Vencer. Una palabra con la que el Tottenham rara vez se siente cómodo. El equipo londinense me recuerda a esos concursantes de Pasapalabra que siempre se quedan a unos errores de conseguir el bote, con la diferencia de que el programa siempre te da la oportunidad de redimirte al día siguiente. Si hoy no supiste que ‘singar’ significa mover una embarcación con un remo en la popa, probablemente mañana tampoco conozcas a ese autor que comienza por la Z, pero cada día es una nueva ocasión para poder alcanzar el premio final.

A diferencia de los concursos televisivos, el fútbol requiere más tiempo para convertir tus errores en aprendizajes. El Tottenham tardó un año en aplicar la lección que se llevó a casa después de la eliminatoria de octavos contra la Juventus del año pasado -en la que dos goles en un espacio de tres minutos les dejaron fuera de la competición, específicamente en el 64’ y 67’, después de que un gol de Son Heung-Min en la primera parte levantara los ánimos en Wembley-. Tres minutos y una temporada volcada en la clasificación de la Champions después, los londinenses comenzaban un nuevo año sin fichajes y con la construcción de su nuevo estadio atrasada; dos alicientes que no auguraban nada bueno para los de Mauricio Pochettino. En la Premier League empezó con tres victorias consecutivas -Newcastle, Fulham y Manchester United en Old Trafford-, hasta que llegó el que por aquel entonces parecía el equipo revelación de la temporada, el Watford de Javi Gracia.

El mejor momento de la temporada para los ‘Spurs’ fue una racha de cinco victorias en el periodo navideño -Southampton, Leicester, Burnley, Everton y Bournemouth-, que se vio interrumpida por una estrepitosa derrota frente a los Wolves en el último partido del año. En 2019, la forma del equipo en la Premier ha sido tan áspera como las toallas sin suavizante. Mientras que en terreno nacional intentaban aguantar el tirón de tener una plantilla más corta que los episodios de las sitcoms y un estadio al que los aficionados preferían no acudir, en Europa la tragedia se escribía por sí sola. En la primera jornada el incansable Inter le remontó el partido en los últimos cinco minutos del encuentro. La siguiente jornada ya se daba por perdida, puesto que el Barça visitaba Wembley y firmó uno de sus mejores partidos hasta la fecha, incluida una escandalosa exhibición de Messi y Rakitic.

Con dos derrotas en dos encuentros, las esperanzas de avanzar en la Champions League se complicaban para el Tottenham. En la tercera jornada tocaba viajar a Holanda, a Eindhoven, aparentemente la visita más fácil de la fase de grupos. El partido hubiese inspirado al mismísimo William Shakespeare por los niveles de tragedia incrustados en los 90 minutos que duró el encuentro. Después de que Hirving Lozano pusiera a los locales por delante, Lucas Moura empató a los diez minutos. Ya en la segunda parte, Harry Kane marcó el gol decisivo pero la expulsión de Hugo Lloris permitió que el PSV empatara en el 87’. Tras esa lluvia de infortunios, el Tottenham sabía que solo un milagro impediría su prematura salida de la Liga de Campeones. Pochettino dijo en rueda de prensa tras el partido que las opciones para clasificarse estaban “prácticamente acabadas. Con un punto después de tres partidos va a ser muy difícil”.

 

El año pintaba largo y decepcionante para los aficionados: el nuevo estadio se seguía retrasando, la Champions estaba casi acabada antes de lo esperado y en la Premier el equipo no terminaba de arrancar

 

El Tottenham consiguió ganar al PSV en Wembley, remontando en los últimos diez minutos de la mano de un doblete de Harry Kane. Un gol de Eriksen en el 80’ les dio la victoria contra el Inter y así, los ‘Spurs’ viajaban al Camp Nou dependiendo de sí mismos para clasificarse. Empatados a siete puntos con los italianos, todo lo que hiciera el Inter, los ingleses debían replicarlo. El Barça, ya clasificado y con un once que invitaba al rival a hacerse dueño del partido, marcó gracias a la velocidad y calidad de Dembélé, que desestabilizó a la desorganizada defensa del Tottenham. En ese momento el Inter también perdía contra el PSV y los de Pochettino rezaban para que el marcador se mantuviese idéntico durante los 45 minutos finales. Las tornas cambiaron y los italianos, más resilientes que unos vaqueros Levis’, consiguieron empatar el partido.

Todo el trabajo de la temporada anterior parecía haber acabado en solo tres meses. El año pintaba largo y decepcionante para los aficionados: el nuevo estadio se seguía retrasando, la Champions estaba casi acabada antes de lo esperado y en la Premier el equipo no terminaba de arrancar. Además, la corta plantilla preocupaba por las lesiones y por la fatiga que muchos de los pilares del equipo arrastraban del Mundial de Rusia, entre ellos Harry Kane, Dele Alli, Kieran Trippier o Danny Rose. Pero lo bonito del fútbol es que cuando ya nada sorprende, cuando todo está visto, creado y repetido, este deporte sigue regalándonos momentos que todavía maravillan. Un gol de Lucas Moura en el 85’ de partido empataba el partido. Como si de un auténtico milagro se tratase, el Tottenham acabó clasificándose para octavos. Con el partido finalizado, los ‘Spurs’ tuvieron que esperar un par de minutos para confirmar que el marcador se mantenía inmóvil en Holanda. Y fue entonces cuando la locura se desató en la zona habilitada para los ingleses en el Camp Nou. “Tras el 2-2 en Eindhoven nadie creía en nosotros. Todos decían que era una misión imposible. Yo nunca dije que fuera imposible”, aseguró Pochettino tras el partido. Su particular anuncio motivó a una afición y club que se dirigía a Alemania a intentar aprender de su experiencia fallida con la sabia ‘Vecchia Signora’.

