RULE BRITANNIA

Si no fuera por la incomparecencia de la selección escocesa, sumida en una larga crisis y una tediosa reconstrucción, el Reino Unido podría presumir de pleno en la Eurocopa que acogerá Francia este verano. De todos modos, la representación de las home nations a las órdenes de Su Majestad será la mayor de la historia de la competición, con las bolas de Inglaterra, Irlanda del Norte y Gales en los bombos del sorteo. Para completar el cuadro, el miembro independiente de la región, la República de Irlanda, también tomará parte en la competición después de conseguir el pase en la repesca. De todos modos, el único duelo de habla inglesa que nos podría deparar la primera fase es un Inglaterra (bombo A) contra cualquiera de los demás (bombo D), por lo que va a ser imposible, hasta los cuartos de final, ver, por ejemplo, a toda Irlanda representada en un solo partido. Un Irlanda-Irlanda del Norte, que solo se ha visto en fases de clasificación y amistosos -el último, en mayo de 2011, acabó en 5 a 0 para la República.

De las 102 ocasiones en las que los ingleses se han enfrentado a los galeses, y de las 60 en las que lo han hecho ante los norirlandeses, nunca ha sido en la fase final de una gran competición

Inglaterra, el macho alfa de Britannia y alrededores en lo futbolístico y en lo político, sería el favorito en cualquiera de estos duelos entre primos hermanos. De producirse, asistiríamos a una situación inédita: de las 102 ocasiones en las que los ingleses se han enfrentado a los galeses, y de las 60 en las que lo han hecho ante los norirlandeses, nunca ha sido en la fase final de una gran competición. Solo una vez se ha producido un ‘derbi’ en un Mundial o una Eurocopa. Tuvo que ser en Wembley, en la Eurocopa de Inglaterra ’96  y con un clásico guión British, el de los escoceses buscando el asalto de Londres. Al final, el fútbol se volvió a parecer a la historia: los escoceses no tuvieron suerte -Seaman le paró un penalti a Gary McAllister con el codo- y, acto seguido, un inglés maravilló a Europa. Seguro que os acordáis de ese sombrero de Paul Gascoigne que puso el 0-2 final.

RUSIA VS. TURQUÍA, UCRANIA Y POLONIA: FUEGO Y HIELO

El pasado 24 de noviembre, Turquía derribó un avión de combate ruso alegando que éste había violado su espacio aéreo. Un acto de guerra, según la óptica rusa, que de haber tenido una “respuesta simétrica”en palabras del primer ministro Dimitri Medvedev-, habría llevado a Moscú a declarar la guerra al país otomano. En el contexto del apoyo de Rusia al gobierno de Siria y al presidente al-Assad -intervención en defensa de unos intereses que chocan con los de Turquía y el resto de la OTAN-, las relaciones ya heladas entre turcos y rusos, dos estados con más de una decena de guerras entre sí a sus espaldas, se recalentaron más allá de los límites recomendados y corren riesgo de explotar. Con estos ingredientes sobre la mesa, será imposible evitar que un hipotético cruce de sus selecciones en Francia no tenga una lectura geopolítica. Podríamos verlo en la fase de grupos.

El de Turquía es hoy por hoy el cruce más caliente que se podrían encontrar los rusos en la Eurocopa. Pero hay otros enfrentamientos futbolísticos protagonizados por Rusia en los que podrían saltar chispas. ¿Se volverá a cruzar con Polonia, como ocurrió en 2012? Si sucede, la UEFA, tan preocupada por evitar que fútbol y política se entrelacen, seguro que pondrá interés en que no se repitan algunas de las escenas que precedieron al choque de la pasada Euro. Aquel encuentro de fase de grupos disputado en Varsovia, que registró un tímido 1-1 en el marcador, será recordado por los enfrentamientos entre radicales de las dos aficiones en las calles –varios heridos y 183 detenidos- y por la enorme pancarta que desplegaron los hinchas rusos en los graderíos del estadio nacional de la capital polaca con un lema tan agresivo como revelador -“This is Russia [Esto es Rusia]“-, que remite a los tiempos en los que parte de la actual Polonia formaba parte del imperio ruso, con Varsovia como capital.

