Están los futbolistas buenos, los malos, y después están los tuyos. Los que protegerías como si fueran de tu familia. Los que representarías en cualquier juicio. Es igual que aportar a una ONG: no ganas nada pero te vas a dormir mucho mejor. Los apadrinas. Son jugadores de nicho. Defendidos por pocos pero fieles. Lo pequeño es grande en el deporte. Arropar a los proscritos es como subirse a un barco que navega a contracorriente. Las causas perdidas tienen imán en el fútbol. Pasa lo mismo con la pizza con piña o las camisas de manga corta: una aberración para la mayoría, un lujo para pocos que hacen mucho ruido. Amar a según qué futbolista es un pecado que confesarías en la primera reunión de Aficionados Anónimos. Ahí va mi secreto: Hola, me llamo Sergio y amo a Olivier Giroud.

A Giroud lo queremos pocos pero lo queremos mucho. Se le sienta en el banquillo de los acusados por, entre otras cosas, no marcar ni un gol pese a ser el delantero titular en el Mundial que ganó Francia. Algunos vemos en eso el mayor de los méritos. Por ser un ariete al revés, como si el gol no fuera una droga, como si Giroud, cuando cierra los ojos no viera una portería. También por las palabras de Deschamps, que destacó su sacrificio, altruismo y espíritu de lucha. Son elogios infravalorados si tu oficio es marcar goles. Por su sequía otros vieron al mismo Belcebú sobre el césped. En definitiva, era un dato que servía tanto para sus defensores como para sus detractores. Es lo máximo que se le pide al fútbol: que el mismo hecho sea criticable y defendible a la vez. Así son las cosas, tuyas son las conclusiones. Escoge el relato. Elige tu propia aventura.

 

Cuando un jugador entra por los ojos y se instala en el corazón es imposible sacarlo de ahí. Todo lo que hace te parece perfecto

 

La aventura fácil es criticar a Giroud en su juicio. Otros lo defenderíamos, hiciera lo que hiciera, que para eso es uno de los nuestros. Si hasta lleva un tupé, como el de Don Draper, con el que todo está bajo control. Cuando un jugador entra por los ojos y se instala en el corazón es imposible sacarlo de ahí. Todo lo que hace te parece perfecto. Si la baja con el pecho, qué maravilla. Si descarga de primeras, qué claridad en el juego. Es como aquello que escribió Jabois sobre Benzema hace bastantes años: “Los benzemistas empezamos a parecernos a aquellos fieles de Camarón que le gritaban maestro por cómo encendía los cigarros”.

Me gustaría escuchar los argumentos contra Giroud. ¿Que es un tronco? Protesto, Señoría. Pido la prueba del vídeo del Premio Puskas de 2017. Sí, ese en el que él mismo inicia la jugada de tacón y marca con la espuela, como si fuera un vaquero. ¿Y qué ha hecho Giroud en su carrera? Con la venia, Señoría. Podríamos decir que fue el máximo anotador de la Ligue 1 con el Montpellier. Que es el segundo máximo goleador de la selección francesa a cinco goles de Henry. Que marcó más de 100 dianas con el Arsenal. Que anotó once tantos en la Europa League que ganó el Chelsea. Que viene de marcar ante Inter y Nápoles, permitiendo que el Milan dependa de sí mismo para ganar el Scudetto. Que es el primer ‘rossonero’ con el ‘9’ a la espalda desde Inzahi que supera los dobles dígitos. Pero qué más da. Los que defendemos a Giroud no queremos convencer a nadie. Porque lo de Giroud no tiene nada que ver con los fríos números. Lo de Giroud tiene que ver con el amor.

 


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Fotografía de Imago.