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Sans profession déclarée‘, sin profesión declarada, rezaba el documento en el que se detallaba la lista de concejales que habían participado en el pleno municipal. El funcionario del Ayuntamiento quizá no se había percatado de que el concejal Dutruel había tenido durante muchos años una profesión, y de las más complicadas: defender una portería de fútbol. Para entonces, Richard Dutruel ya había colgado los guantes, había vuelto a casa y se había convertido en regidor de deportes de Publier, un pueblecito francés a orillas del lago Leman y a tiro de piedra de su localidad natal, Thonon-Les-Bains.

Atrás quedaban sensaciones de todos los colores bajo un larguero: formado en la cantera del Caen, llegó al PSG, donde vivió a la sombra de Bernard Lama, aunque formando parte de la única -por el momento- plantilla parisina que puede presumir de título europeo, la Recopa de 1996. Lo fichó el Celta ese mismo verano, casi al mismo tiempo que a otro medio francés de nombre casi idéntico, Daniel Dutuel, que venía del Girondins.

En Vigo, Dutruel vivió sus mejores años; tres temporadas en las que fue indiscutible con todos los entrenadores, hasta que con el cambio de siglo trascendió que había llegado a un acuerdo con el Barça, que lo firmaba libre. Víctor Fernández lo apartó del equipo. Fueron seis meses complicados. Los aficionados llegaron a zarandearlo a la salida de Balaídos. “En Vigo me sacrificaron, pero aprendí a ser más fuerte”, explicó cuando fue presentado en el Camp Nou, en julio de 2000. Mal momento: Van Gaal, que había avalado su fichaje, ya no era el entrenador del equipo; Núñez acababa de dimitir y el ‘caso Figo’ estaba a punto de explotar. En nómina aún estaban Hesp, Vítor Baía y Arnau, y en la cantera despuntaba un tal Reina, que junto a Bonano, acabaría adelantándolo en la lucha por el puesto. Fue una de tantas víctimas del interregno azulgrana entre la salida de Zubizarreta y la llegada de Víctor Valdés, tiempos duros para los porteros del Barça.

Dutruel se pasó en blanco el curso 01-02 y pidió la cuenta. Se fue al Alavés, pero tampoco tuvo suerte: acabó bajando a Segunda. Fue su triste epílogo en España. Portero ágil, de buenos reflejos pero con fama de irregular, se retiró en 2005 y trabajó fugazmente en el Evian, pero lo dejó pronto. Cuando sintió la llamada de la política local, no lo dudó: le esperaba el área; el área de deportes de Publier.

 


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Fotografía de Imago.