“A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas”

¿Así que quieres ser escritor?, de Charles Bukowski

 

Aunque no sea cierto, me gusta pensar que los primeros recuerdos que tengo del Valencia son cuando el equipo de la ciudad que vio cómo me magullaba las rodillas de todas las caídas que tenía con la bici a lo largo del antiguo cauce del río Turia era un grano en el culo para el Barcelona de Van Gaal, cuando se creyó que podía no luchar contra los grandes, sino ser mejores que ellos. Soy así de romántico y de metafísico. La historia de un niño en la mañana de una guerra.

Hay goles que se quedan grabados en el disco duro de la memoria de cada persona y uno de los que tengo muy presente en mis sienes es este. El Valencia jugaba la segunda jornada de la primera liguilla de las dos que tuvo aquella Champions League de la temporada 99-00 contra el PSV Eindhoven. Era el 21 de septiembre de esa campaña que comenzaba a brotar y el conjunto ‘che’ se estrenaba en un estadio foráneo en su primera participación en el campeonato con las estrellas en el balón. Las tablas donde ocurrió el alud de luz, el Philips Stadio.

 

“Aquel gol fue una locura. El Valencia debutaba en Champions y cada partido era un premio para la gente y para los periodistas que vivíamos experiencias no vividas”

 

El periodista Kike Mateu, que rememora que el equipo holandés era el rival directo del los blanquinegros para pasar al siguiente escalafón del torneo y que todo era bastante más largo, afirma: “Aquel gol fue una locura, como parte de la gran fiesta que suponía aquella temporada. El Valencia debutaba en Champions y cada partido era un premio para la gente y para los periodistas que vivíamos experiencias no vividas”.

Ni 240 segundos escurridos del marcador del estadio del sur de los Países Bajos. Carboni lanzaba una falta que todavía estaba en su propio campo por unos centímetros. El balonazo del italiano hacia arriba parecía más hecho con una catapulta que con una pierna. Se preveía que nadie llegaría a ese envío y que se perdería tras pasar la línea de fondo de los holandeses, pero Claudio López, con su carismática zurda, empaló el esférico que llegaba desde las estrellas de la ciudad de Eindhoven con una volea descomunal sin que el cuero tocase el césped. El argentino no le dejó ninguna opción de pararlo a Waterreus.

Mateu, que evoca la locura que se desató al ver al Piojo contactando con la pelota y la posterior parábola imparable, se acuerda de que todos los periodistas desplazados allí narraron aquello al unísono y que las voces de todos los enviados especiales cantaron el gol con auténtica pasión.

El Kily González, que vio cómo el esférico sobrevolaba por encima de su cabeza, se arrodilló ante su compatriota Claudio en la celebración. Esta es una de las imágenes más icónicas del valencianismo. Después, en la segunda parte, el PSV empató el encuentro gracias a un delantero que empezaba a dar sus primeros pasos llamado Ruud van Nistelrooy, que no erró el penalti del que dispuso.

 

Como el poema ¿Así que quieres ser escritor?, como la obra realista Nightawks, como la fotografía Nocturne, sutil, pero es un gancho directo al esternón que te deja sin exhalación porque no comprendes tanta belleza con tan poco

 

Lo que hizo el Piojo fue, como el poema ¿Así que quieres ser escritor? de Charles Bukowski, como la obra realista Nightawks de Edward Hooper, como la fotografía Nocturne de Gilbert Fastenaekens, sutil, pero que, en cierta manera, es un gancho directo al esternón que te deja sin exhalación porque no comprendes tanta belleza con tan poco. Una obra de arte efímera que no puedes agarrar. “Lo que no sabíamos entonces es que solo era un paso del momento realmente grande que estaba por llegar: la final”, afirma el periodista.

En 2014, cuando la UEFA celebraba su 60 cumpleaños, el tanto del exfutbolista, nacido en la Córdoba de Argentina, fue escogido como unos de los mejores 60 goles marcados entre todas las competiciones del máximo ente del fútbol en el Viejo Continente. La organización europea dio la oportunidad para que las personas pudieran votar sus goles favoritos y la obra de arte de Claudio López quedó entre los 20 primeros.

Nadie se podía imaginar que aquello sería el principio de un camino muy pedregoso, pero lleno de alegría y de momentos imborrables. Tras meterse en la máxima competición europea dejando en la cuneta al Hapoel Haifa en la eliminatoria previa con una camiseta que muchos tirarían a la basura en el partido de vuelta, pero que a mí me fascina, el Valencia llegó a la final de esa edición. El desenlace, un fundido a negro como el de Los Soprano.