La naturaleza es muy caprichosa. Lo revuelve todo cuando a ella se le antoja. Paisajes y vidas. Todo está en sus manos. Para algunas regiones del mundo, su relación se ha convertido en un arduo matrimonio. En El Salvador lo saben muy bien. Corría el año 1854 cuando un devastador terremoto se llevó por delante la vida de miles de personas en la capital del país. El suelo tembló y asoló San Salvador hasta tal punto que la hizo inhabitable. Tocó hacer borrón y cuenta nueva. Multitud de salvadoreños tuvieron que reconstruir sus vidas. Y lo hicieron a la vez que levantaban un hogar desde cero: Nueva San Salvador sería la capital de la república hasta la reparación de la original. Justo un siglo y medio después de su fundación, se decidió que el enclave debía recuperar el nombre histórico con el que se conocía a una antigua hacienda de la zona. Con el tiempo, Santa Tecla ha crecido, llegando a los 135.000 habitantes. En la ciudad colinense, por la fuerza, todo es nuevo. Incluso su principal equipo de fútbol. No fue hasta 2007 cuando nació el Santa Tecla Fútbol Club. Sin embargo, ha habido tiempo suficiente para convertirse en uno de los conjuntos más prestigiosos del país. Un club joven que, cual terremoto, ha sacudido el fútbol salvadoreño para ponerlo de patas arriba: en 13 años de existencia, seis títulos nacionales.

La verdad sea dicha, El Salvador no es una gran potencia futbolística, a pesar de que este sea el deporte por excelencia del país más chiquito de la América Central, y el único que no goza de la caricia del agua caribeña. Sin embargo, los salvadoreños pueden decir orgullosos que han participado dos veces en un Mundial, aunque su paso por las ediciones de 1970 y 1982 no fue para nada exitoso: seis derrotas en seis partidos, con el peor coeficiente de las 79 selecciones que han tomado parte en el torneo. ¿Pero qué son los números para juzgar la pasión de sus habitantes? Una pasión de la que nació el Santa Tecla, en una ciudad muy futbolera; pues el Quequeisque, clásico club local y ahora en horas bajas -Tercera División-, consiguió cinco títulos de campeón en los años 40. Lo que hicimos con el Santa Tecla Fútbol Club fue regresar la ciudad a los tiempos de gloria”, cuenta José Eduardo Amaya, presidente de los ‘pericos’, cargo que ocupa desde el último año. Claro queda que en aquel 2007 el balompié colinense necesitaba resurgir, así que el ayuntamiento de la época, junto a la familia Pinto, ejerció un rol clave. De hecho, el Santa Tecla es patrimonio de la ciudad, y pertenece a una asociación sin fines de lucro: “todo lo que ingresa el club se reinvierte, para así poder generar mayores talentos”, afirma Amaya. Además de los Pinto, tampoco se entendería el crecimiento meteórico de los tecleños sin el papel de José Vidal, máximo dirigente con quien se ascendió a Primera.

Llegar y besar la santa

Vista la reciente trayectoria del club, ¿cómo se puede explicar que haya cosechado tantos éxitos en tan solo 13 años de vida? La respuesta se halla en el mismo 2007. El Santa Tecla no empezó desde lo más bajo, sino que se apostó por adquirir la plaza del Club Deportivo Telecom en Segunda División. “Obviamente, hay un importante recorrido que se acorta en tiempo y sobre esa base se construyó la visión de los socios fundadores para poder buscar un ascenso”, argumenta el presidente ‘perico’ sobre la posibilidad de ahorrarse el fútbol aficionado y la Tercera División, una categoría en la que compiten hasta 36 equipos. Conseguir una plaza inmediatamente en el escalón de plata de El Salvador no significó que el ansia se apoderase del Santa Tecla. Los cinco primeros años de vida se cocinaron a fuego lento, pues “el proyecto debía tener visión de crecimiento sostenible, ya que si vas a prueba y error, es difícil”, relata Amaya, en contraposición a otros clubes que “lograron el ascenso rápidamente, con todas las pompas, pero un par de temporadas después descendieron otra vez”. Finalmente, en 2012, el club colinense se proclamó campeón del torneo de Clausura y acto seguido consiguió el soñado ascenso a Primera División. En un solo lustro, el estadio de Las Delicias, con capacidad para 10.000 personas, pasó de ver nacer a un club a atestiguar cómo este se hacía su sitio entre los más grandes del fútbol salvadoreño.

La apuesta pausada del Santa Tecla salió bien y desde que debutó en la máxima categoría no solo no ha vuelto a Segunda, sino que ha conseguido títulos con cierta regularidad. La clave figura en la filosofía del club, en su modelo identitario, una suerte de propósito particular. La entidad tecleña, ya desde que empezó a andar, se marcó a fuego la necesidad de nutrirse de su cantera. Lo que buscamos es generar identidad en las bases”, defiende un José Eduardo Amaya que ve indispensable “apostar por los jóvenes de nuestro territorio, el Departamento de La Libertad”. No se puede entender el Santa Tecla sin la balanceada mezcla entre la continuidad de un grupo y la renovación constante, siempre con los jóvenes como fundamento de la plantilla. El bloque que logró el ascenso en 2012 llevaba ya un tiempo asentándose en Segunda, y fue el mismo que consiguió consolidarse en la máxima categoría y alzarse como campeón en 2015. No es de extrañar, pues, que buena parte de su plantel haya formado la columna vertebral de la selección nacional en los últimos años. 