La eliminatoria contra el Borussia Dortmund fue un claro ejemplo de lección aprendida: dos partidos en los que los ingleses estuvieron serios y fuertes tanto ofensiva como defensivamente, dejando a los alemanes sin oportunidad y sacando su billete para cuartos, donde les esperaba un conocido y peligroso vecino: el Manchester City de Pep Guardiola, un club que ansía la gloria europea -el único escenario donde su telón había bajado antes de que la obra terminara-. Esperaba el City a un Tottenham que la última vez que había alcanzado los cuartos había sido humillado por el Real Madrid, por allá en 2011. El partido seguía la lógica de ‘mejor malo conocido, que bueno por conocer’, ambos hubiesen preferido un rival que no fuese inglés, pero la ventaja es que los dos conocían los puntos hábiles y débiles del otro. Sabían cómo jugarse, como Tom y Jerry.

Con un 1-0 de ventaja en la ida y un Harry Kane lesionado para el resto de la temporada, el Tottenham se dirigía al Etihad en un partido que ya ha escrito su propia página en los libros de historia de la competición europea. Un 4-3 cargado de emoción y drama, VAR y un tanto anulado por fuera de juego que dejaba a los ‘Citizens’ fuera de la competición a tres minutos de que finalizara el partido. Pochettino y los suyos alcanzaban, en una noche gloriosa europea con la que todo club sueña, una semifinal de Champions League por primera vez en su historia.

 

En la 2018/19 el Tottenham ha perdido 13 partidos; sumando las tres temporadas anteriores, solo cayo en 17 ocasiones. ¿Ha sido la Champions un oasis en el desierto de la Premier?

 

Mientras que la épica europea seguía su cauce, en la Premier League las cosas no han ido como se esperaba. La regresión del Tottenham con respecto a temporadas anteriores se ha hecho notar, pero el bajo nivel de rivales directos como Arsenal, Chelsea o Manchester United les ha permitido tener prácticamente cerrada la plaza para la próxima campaña de la Champions League sin apenas despeinarse. Sin embargo, las cifras son alarmantes: en la 2018/19 el Tottenham ha perdido 13 partidos, mientras que, sumando las tres temporadas anteriores, solo obtuvo 17 en total. La pregunta ahora es, ¿ha sido la Champions un oasis en el desierto de la Premier? ¿Un mantel que cubría el polvo? ¿Si el Tottenham no hubiese llegado tan lejos en Europa, y si el miércoles no consigue llegar a la final, bastaría con clasificarse para la Champions a pesar del mal año y la baja forma del equipo?

Bill Nicholson no solo fue una leyenda ‘spur’, sino que comenzó a escribir la historia europea del Tottenham en los que son, hasta la fecha, sus años más ilustres: ganaron la Recopa de Europa al Atlético de Madrid en 1963 y la Copa de la UEFA en 1972 contra el Wolverhampton. Nicholson no concebía la gloria sin la victoria: “Si no ganas nada, has tenido una mala temporada”, decía. Una visión muy contraria a la de Pochettino, un entrenador que no ha necesitado trofeos para consolidar su proyecto y que nunca ha creído que éstos sean la raíz del éxito.

El palmarés europeo de Bill Nicholson fue prácticamente igualado por otra leyenda, Keith Burkinshaw, que tras una década devolvió al Tottenham al podio europeo en el 84 ganando al Anderlecht en la final de la Copa de la UEFA. Desde entonces las ‘glory, glory nights’, han sido de todo menos gloriosas y la faceta del Tottenham en Europa ha sido de lo más parecida a un conejillo de indias que todavía no sabe cómo actuar en ocasiones tan exigentes. La ida contra el Ajax en el Tottenham Hotspur Stadium fue una de esas noches. A una plaga de bajas importantes -Harry Winks, Kane y Son- se unió la lesión de Jan Vertonghen en la primera parte, sustituido por un Sissoko que consiguió parar la fuga que había provocado el Ajax. El norte de Londres se convirtió en un lugar idílico para los holandeses que, aunque se vieron un poco más amenazados en la segunda parte, no tuvieron complicaciones para llevarse una victoria vital a Ámsterdam.

Aunque no sabemos qué pensarían Bill Nicholson y Keith Burkinshaw de Pochettino, los que tiran el proyecto del argentino por tierra deberán recordar que el último trofeo añadido a la vitrina del Tottenham fue la Copa de la Liga, ganada contra el Chelsea en 2008 por Juande Ramos, uno de los entrenadores con peor prestigio en la historia reciente del club. Este dato explica hasta qué punto no es suficiente ganar cualquier trofeo, sino hacerlo además con un proyecto sólido y memorable que lo sustente. Seguramente Pochettino sea de los entrenadores más recordados, se vaya con o sin pan debajo del brazo. “Es una semana importante y por eso necesitamos pasar página, recuperarnos lo antes posible y estar preparados, pero pase lo que pase, estaré orgulloso”, apuntó el técnico argentino. Es ahora cuando el famoso ‘To Dare is To Do’, el lema que compara el atreverse a hacer las cosas con conseguirlas, debe resonar fuerte si los ‘Spurs’ no quieren que esta temporada se convierta en un simple año transitorio sin pena ni gloria. Todo está en sus manos pero, ¿serán capaces de aguantar la presión de depender de sí mismos ante un Ajax que les dejó sin opciones en Londres y se postula como favorito para la final de Madrid 2019?