Existen ese tipo de artistas alejados de la fama, refugiados en su rocosa e inaccesible intimidad. Al igual que aquellas obras de arte que suelen pasar desapercibidas, ensombrecidas por los clásicos. Esto me recuerda a Nick Drake, un brillante, a la vez que deprimido, cantautor británico de los años 70 que nunca aparece en los ránkings de los mejores compositores de la historia donde sí están otros como John Lennon, Bob Dylan, Neil Young o Paul Simon.

El cantautor de origen birmano, antes de marcharse por voluntad propia, nos dejó maravillosas obras como Bryter Layter (1970) o Pink Moon (1972). Es cierto que su carisma no cuajó pero, cuando aparece en el recuerdo, no hay más remedio que honrarlo como se merece. Algo así ocurre con Rivaldo, recordado por su famosa chilena más que por su exquisito talento que tantos goles y asistencias dieron a aquel Barcelona de entre épocas. A diferencia de sus compatriotas, él nunca aparece en los ránkings, igual que Drake. Esta es la historia de un genio en la sombra.

 

Su llegada al club

Corría la tarde de un 15 de agosto de 1997 cuando, a pocas horas del cierre del mercato, el FC Barcelona pagó la cláusula de rescisión de Vitor Borba Ferreira, Rivaldo. Fue una decisión que cambió el devenir de la historia de dos clubes: el Deportivo de la Coruña, deprimido al ver cómo su ídolo volvía a marcharse al igual que hiciera Bebeto en la temporada anterior, y el FC Barcelona, entusiasmado con su nueva perla brasileña tras la traumática venta de Ronaldo Nazário al Inter de Milán.

Al igual que lo fue Eindhoven para Romário y Ronaldo, La Coruña fue la antesala del nacimiento de una nueva estrella, ese club puente que toda perla sudamericana necesitaba para triunfar en uno de los grandes de Europa. Así se forjó el joven Rivaldo antes de pisar el Camp Nou, un estadio que no veía ganar una Liga desde 1994, la última de Johan.

En aquel entonces, el ánimo de la parroquia culé, aunque venía de festejar tres títulos durante la temporada de Bobby Robson (Supercopa, Copa del Rey y Recopa), no estaba, ni de lejos, para la euforia. El recuerdo del ‘Dream Team’ permanecía intacto entre los aficionados, ansiosos por ver a su equipo levantando otro gran trofeo y controlando el juego con la misma brillantez. El encargo recaló en dos importantísimos nombres propios: Louis Van Gaal, relevo de Robson en el banquillo, y Rivaldo, relevo de Ronaldo en el césped.

 

Un inicio brillante

El brasileño, escudado por otros grandes futbolistas como Guardiola, Luis Enrique o Figo, cuajó una sobresaliente temporada de debut, anotando 28 goles decisivos que ayudaron al equipo a conquistar la Copa del Rey y La Liga. Si, ¡La Liga! A pesar de la eliminación de la Champions en la fase de grupos, un gran Barcelona parecía resurgir al mismo tiempo que el nombre de Rivaldo tomaba protagonismo.

En la siguiente temporada (1998-99), el ‘president’ Núñez pudo presumir de centenario acompañado de una gran estrella como Rivaldo. Un jugador diferencial, a la altura de un club como el FC Barcelona, que, en su segunda temporada, marcó 29 goles ayudando al equipo a conseguir su segundo campeonato doméstico consecutivo. Algo que, tras el Barça de Kubala y Ramallets (1960), tan sólo Johan Cruyff había conseguido (1992).

 

“Está entre los mejores de la historia del Barça y, desde luego, entre los mejores goleadores”

Ramon Besa

“Lo mejor de Rivaldo en el Barça fue su capacidad de decidir partidos”

Thiago Arantes 

 

La relación con Van Gaal

Rivaldo, flamante ganador de la edición 1999 del Balón de Oro, parecía un tipo alegre disfrutando del fútbol en un equipo ganador. Sin embargo, esto no era más que una simple suposición. Precisamente por aquellas fechas en las que el brasileño recibió el galardón de France Football, su relación con el gol se enfrió hasta el punto de impacientar a gran parte de la grada del Camp Nou. Sí, llegaron los primeros silbidos. Además de negarse a seguir jugando en la banda izquierda, tal y como le mandaba Louis Van Gaal.

“La fama es como un árbol frutal, así de inestable. No puede florecer hasta que su tronco está en el suelo”, premonizaba Nick Drake en su tema Fruit Tree (1969). Rivaldo se fue entristeciendo hasta convertirse en ese árbol sin fruto de Nick Drake. Su deseo de jugar en el centro del campo se vió frustrado ante el rígido sistema de Van Gaal. El holandés, anclado en su ortodoxo juego de posición, difícilmente iba a concederle esa libertad. “Es muy triste que la gente te silbe el mismo día que te dan este premio. Quiero demostrar que soy un grandísimo jugador en el centro del campo”, afirmaba Rivaldo.

 

“Difícilmente tenía un sentido del juego colectivo, de equipo. A veces parecía un goleador que no sabía jugar a fútbol. No encajaba en el ecosistema del Barça y menos en un equipo riguroso tácticamente como el de Van Gaal”

Ramon Besa

“A Rivaldo le faltó un buen equipo y lo peor fue la relación problemática con Van Gaal”

Thiago Arantes

 

La cabezonería de Rivaldo irritó tanto al entrenador que éste no pudo esconder el problema en una rueda de prensa muy recordada. Éste fue el origen del “tu eres muy malo” de Van Gaal, tal y como nos cuenta Ramon Besa: “La frase se la dijo Van Gaal al periodista de El País Rafael Carbonell cuando le preguntó si no estaba revelando cosas del vestuario al desvelar que el brasileño se negaba a jugar como extremo en el Barça. Carbonell se levantó y a su lado también se retiró de la sala de prensa Edwin Winkels (periodista y escritor holandés), de ahí la respuesta de Van Gaal: muy bien, Winkels, tu también”.