Sin embargo, quizás el hecho diferencial es que el conjunto verdiazul no tiene reparos en cortar por lo sano sin tener en cuenta méritos o sentimentalismos: “Cuando termina el ciclo de un grupo de jugadores, se empieza de cero. Nos deshacemos de estos futbolistas y sube toda la camada que tenemos en el equipo reserva”. Para el presidente Amaya, esta metodología va a misa: “es la combinación que nos hizo alcanzar los logros”. A pesar de que los jóvenes son el combustible tecleño, un buen engranaje tiene que contar con cierto grado de experiencia. El vestuario ‘perico’ siempre se ha respaldado en el liderazgo de algunos veteranos. El más ilustre, sin duda, el coleccionista de equipos. El Santa Tecla tiene el honor de haber sido uno de los 29 clubes de Sebastián ‘El Loco’ Abreu. “Para los aficionados fue un boom, asegura Amaya sobre la llegada del delantero en 2016. Sin embargo, al uruguayo le costó algo engrasar la máquina goleadora, ya que hasta el tramo final de la temporada tan solo llevaba un par de tantos. Pero a partir de las semifinales, Abreu se puso a repartir caramelos a sus compañeros y las empezó a enchufar. “La espera de los goles durante todo el torneo valió la pena, porque nos metió en la final y nos hizo campeones del Clausura”, recuerda el actual presidente con una sonrisa en la boca. El contrastado ariete estuvo pocos meses en El Salvador, pero fueron suficientes para dejar huella. Tanto, que volvió al Santa Tecla para una corta segunda etapa, esta vez como técnico, en 2018.

Cambio de ciclo

Desde su llegada a la máxima categoría salvadoreña en 2012, los verdiazules le han cogido el gusto a llenar sus vitrinas. Después de un proceso de asentamiento y de tomarle la medida a la liga, en 2015 empezó un ciclo ganador que se ha alargado hasta ahora. Todo comenzó con el título de Clausura de 2015, el primer éxito del Santa Tecla, solo ocho años después de su fundación. A aquel triunfo, le siguieron el Apertura 2016, el Clausura 2017 y el Apertura 2018. Además de un subcampeonato en el Apertura 2017 y otro en el Clausura 2018. Y los dos títulos de la Copa El Salvador conseguidos en la 16-17 y la 18-19 acaban de adornar el corto pero brillante palmarés tecleño. La fórmula del éxito debe buscarse, una vez más, en el equipo reserva del Santa Tecla, casi tan exitoso como la primera plantilla: doblete en 2017 -Apertura y Clausura-  y campeón del Clausura en 2019. Precisamente, los principales jugadores del filial serán, en esta próxima temporada, el fundamento del Santa Tecla. Ahora, la entidad ‘perica’ encara un nuevo cambio de ciclo. Sangre joven.

Para el próximo campeonato, que arranca el 10 de octubre, la revolución verdiazul es de vértigo. Juan Andrés ‘Profe’ Sarulyte se estrenará en el banquillo tecleño, y tendrá a sus órdenes hasta diez muchachos que suben del reserva. Han hecho su proceso desde las categorías inferiores y van a tener muchos minutos con el primer equipo”, defiende José Eduardo Amaya. “Es la apuesta para este torneo y es la misma que se hizo en 2012”. Entonces funcionó, así que ahora la confianza es ciega. Después de unos años en la cima, el conjunto colinense es consciente que esta no va a ser una temporada fácil. El objetivo es sentar las bases para, dentro de un tiempo, volver a levantar trofeos. Pese a la juventud, no renuncian a abandonar la zona noble de la tabla y esperar, si se da el caso, algún premio más grande: “Nuestro plan es estar entre los tres primeros, en una de las semifinales, no podemos estar fuera de ahí. Una vez allí, siempre se tiene que apostar por el campeonato”, ambiciona el presidente. Pero para llegar a estar entre los mejores, el Santa Tecla tiene que bordar la temporada regular, reformulada a causa de la pandemia. El Apertura consta de 12 equipos, y ya en la primera fase, en su subgrupo de cuatro, se verán las caras con dos cocos: el Alianza, tercer equipo más laureado del país, con 14 ligas; y el Atlético Marte, que atesora ocho. La segunda fase, con dos subgrupos de seis, conformará los cuartos de final.

El Apertura 2020 actuará a modo de transición. Futbolistas contrastados como el delantero David Díaz, el volante Rodrigo Rivera, el interior Marlón Cornejo o el portero Jesús Dautt deberán ejercer como estandartes y coger las riendas del Santa Tecla. A su par, muchachos como el atacante Henry Argueta, el mediocentro Fernando Quintanilla o el mediapunta Ángel Callejas, todos ellos marca de la casa, piden paso para tener desde ya galones. Sobre estos últimos se edificará el futuro ‘perico’. Los títulos nacionales de liga y copa están en el horizonte, pero esto no es todo. La nueva generación tecleña, que empuja fuerte, quiere tener “mayor proyección internacional, a nivel Concacaf”, desea ilusionado José Eduardo Amaya. Los cuartos de final son la barrera con la que topó el club en su  mejor participación en la Liga de Campeones. Sin embargo, el Santa Tecla Fútbol Club proyecta un porvenir brillante: “La intención es vernos en una final”. Quién sabe si, dentro de unas temporadas, la entidad conseguirá convertirse en el cuarto club salvadoreño en coronarse campeón de la Concacaf. Si un día ya consiguieron poner patas arriba el fútbol nacional, por qué no pensar que, en un futuro, un terremoto llamado Santa Tecla sacudirá la América Central. El tiempo dirá.

 


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Fotografías cedidas por el Santa Tecla FC.