11 de junio de 2010. Johannesburgo. 16 de la tarde, hora local. La selección de Sudáfrica se dispone a jugar el partido inaugural del primer Mundial de fútbol disputado en África. Una fecha histórica, no solo para los africanos, sino para todos los amantes del fútbol. Por fin el continente se coloca en la primera línea del panorama futbolístico y, durante al menos un mes, Sudáfrica será el epicentro del espectáculo. Para añadir un romanticismo extra a la cita, el primer gol de la competición es marcado por la selección local, obra de Siphiwe Tshabalala, con un golpeo de balón exquisito que se cuela por la mismísima escuadra. Todos lo recordaréis y llegaréis a la misma conclusión que yo: no hay mejor manera de dar comienzo a tal importante cita.

De este Mundial recordamos de todo: el colorido de las gradas, las vuvuzelas, la alegría de los aficionados, el gol de Iniesta… Y siempre va a permanecer en nuestra memoria, por su belleza, su final y su emoción. Unos sentimientos que bien seguro sintieron de primera mano todos los niños sudafricanos y que nunca van a olvidar. No solo los que lo vivieron en los estadios que repetimos de memoria en nuestras cabezas, sino también los que desde su casa estaban atentos a todos los acontecimientos que sus ídolos protagonizaban. Entre estos ‘Bafana Bafana‘ que durante un mes sintieron que el mundo futbolístico se reducía a los límites de su país, seguro que se encontraba nuestro protagonista de hoy, Percy Tau.

Inicios humildes

Nacido en el amanecer de la nueva democracia sudafricana en 1994, Tau tuvo que convivir en una familia de ocho hermanos, en la ciudad minera de Witbank, provincia de Mpumalanga. Su madre, Elizabeth, tuvo que criar a sus hijos sola desde 1998, después de que su marido muriera. Pero todo cambió cuando en 2014 Percy fichó por el Mamelodi Sundowns. Aunque el camino hasta llegar ahí no fue para nada sencillo. Ya desde bien pequeño, Percy quería jugar a fútbol pero su madre se oponía: “Al principio no quería que jugara al fútbol. No me gustaba el hecho de que volviera tarde a casa”, recordaba el futbolista sudafricano; lo mismo que muchos padres aún piensan cuando tienen que llevar a sus hijos a entrenar. Pero la tozudez del chico, y alguna lágrima de más, hicieron que Elizabeth permitiera a su hijo salir a golpear el balón. “Todo lo que quería era que mis hijos estuvieran en casa por la tarde para hacer las tareas del hogar y cocinar para poder encontrar la comida lista cuando volviera de trabajar”, explica la madre en una entrevista en el Times, antes de apuntar que si no dejaba a Percy ir a jugar a fútbol lloraba de manera desconsolada”. Al final la madre cedió y, años después, la familia Tau recoge los frutos de tan sabia decisión. Gracias al éxito de Percy, su madre y sus hermanos tienen su propia casa.

Creer y persistir

El camino hacia el éxito nunca es fácil. Pero cada uno debe aprender a superar las adversidades y demostrar su valía. Esto es lo que Percy Tau ha hecho durante toda su carrera profesional, vencer las piedras que se iba encontrando en su camino. Con 16 años Percy jugaba en el combinado escolar de Phahama, en Randfontein, un pequeño pueblo en las afueras de Johannesburgo y fue en la Metropolitan Premier Cup donde empezó a destacar. El Mamelodi Sundowns, uno de los equipos punteros en Sudáfrica, se fijó en él y se lo llevó a su segundo equipo dos años después. En sus primeros años en el club hubo dudas de su valía por su baja estatura y su rendimiento. Por ello, lo cedieron al Witbank Spurs, un equipo de su ciudad natal. Fue allí donde Percy empezó a destacar, al estar cerca de su madre y de su familia se desquitó y mostró al Mamelodi su talento.

Tau volvió con hambre de líder y jugador desequilibrante, pues fue en el Witbank donde empezó a mostrar una de sus señas de identidad: una velocidad electrizante, calidad que le hizo ganarse el sobrenombre de ‘León de Judá’. Jugó dos temporadas en el gigante sudafricano donde ganó, entre otros, la Champions League africana en 2016 y fue nombrado mejor jugador de Sudáfrica en 2018.

Ese mismo año decidió dar el salto fuera del continente africano y firmó por el Brighton & Hove Albion. Pero debido a las estrictas reglas de inmigración, Percy Tau no consiguió el permiso de trabajo en el Reino Unido y tuvo que salir cedido al Royale Union Saint-Gilloise belga. Desde entonces, el ‘Bafana Bafana‘ empezó un periplo por tierras belgas que lo llevó a jugar en el Brujas y el Anderlecht, donde comenzó a hacerse un nombre en el viejo continente. Su buena actuación en la primera mitad de aquella temporada a las órdenes de Vincent Kompany en el Anderlecht, y la falta de gol y de creación de peligro de su club propietario, el Brighton, hicieron que Graham Potter decidiera darle finalmente la confianza para jugar en Inglaterra.

Disputó su primer partido oficial con las gaviotas en la cuarta ronda de la FA Cup contra el Newport County entrando desde el banquillo. Tres días después debutó como titular en un partido de la Premier League, contra el Manchester City, en el Etihad Stadium. Dejó boquiabiertos a todos los que no le habían visto jugar previamente; en 68 minutos volvió loca a toda la defensa citizen y en especial al ucraniano Zinchenko, el encargado de cubrirlo. “Hemos visto destellos de su calidad, no era un partido fácil por un delantero, pero poco a poco se está integrando en el sistema del equipo”, declaró Potter en la entrevista postpartido. Con solo un encuentro Tau ya se había ganado el corazón de todos los ‘Seagulls.

Ser tú mismo

Con su potente aceleración y una punta de velocidad única Percy Tau está llamado a destacar en la Premier League, donde algunos futbolistas africanos, como Mané, Salah o Mahrez, ya son considerados estrellas. Pero la clave de su éxito está en no dejar de hacer aquello que lo ha hecho llegar a jugar en Inglaterra. No aparentar, encarar, driblar, correr, asistir, rematar… Cualidades que en Bélgica dejaron maravillada a media liga y que también pudimos ver en la Champions League del año pasado con el Brujas. Un jugador diferente; la mayor ilusión de un país que está dispuesto a volver a soñar. Como lo hizo con Benedict McCarthy, el exjugador del Oporto, entre otros, que llegó a conquistar la preciada Champions. O como cuando Steve Biko luchó por los derechos de los sudafricanos liderando la lucha anti apartheid. Porque los humanos necesitamos referentes, gente en quien poder fijarnos, y Percy Tau, igual que muchas otras figuras sudafricanas, reencarna esta figura de ídolo de masas dispuesto a dar esperanza a la gente que más lo necesita. Porque sin esperanza no somos nadie. 

 


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Fotografía de Getty Images.