta por ti o no.

En septiembre de 2014 se lesionan Beto y Barbosa, que eran los dos porteros principales de aquel Sevilla, y te toca subir del filial para debutar con el primer equipo. ¿Qué recuerdas de aquel día?

Es un día súper especial para mí. Es el momento soñado, el que llevaba esperando toda mi vida y para el que había estado preparándome durante todos esos años en la cantera. Luego, todos esos nervios que hay al principio se disipan con el silbido del árbitro. Es un día inolvidable para mí, una de las mejores experiencias.

Ese mismo año no solo debutas con el Sevilla, sino que además le aguantas la pugna a Beto, termináis ganando la Europa League y en mayo entras en la convocatoria de Del Bosque. Un curso increíble, ¿no?

Fue todo un sueño. Después del debut tuve la suerte de disfrutar muchos partidos más en la portería del Sevilla. Un jugador que acaba de empezar no puede pedir nada más: contar con minutos y conseguir todo lo que se logró en aquel año. Estoy muy agradecido.

¿Qué recuerdas de aquel Sevilla de Unai Emery? En Europa había algo especial.

Totalmente. Hoy en día, incluso, el Sevilla sigue siendo un equipo muy fuerte en la Europa League. Tiene algo distinto con esa competición. Toda la ciudad siente algo diferente con ella. Se vive todo de forma muy efusiva, con mucha ilusión, de forma muy cercana. Además, Unai Emery siempre metía un plus de motivación. Es un entrenador muy motivador, que sabe perfectamente cómo agarrar el pellizco de cada futbolista para que ofrezca el 200%. Tienen algo especial, tanto el Sevilla como él. Para mí fue una experiencia muy bonita, ganar tres de ellas es algo espectacular.

Aquel Sánchez-Pizjuán abarrotado, con la afición entregada, cantando el himno, con lo que suponía la Europa League para el equipo…

Era increíble. Sevilla ha vivido siempre esta competición de forma muy especial, y desde el club también transmitían este sentimiento. Los aficionados siempre se volcaban con nosotros. Era fantástico. Por la tarde, en el hotel, ya se escuchaban cánticos, se veían aficionados con bengalas alrededor del autobús, acompañándonos en el paseo hacia el estadio… Para los jugadores que llegaban desde fuera era algo espectacular. Yo lo había vivido como aficionado y luego tuve la suerte de vivirlo como jugador, desde dentro. Son experiencias que no se olvidan.

 

“Salir al extranjero y alejarme de mi familia y amigos fue duro, pero también me ha ayudado a madurar como persona y jugador”

 

¿En qué momento decides salir del Sevilla?

Todo jugador que empieza en su ciudad quiere probar nuevas experiencias. Abrir el abanico futbolístico, probarse en nuevos equipos, en otras competiciones. Yo llevaba cuatro años en el Sevilla, pero nunca me había cerrado a probar nuevas experiencias en el extranjero. Me encantaba la idea de aprender otro idioma, de vivir otra competición. Mis etapas en Inglaterra y Francia me han ayudado a ganar experiencia a nivel personal y profesional. Salir al extranjero y alejarme de mi familia y amigos fue duro, pero también me ha ayudado a madurar como persona y jugador. Hasta que no sales de tu zona de confort no le das el valor y la importancia que tiene el estar en casa.

¿Qué diferencias percibes entre las ligas de España, Francia e Inglaterra?

De estas tres, la española es la más técnica y táctica. Es la que mejor nivel tiene en esto. La Premier League es más física, de mucho ida y vuelta, y eso la hace más divertida. Cualquier equipo puede ganar cualquier partido, da igual que seas grande o pequeño. También la liga inglesa tiene un marketing detrás que es brutal. Se la recomendaría a todos los jugadores. En el caso de la Ligue 1, en estos últimos años ha ido creciendo cada vez más porque van llegando mejores jugadores a la competición, sobre todo ahora que el Paris Saint-Germain está trayendo a todas las figuras. Los estadios en Francia son un espectáculo casi todos. La mayoría de equipos tienen unas instalaciones fantásticas.

