“En el fútbol hay cuatro que están contentos todo el año, para todos los demás es un camino de muchos altibajos, así que en los momentos de altitud hay que estar agradecido y contento y orgulloso”, asiente. Pedro Chirivella (Rocafort, Valencia, 1997), incumplida promesa del Liverpool y hoy renacido centrocampista del Nantes, contesta al otro lado del teléfono, antes de enfrentarse al Niza en la final de la Copa de Francia: “Para mí ahí está el problema. En compararse. Si yo tengo que acordarme cada día de que he jugado contra el Arsenal, contra el Everton, etcétera, y estar triste porque luego aquí juego contra un equipo de cuarta división en la copa, me estaré equivocando”.

Chirivella llegó a Liverpool en 2013, procedente del Valencia: “Me apetecía dar un cambio”. Tenía 16 años. El 19 de junio voló a Inglaterra con su familia para ver las instalaciones. El 22 regresó a casa. Y la mañana del 14 de julio volvió a Liverpool, ya para instalarse en la ciudad. Esa misma tarde entrenó por primera vez de ‘red‘. Recita las fechas como si cantara un bingo. También recuerda el 17 de septiembre de 2015: “De ese día no me olvidaré nunca”. Es la fecha de su debut con el primer equipo, de la mano de Brendan Rodgers y en un duelo de Europa League en Burdeos. Saltó al verde en el 27′, en el sitio del lesionado Kolo Touré. Tenía 18 años y tres meses. Prosigue: “Esa noche llegamos a Liverpool súper tarde. Recuerdo que mi padre estaba en casa. Saqué la camiseta del partido, toda mojada de sudor, y la pusimos en la mesa del salón. Estuvimos un rato mirándola y recordando todo lo que habíamos vivido desde los cinco años. Y hablando de que al final habían valido la pena todos los esfuerzos. Fue un momento muy bonito”.

A final de curso, en mayo de 2016, debutó en la Premier League, ya con Jürgen Klopp en Anfield. Fue titular en Swansea (3-1). Fue su primera y última tarde en la Premier. Porque el camino comenzó a complicarse. En la pretemporada del curso 16-17 sufrió una lesión que le obligó a buscar minutos en Holanda, en el modesto Go Ahead Eagles. El cambio fue brutal: pasó de vivir con los Roberto Firmino, Philippe Coutinho, James Milner y compañía a jugar ante 3.975 personas en su segundo partido en Holanda, en el campo del Excelsior. Conoció la derrota, 12 en 17 partidos, pero la cesión fue útil en el plano personal, igual que el préstamo al Willem II del siguiente curso (17-18): en su año y medio en la Eredivisie fue titular en 47 jornadas de 51. De vuelta a Anfield, en verano de 2018 “sufrí un fichaje fallido en el último momento, cuando ya tenía el contrato en la mano para irme, y vi como me quedaba otra vez en el equipo sub-23”. En invierno de 2019 recaló cedido en el Extremadura, entonces en Segunda, con el objetivo de darse a conocer y demostrar su valía. No pudo jugar ni un minuto, porque fue inscrito fuera de plazo, y estuvo medio año sin atarse las botas. En el verano de 2019, con un año más de contrato en Anfield, regresó a Liverpool con la idea clara de salir, pero el club no le dejó.

El 25 de septiembre volvió a sonreír: Klopp le dio minutos en la Copa de la Liga. “Al día siguiente salió que no podía jugar porque mis papeles aún no estaban disponibles por una movida increíble. Y estuve otro mes y medio sin jugar. Mi nombre salió en las noticias, porque podían eliminar al Liverpool por mi culpa”, recuerda. “Ese día llegué a casa y estaba el padre de mi pareja de entonces. Me hundí, le dije: ‘me quiero ir, es que no quiero ni volver a entrenar aquí, quiero irme a mi casa’. No es por dar pena, de verdad, pero quería desaparecer de la ciudad. Sentía que no era para mí. No tenía nada contra nadie, ni ningún problema, simplemente quería salir de ahí y comenzar de cero lo antes posible. Fue el momento más duro”, sigue. El lenguaje le traiciona: repite el momento más duro en situaciones distintas, prueba de que ha habido más de uno.

