A Rodri Hernández la presión le da igual. Se pone la camiseta del Atlético de Madrid sin sentir el peso de Gabi y le sucede lo mismo con la de la Selección y el legado de Busquets. Es como cuando un rival le viene a presionar: observa al contrario, mueve el cuerpo y pasa el balón al compañero mejor colocado. Ya el curso pasado heredó la posición de Bruno Soriano en el Villarreal, palabras mayores. Su situación no es sencilla. Los aficionados lo miran con lupa desde el primer día, no terminan de creerse cómo juega el espigado mediocentro. La desconfianza llega en primer lugar porque el chico es buenísimo y en segundo lugar porque saben la dificultad que conlleva asumir el rol de esos mitos.

Las comparaciones son odiosas y generalmente hacen más mal que bien. Que se lo digan a todos aquellos que fueron catalogados como ‘el nuevo Messi’, por ahí anda el gran Gai Assulin en algún rincón del planeta. Por eso mismo a Rodri lo que hay que hacer es admirar su fútbol, comprender la simpleza de su juego y dejarse de tonterías y etiquetas. Pero claro, tampoco podemos obviar que su juego y el de Busquets siguen el mismo patrón e incluso se parecen en la forma de andar, pasar o evitar rivales. Y no, Rodrigo no será el nuevo Busquets. Será lo que él quiera, continuará la carrera que desee y ya tendremos tiempo para catalogar su fútbol de aquí a unos años. Su parecido es tan evidente como las grandes diferencias que les distingue, son menos idénticos de lo que opina la mayoría popular.

Al Atlético de Madrid llegó este pasado verano a cambio de 20 millones de euros. Si ahora para muchos es el heredero de Gabi o Busquets, en el Villarreal tuvo que relevar a Bruno Soriano. Casi nada. Suena feo decirlo, porque me considero un fan absoluto de Bruno, pero su ausencia fue muchísimo menos dolorosa tras la explosión de Rodri. El medio juega como todo un veterano, le da igual a quién sustituir y juega con una personalidad brutal. Rodri necesita espacios, sentirse el amo de la barraca. Ni doble pivote ni leches, él solo tiene la capacidad de sujetar a un equipo y eso a día de hoy es oro. A nivel mundial quizá no haya un proyecto de ‘5’ como él, ha adelantado a Weigl y parece más hecho que Ndombelé, por ejemplo. Rubén Neves y Lucas Torreira tampoco tienen mala pinta, aunque la apuesta del Atlético parece la ganadora.

Miguel Quintana coincide en la percepción positiva que ofrece Rodri respecto a la calidad de sus pases, cómo lee de bien las líneas de pase o cómo se sitúa sobre el verde. “Mis dudas llegan respecto a su pequeño radio de acción o la poca movilidad que ofrece cuanto le toman la espalda y tiene que caer a banda”, señala Quintana. “Rodri no es un futbolista fino pero es muy bueno, su mayor cualidad es la capacidad para dar diferentes tipos de pase según lo exige la situación”, añade el periodista. Es evidente que el futbolista del Atlético a primera vista llena los ojos de cualquier aficionado, el buen jugador es fácil de identificar.

Quien tampoco duda de sus cualidades es Bruno Alemany, pero también hay que hablar de sus defectos y debes. “En clave Atlético, por cómo juegan, me gustaría ver cómo responde a nivel defensivo ante Real Madrid, Barcelona o en Champions. Él está acostumbrado a tener libertad para tirar la presión arriba y habrá que ver cómo hace la labor de Gabi o Tiago”. El periodista de la SER también muestra sus inquietudes respecto a la faceta ofensiva: “cuando el Atlético roba le gusta salir rápido y vertical, quizá Rodri no sea el más dotado y es posible que ralentice esas acciones”, concluye Alemany.

En el verano que el Atlético de Madrid cerraba el fichaje de Lemar y la continuidad de Griezmann, parece que el gran acierto, por encima de estos dos, sea la vuelta de Rodri. Porque si ahora mismo puede llegar a tener un valor cercano a los 30 ‘kilos’, no quiero ni imaginar a cuánto ascenderá en cuanto pasen un par de temporadas. Si las lesiones le respetan, estamos ante el próximo mediocentro que dominará esa posición. Tan solo hay que dejarle jugar sin etiquetas.