“Quizás estaba llamado a ser un jugador extraordinario en Bilbao, pero, por una cosa o por otra, los caminos muchas veces se tuercen. Pero soy un jugador positivo, de los que siempre buscan el lado bueno de las cosas. Y estoy contentísimo de estar aquí. De poder hacer historia en el Girona, de haber encontrado la estabilidad. El fútbol da muchas vueltas”, afirmaba, recorriendo su particular y hermosa vida futbolística, Jonás Ramalho (Barakaldo, 1993) en estas líneas hace un año y medio, justo antes de que el Girona entrara en barrena y se despidiera de la élite del fútbol español.

El fútbol da muchas vueltas, y puede resultar enormemente cruel, sobre todo en Montilivi, o dibujarte una sonrisa; como hace justo una semana, cuando Ramalho se estrenó a nivel internacional absoluto de la mano de la selección de Angola, del país en el que nació su padre.

“Ha sido una experiencia muy bonita, preciosa. Me la quedaré para siempre. El fútbol te da muchas oportunidades, y la clave está en saber aprovecharlas. Ser internacional a nivel absoluto y jugar competiciones mundiales es algo muy positivo. Es un plus para un jugador y un sueño hecho realidad más para el niño que llevamos dentro. El fútbol me ha apasionado, lo ha sido todo, desde que era un niño. Y estoy muy orgulloso del camino que he ido construyendo, de todo lo que he logrado, tanto de lo bueno como de lo malo, con mi esfuerzo y mi dedicación. He tenido muchos obstáculos en mi carrera, pero mi fuerza mental, mis ganas y el deseo y la pasión con la que siempre he vivido el fútbol me han servido para poder reinventarme, darlo todo cada año y decir aquí estoy yo, arranca ahora Jonás; que fue internacional con las categorías inferiores de la selección española, llegando a proclamarse campeón de la Eurocopa sub-19, en 2011 y en 2012, y subcampeón de la Eurocopa sub-17, en 2010. 

El ‘4’ del Girona, el quinto jugador de la historia del cuadro de Montilivi que ha lucido la camiseta rojiblanca en más ocasiones en el fútbol profesional (178), fue titular en un amistoso frente a Mozambique en el que el conjunto angoleño, que sueña con clasificarse para la Copa África de 2022, celebró una ilusionante victoria (3-0). “Nuestro objetivo principal ahora es clasificarnos para la Copa África. El equipo va ganando calidad y ambición poco a poco, de la mano de un equipo joven, con jugadores con proyección que juegan en Europa. El otro sueño sería poder ir al Mundial de Catar, pero no nos engañamos y sabemos que es muy, muy, complicado”, reconoce el defensa de la selección de Angola, que hasta la fecha solo ha participado en una Copa del Mundo, la de Alemania’06.

 

“En Angola, en África, donde la vida no es tan fácil como aquí, el fútbol sirve para que la gente sonría. Para unir a la gente de una forma espectacular. Para hacer feliz a la gente”

 

“Ir a la selección absoluta española es muy difícil, complicadísimo, casi imposible, porque hay grandísimos defensas, pero, gracias a mi padre, he tenido la suerte y la oportunidad de poder debutar con Angola y de poder comenzar a disputar partidos internacionales”, añade Ramalho, “contento y orgulloso de defender el país de mi padre”.

“Quería jugar con Angola tanto por lo deportivo como por lo familiar. Sabía que a mi padre le haría muy feliz, y hacer feliz a tu padre y verlo orgulloso de que tú defiendas la camiseta de su país es una sensación de felicidad que no se puede explicar con palabras”, asiente el polivalente defensa de Barakaldo, formado en la cantera del Athletic Club, justo antes de afirmar que suscribe, una a una, las palabras de Frederic Kanouté en el prólogo del maravilloso Indomable. Cuadernos del fútbol africano (Panenka, 2019), de Alberto Edjogo-Owono: “Desde la época colonial, muchos recursos naturales han salido de estas tierras hacia Europa; saqueados, expoliados. Yo animo a todos los hijos de la colonización a que le devuelvan algo a África, donde, ante las malas perspectivas de futuro y de desarrollo, el fútbol es hoy una válvula de escape, un modo que ha encontrado la gente de evadirse de sus problemas cotidianos. El fútbol en África tiene un impacto total. Es el mismo deporte en todos los rincones del mundo. Pero aquí tiene otra dimensión. No solo compites para ganar. Compites, también, para hacer feliz a la gente”.

Feliz, Ramalho concluye: “mi padre nació en Angola, en la capital, en Luanda, y cuando tenía 20 años o así, como mucha otra gente, tuvo que salir del país, y despedirse de su tierra, del sitio en el que había crecido, para buscarse la vida porque el país estaba en guerra. Emigró a Portugal, y por circunstancias de la vida acabó llegando a Bilbao. Kanouté dice la verdad. Y yo también quiero devolverle algo al país de mi padre, a la tierra de la que se vio obligado a irse por una guerra. Tanto a mi padre como a toda mi familia por su parte. Les enorgullece mucho, muchísimo, que yo juegue con la selección de Angola. Les hace muy felices. El fútbol, en Angola, en África, sirve para muchas cosas, pero, sobre todo, para esto: para que la gente sonría. Para unir a la gente de una forma espectacular. Para hacer feliz a la gente. En África, donde la vida no es tan fácil como aquí, da vida”.

 


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Fotografías de Imago y cedidas por Jonas Ramalho.