 

Con 16 o 17 años es muy difícil ver que lo tienes todo y que de repente te pasan por la derecha. Y ahí es donde la fuerza mental tiene que hacer que no te hundas. O maduras rápido o te quedas atrás

 

“Se fueron juntando cosas totalmente ajenas a mí a las que yo no podía poner solución y que, joder, me hacían dudar de muchas cosas. Pensaba: ‘hay algo contra mí, algo que no quiere que sea feliz’. Son momentos que todavía no sé cómo puede llevar tan bien”, añade. Dice que la pasión por el fútbol le permitió seguir. Y que su canción favorita es Magic, de Coldplay: después de todo lo que hemos pasado, ¿aún crees en la magia? Por supuesto que sí. El enésimo temporal amainó. Y ese curso jugó cinco duelos más entre la FA Cup y la Copa de la Liga. En total, disputó once partidos con el Liverpool. “Ojalá haber jugado 200 partidos en Liverpool, pero poca gente puede decir eso”, apunta.

En el verano de 2020 no tenía equipo. Ni mucho futuro. Parecía destinado a ir apagándose progresivamente, como otros antes: de los 46 compañeros que tuvo en sus nueve encuentros con la selección sub-17, apenas cinco juegan en Primera División (Pablo Maffeo, Borja Mayoral, Adama Traoré, Jesús Vallejo y Asier Villalibre). Once juegan en Segunda, siete en Primera RFEF, siete en segunda RFEF, tres en Tercera RFEF, cinco no tienen club y ocho que compiten fuera del país. 19 no tienen imagen en su perfil del portal Transfermarkt, un 41%: “Llegar es muy complicado. Lo más importante es controlar las emociones, cuando estás arriba y, sobre todo, cuando estás abajo. Con 16 o 17 años es muy difícil ver que lo tienes todo y que de repente te pasan por la derecha. Y ahí es donde la fuerza mental tiene que hacer que no te hundas. O maduras rápido o te quedas atrás”.

Ahora, en Nantes, al noroeste de Francia, ha hallado “la estabilidad y la felicidad que necesitaba y aquí el río ha vuelto a su cauce”, dice. La semana pasada renovó hasta 2026. El curso pasado jugó 35 partidos. Y este ya lleva 34, todos como titular, además de tres tantos. Es una pieza insustituible para Antoine Kombouaré, que en sus días como defensa del PSG eliminó al Madrid en los cuartos de final de la Copa de la UEFA 92-93 con un gol de cabeza en el 94′. “Siempre me habla de ese gol”, sonríe el timón de un Nantes sorprendente que ansía reverdecer viejos laureles: el club, de los históricos de Francia, posee ocho ligas, tres copas y tres supercopas, pero ya hace más de 20 años que no gana nada.

La ciudad vive con mucha ilusión por este partido. Salgo al supermercado y lo único que me dicen es que hay que ganar la final”, añade Chirivella. Bajo su apellido luce el ‘5’, como ya hacía en la cantera del Valencia. Lo viste porque su ídolo siempre fue Zinédine Zidane: “Me encantaba. Me impactaba. Sin entender el nivel técnico o táctico, veía que no jugaba como los demás. Y me enamoré de él, de sus controles, de su elegancia y de lo fácil que lo hacía todo”. Un peldaño por debajo estaban Xavi, Iniesta, Busquets y Xabi Alonso. Y, claro, los valencianistas Baraja, Albelda, Silva y compañía. Desde Nantes, sigue sufriendo con el Valencia, su equipo desde pequeño, y sueña con ganar la Copa de Francia, mientras su precio en Transfermarkt sigue creciendo. “Yo no pienso mucho en ello, pero un amigo está pendiente y me va informando de las actualizaciones. Al final nosotros poco podemos hacer con esos seis millones”, ríe.

 


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Fotografía de Imago.