A nivel propio, bajo tu condición de portero, ¿existen diferencias también entre estas competiciones?

La liga española y la francesa se parecen bastante en este sentido. En ambas se busca mucho el juego de pies en el portero, que el inicio se haga de forma elaborada y seamos uno más en la circulación de balón. También se incide mucho en el espacio que existe a espaldas de la defensa, porque la mayoría de equipos defienden muy alto y el portero tiene que abarcar más metros. En Inglaterra no sucede esto. El juego es más de ataque-defensa, no tienes que estar tan pendiente de lo que ocurre a espaldas de la defensa, pero sí necesitas más fuerza física. Es un fútbol más duro, donde se permiten bastantes cosas en el juego aéreo que en España y Francia no se permiten, y para entrar a estos duelos tienes que trabajar bien el cuerpo.

Desde que debutaras hasta ahora, ¿también percibes algún cambio en la forma de entrenar?

Sí, claro. Todo va actualizándose, y con ello los entrenamientos. Los entrenadores de porteros están cada vez más preparados, cuentan con más formación. Esto hace que todos crezcamos profesionalmente y que podamos adaptarnos juntos a lo que el fútbol va pidiendo a cada momento.

¿Qué tal estos meses con Pochettino?

Es muy cercano con los jugadores. Ha estado en el otro lado y sabe en cada momento qué nos gusta, qué pensamos… Eso es muy importante, sobre todo ahora con todos estos grandes nombres que tiene en plantilla. Si consigue coordinar todo esto, darle cariño a todos y estar bien con la plantilla, estoy convencido de que será un gran año. Los jugadores que tenemos son impresionantes.

Las llegadas de Leo Messi, Sergio Ramos, Donnarumma, que se terminara quedando Mbappé… ¿Cómo has vivido este verano increíble? ¿Qué ambiente se respira desde allá?

Quienes ya estábamos aquí lo hemos disfrutado como unos aficionados más. Es un privilegio poder disfrutar cada día de estos grandes jugadores y aprender de ellos. Todas estas llegadas han sido una grata sorpresa para nosotros, y también que Kylian se haya terminado quedando en el último momento. Ahora vamos a ver si conseguimos todos los objetivos que nos hemos marcado, pero estoy seguro de que disfrutaremos y seguiremos aprendiendo todos juntos.

¿Qué es un entrenamiento con Neymar, Mbappé, Messi…?

Es increíble. En cualquier entrenamiento se disfruta muchísimo. Hay un salto de calidad impresionante, la velocidad a la que circula el balón es altísima. Todo el equipo crece porque el ritmo del entrenamiento es muy alto, y la calidad de este es máxima. Esto ayuda a exprimir el rendimiento de todos por igual.

También en la portería hay una competencia tremenda.

Llevamos una competencia muy sana, ya que cada uno sabe su rol. Lo llevamos bien, sobre todo en mi caso. Tengo una gran amistad con Keylor, es una persona increíble. Si como portero es bueno, como persona es igual o mejor. Es un buen amigo y eso hace que la competencia sea fácil de llevar. Al final, todos buscamos remar hacia el mismo lado. Juegue quien juegue tenemos que estar contentos, lo importante es que los resultados se vayan dando.

¿Qué objetivos tiene Sergio Rico a medio-corto plazo? Algo que te haría ilusión ganar, un partido que te gustaría jugar…

La situación que ha tocado es complicada, pero por ejemplo sería muy bonito enfrentarme al Sevilla. Sería un partido muy especial, aunque tuviera el corazón partido. En todo caso, el objetivo número uno ahora es que el equipo consiga sus objetivos y que todo vaya por la línea que tiene que ir.

 


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Fotografía de Imago.