Conocer a un hombre y saber lo que tiene en la cabeza son asuntos distintos

Ernest Hemingway

 

Prejuicios. A veces aciertas. Otras, la cagas. A todos nos ha pasado. Conocer a alguien y, de primeras, pensar que ni en mil vidas podríamos congeniar con aquella persona, pero acabar siendo uña y carne. O a la inversa, como les ocurrió a Benfica y Sporting de Portugal a inicios del siglo pasado. Se llevaban bien, muy bien. Había respeto entre clubes. Complicidad. Y podríamos decir que hasta también algo de amistad. O al menos eso dejaba entrever el periodista portugués Afonso de Melo, autor del libro 100 años. Benfica-Sporting, Sporting-Benfica. Peor que enemigos, fueron amigos, cuando destacaba que los primeros dirigentes de las hoy entidades lisboetas deportivas más potentes “pertenecían al mismo lugar e, incluso, algunos de ellos eran amigos”.

Aquello acabó bien rápido. El buenrollismo de los primeros días se esfumó rápido para dar paso a la hostilidad. En poco más de un año, el entonces Sport Lisboa -hoy Benfica- vio nacer a su nuevo vecino a mediados de 1906, se hizo amigo de él y, tras un movimiento inesperado, dejó atrás el colegueo para arrancar una enemistad deportiva sin vuelta atrás.

En aquellos tiempos, el fútbol portugués aún no había creado ni la liga nacional ni la Taça, por lo que los clubes del país se repartían por diferentes competiciones regionales. En la capital, por ejemplo, se disputaba el Campeonato de Lisboa, en el que estaban encuadrados el Benfica y el Sporting de Portugal, y donde en los primeros años un club ya extinguido, el Carcavelos, dominaba por encima de todos con autoridad, arrasando en los tres primeros torneos. En el primero de ellos, en la 1906-07, el Sporting aún no había comparecido, pues se fundó poco después de que la competición terminase. La segunda edición ya contaría con los ‘Leones’ y sería el contexto en el que Benfica y Sporting se verían las caras por primera vez en su vida, el comienzo del Derby da Capital.

El 1 de diciembre de 1907, en la tercera fecha del campeonato, estaba programado el duelo entre Benfica y Sporting, en el Campo da Feiteira. Y lo que en teoría debía ser un partido más, se convirtió en un choque con cierto morbo por lo ocurrido días antes en los despachos. En aquella época, el Benfica sufría diversos problemas económicos, y la estabilidad del club se tambaleaba. Una situación totalmente contraria a la que se vivía en el Sporting, pues contaban con la suerte de que el fundador José Alvalade era nieto del vizconde de Alvalade. Así que apuros, pocos. Es más, viendo las penurias por las que pasaban sus vecinos, aprovecharon su débil posición para que algunos de sus jugadores dejaran de volar como águilas y empezaran a rugir como leones. De un zarpazo, ocho futbolistas del Benfica pasaron de vestir de rojo y blanco a hacerlo de verdiblanco. José da Cruz Viegas, Emilio de Carvalho, Albano dos Santos, Antonio Couto, Daniel Queiroz dos Santos, Henrique Costa y los hermanos Rosa Rodrigues, Cândido y Antonio, dejaron el Benfica para enrolarse en las filas del Sporting. Ahí, en ese instante, en esa maniobra, nació la rivalidad irreconciliable.

El primer encuentro entre los dos clubes ya casi fue lo de menos. La herida ya estaba abierta. Aunque para más inri, para que el movimiento escociera todavía más si cabe en el lado aguileño de la ciudad, uno de los goles que le dio la victoria (1-2) al Sporting de Portugal lo marcó el exbenfiquista Cândido Rosa Rodrigues. Y a partir de entonces, Benfica y Sporting nunca más volvieron a ser amigos.

 


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Fotografía de Getty Images.