La Bundesliga es el laboratorio de Europa. Allí se prueban los sistemas menos ortodoxos, más ofensivos y más agresivos de Europa. Prima el fútbol de ataque, el ritmo alto y la presión aun más alta. Las posesiones duran poco tiempo, las transiciones se encadenan y la búsqueda del error rival es constante, pues se entiende que éste es ahora mismo el mejor camino para alcanzar el acierto final.

En todo esto tienen mucho que ver las dos corrientes que han convergido en el fútbol alemán durante la última década. De su fricción, como si de dos placas tectónicas se tratase, ha surgido una generación de entrenadores con sello propio. Adoran la pizarra, pero no para escudarse, sino para agredir a partir de ella. No tienen miedo a probar esquemas diferentes, colocar a seis futbolistas ofensivos en el once o a no tener el control del balón en el partido. Su visión, reforzada por un trabajo científico ya cada vez más asentado en los despachos del fútbol alemán, es diferente a la del resto. Y por eso hay que estar muy atentos a las consecuencias de la misma.

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A día de hoy quizás no haya mejor ejemplo de todo esto que Julian Nagelsmann y el RB Leipzig, y de ahí que su unión sonara tan potente desde el principio.

Desde su irrupción ambos parecen destinados a romper con lo establecido. El entrenador, con tres temporadas de experiencia y sólo 32 años de vida, ha desafiado los convencionalismos imperantes en los banquillos hasta convertirse en una de sus grandes promesas. El club, con diez años de historia y encabezando una estrategia empresarial global, no para de dar pasos hacia delante y ya parece una mera cuestión de tiempo que se le considere uno más entre los grandes de Alemania.

Y, de momento, ambos suman tres victorias en tres partidos.

Y con tres esquemas diferentes, además. El RB Leipzig arrancó la Bundesliga dibujando un 3-4-3, pasó a un 3-5-2 en su segundo partido y cambió al 4-4-2 en el tercero. El equipo lo asimiló con total naturalidad porque lo importante no es la forma, sino el fondo. El conjunto de Nagelsmann quiere correr. Mucho. Y con muchos futbolistas.

Pero no quiere hacerlo de cualquier manera. Sus centrales, mismamente, protagonizan una salida de balón mucho más calmada, lenta y ortodoxa. No obstante los Nordi Mukiele (21), Willi Orban (26), Ibrahima Konaté (20) y Dayot Upamecano (20) se manejan tan bien con la pelota como en los duelos individuales a campo abierto. Con sus pases buscan atraer presiones, forzar un error y, entonces, batir línea para que el resto de futbolistas no vuelvan a dar un pase horizontal en lo que queda de jugada.

 

El conjunto de Nagelsmann quiere correr. Mucho. Y con muchos futbolistas. Pero no quiere hacerlo de cualquier manera

 

Mismamente, los laterales, Marcel Halstenberg (27) y Lukas Klostermann (23), tienen la orden de llegar cuanto más arriba mejor. Y lo hacen a la perfección, como demostraron esta misma semana con la Alemania de Joachim Löw. Sobre todo porque saben cuándo y cómo atacar el espacio que liberan los de fuera. Nagelsmann no quiere que ‘estén’. No busca que creen líneas de pase para asentar al equipo arriba. Él desea que siempre que intervengan en campo rival sea para sorprender. Y matar.

Y lo consiguen. Porque atacan zonas vacías que nadie mira. Zonas que comienzan estando ocupadas por los futbolistas que inician fuera todas las jugadas pero que jamás las terminan acabando allí. Timo Werner (23), Emil Forsberg (27) o Marcel Sabitzer (25) representan tres perfiles diferentes con una cosa en común: en los onces figuran como extremos, pero ni lo son ni juegan así. Sin embargo, por su velocidad, inteligencia y calidad, según el caso, son muy útiles para primero ensanchar el campo y más tarde atacar los pasillos interiores. Esto es algo que está llevando a Werner a su explosión definitiva. Su equipo ataca el 46% del tiempo por la banda derecha, pero Timo, desde la izquierda, lleva cinco goles en tres partidos gracias a los espacios que se crean entre centrales, entre central y lateral o directamente a la espalda de la línea defensiva rival, algo en lo que también Yussuf Poulsen (25) tiene mucho que ver.

Lanzadores, además, no le faltan a los dos. Además del mencionado Forsberg también están Kevin Kampl (28) y Christopher Nkunku (21), dos futbolistas con alma de mediapuntas que aquí, en el RB Leipzig, bien respaldados por Diego Demme (27) actúan como lanzadores desde la base de la jugada. Son dinámicos, se complican poco y además tienen recursos individuales para conducir, batir línea, dividir y soltar. Porque el RB, en cuanto arranca, ya no para.

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Ni Julian Nagelsmann ni el RB Leipzig han llegado para pasar desapercibidos. La plantilla es tan joven que ninguno de los futbolistas que ha jugado en Bundesliga ha atravesado todavía la crisis de los 30. Apenas el portero, Péter Gulácsi (29), la intuye cuando sopla el viento y no se despeina. La calidad de la misma, además, es evidente. Son futbolistas con una mezcla casi perfecta entre físico, técnica y energía. Timo Werner está preparado para ganar los partidos que el equipo no merezca. Y con Nagelsmann la sensación es que estos no serán demasiados.

Así que antes de la primera de las semanas decisivas que va a afrontar el RB este curso, recibiendo al Bayern y visitando al Benfica, no nos queda otra que declarar el estado de optimismo: la Bundesliga ha vuelto a producir un experimento prometedor.