 

La decadencia del primer Barça del siglo

Rivaldo no consiguió liberarse de la depresión que le producía pisar la cal de la banda izquierda partido tras partido. Puede que su infelicidad influyera en la decadencia de un equipo que, una vez más, no consiguió triunfar en Europa, superado por el Valencia de aquel incesante ‘Piojo’ López. Poco se pensaban los aficionados culés que aquel equipo campeón iba a ser tan breve. El crack, Rivaldo, acabó deprimido, estancado en la desobediencia. El entrenador, Van Gaal, acabó enfadado e impotente por no saber cómo reanimar al grupo. Y, claro, el presidente, Núñez, acabó cuestionado, planteándose incluso anunciar su dimisión.

 

“A Rivaldo no le ayudó el contexto que vivía entonces el Barça”

Ramon Besa

“La falta de otro gran crack en el Barça de su época, sobretodo tras la salida de Figo, le puso en un escaparate que no le gustaba”

Thiago Arantes

 

Tras la presión de la prensa, durante el verano del año 2000, Louis Van Gaal fue despedido y Llorenç Serra Ferrer fue elegido como su sustituto. El ilusionante cambio de milenio supuso para el Barcelona el inicio de una travesía de cinco años por el desierto en la que no ganó ni un solo título. Precisamente el mismo año en el que la luz de Rivaldo se apagó. Eso sí, se guardó una última bala. La Chilena.

 

Su obra maestra

Si River Man fue una de las canciones clave de la breve trayectoria de Nick Drake, la chilena fue exactamente lo mismo para Rivaldo. Su River Man particular. Aquella obra en la que el artista, desatado, eleva su talento al sumo de sus posibilidades. El arte llevado a la máxima manifestación individual, reflejo de su expresividad y mundo interior. Irrepetible. Su deslumbrante gol al Valencia, que certificó la clasificación para la Champions League, estará siempre entre los Greatest Hits de la história del club. Privilegiados fueron los que estuvieron presentes.

 

“Rivaldo resolvía las disfunciones colectivas con sus goles. Se consagró como uno de los mejores solistas del mundo”

Ramon Besa

“Lideró técnicamente al equipo y fue un jugador desequilibrante”

Thiago Arantes

 

La comparación con los otros cracks brasileños

Aunque la atmósfera que generaba el sonido de Nick Drake era única, su talento siempre fue difícil de definir. Nunca tuvo el espíritu reivindicativo de Dylan, la canallería de Lennon o la versatilidad de Paul Simon. De igual manera, a Rivaldo siempre le faltaron características que otros sí tuvieron; la alegría de Ronaldinho, el desparpajo de Neymar, la explosividad de Ronaldo, etc. Sin duda, elementos más fáciles a los que agarrarse por parte de la crítica.  Aunque el talento de ambos fue prodigioso, tanto Drake como Rivaldo encarnan aquel artista difícil de explicar, de cualidades indescifrables.

Sin embargo, si nos atendemos a los números de Rivaldo como jugador del FC Barcelona, éstos no tienen nada que envidiar a los del resto (130 goles, 0,55 de promedio goleador, 50 asistencias, dos Ligas consecutivas, etc.). Tanto Besa como Arantes señalan el carácter del brasileño como uno de los motivos que más han influido en el reconocimiento global de su figura.

 

“Era un jugador triste, melancólico. No cambió el humor del club, como Ronaldinho, ni era una fuerza de la naturaleza prodigiosa, como Ronaldo. No transmitía nada, se remitía a sus extraordinarios goles”

Ramon Besa

“Es una cuestión de carácter. Es y será siempre un tipo tímido, de pocas palabras, de poco liderazgo en el vestuario, de poca prensa…”

Thiago Arantes

“En ocasiones parecía incluso que no era brasileño. Daba la sensación de golear contra el mundo, en contra de la opinión de la gente. Influía seguramente su infancia dura, la muerte de su padre atropellado, y el apodo de Patapalo que recibió en algunos ambientes de Brasil” 

Ramon Besa

“Siempre le salió bien ser el segundo, o tercero, violinista de la orquesta, como en el Mundial del 2002. Por carácter, él no se convirtió en el fenómeno mediático que fueron sus compatriotas”

Thiago Arantes

 

Mejor con Rivaldo

A Nick Drake siempre le entusiasmó poder conocer a la cantautora francesa François Hardy, con quien tenía el deseo de cantar. Tras su frustrada luna llena en París, el compositor, apenado, viajó hacia Tanwoth, lugar de residencia de sus padres, de dónde ya nunca volvió a salir. Drake jamás cumpliria sus deseos con François, al igual que Rivaldo con Van Gaal y el barcelonismo. Dos genios frustrados que fueron incapaces de reconducir su arte.

Sobre Rivaldo, señala Ramon Besa que “él era el problema y la solución al mismo tiempo”. Sobre Nick Drake… ¿qué más decir? Tan sólo tres álbumes de estudio y una dolorosa desaparición. ¿Cuantas más canciones nos podría haber dejado? Es una pregunta sin respuesta, al igual que: ¿y si Rivaldo hubiera jugado al fútbol feliz? Lo que es indudable es que el fútbol es mejor con Vitor Borba Ferreira que sin él.