Si la pelea ruso-turca centellea por la actualidad de los acontecimientos y la rivalidad con Polonia está tan encallado en la memoria de los tiempos que solo sale a relucir cuando ambas banderas se cruzan, el tercer rival delicado con el que se podría encontrar Rusia está a medio camino entre esa fogosidad del día a día y el enquistamiento irremediable. Se trata de Ucrania, que desde mediados de 2014 vive una guerra en el este de su geografía, con un bando, el pro-ruso, apoyado por Moscú. Desde que estalló el conflicto, la UEFA ha evitado sistemáticamente los cruces entre equipos ucranianos y rusos en las competiciones europeas, y así lo seguirá haciendo hasta que sea inevitable -en una hipotética final. El coeficiente ha querido que estos vecinos coincidan en el mismo bombo, el B. Si acceden ambos a cuartos de final, el máximo organismo del fútbol continental podría tener ante sus narices el partido lleva meses queriendo evitar.

ALEMANIA CONTRA MEDIA EUROPA

Dos guerras mundiales le valieron a Alemania la enemistad generalizada del continente. Raro es el país europeo en el que la memoria colectiva no asocia a los germanos con ocupaciones, genocidios, deportaciones y demás salvajadas del siglo XX. El fútbol, ya se sabe, sirve de caja de resonancia de las pulsiones sociales. Así que esos recelos antigermanos no tardaron en llegar a los estadios. A pesar de las siete décadas transcurridas desde la derrota del nazismo, los encuentros de la Mannschaft siguen rodeados en algunos países de la evocación -a menudo inflamada por los medios sensacionalistas- de los desmanes de la guerra. Del reguero de agraviados por el militarismo teutón se derivan dos rivalidades especialmente calientes: con Holanda y con Inglaterra.

La pobrísima fase de clasificación de los de Blind nos hurtará cualquier posibilidad de reeditar la primera (de la que Simon Kuper ya nos habló en el #Panenka20). En cambio, la segunda sí podría sumar un nuevo capítulo en el largo historial de enfrentamientos anglo-germanos. Después de su ultimo choque antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial (en 1938, en el que los jugadores ingleses accedieron a saludar al público del Olímpico de Berlín a la manera nazi), Inglaterra y Alemania optaron por no verse las caras sobre el césped durante tres lustros. Curiosamente -en un fenómeno que también se dio en Holanda-, la generación que vivió la guerra no dotó a esos primeros enfrentamientos de matices políticos; serían sus hijos y nietos los que se encargarían de electrizar los partidos entre ambas selecciones.
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A pesar de las siete décadas transcurridas desde la derrota del nazismo, los encuentros de la Mannschaft siguen rodeados en algunos países de la evocación –a menudo inflamada por los medios sensacionalistas- de los desmanes de la guerra

Así, la polémica victoria inglesa del Mundial’66 ante la RFA ya alumbró un cántico, Two World Wars and One World Cup, que ha llegado hasta nuestros días. En 1996, ambas naciones se cruzaron de nuevo en Wembley, en las semifinales de la Eurocopa. Entonces fue la prensa amarilla la que se encargó de azuzar a las masas: Achtung! Surrender, Fritz!, tituló en portada el Daily Mirror. Finalmente vencieron los alemanes desde el punto de penalti, como ya había sucedido en las semis de Italia’90. Los germanos también vencieron en el partido de despedida al viejo Wembley, en el año 2000. El 0-1, obra de Dietmar Hamann, empujó a buena parte de los aficionados a cantar Stand up if you won the war (levántate si ganaste la guerra).

Los últimos coletazos de esta rivalidad se vivieron durante el Mundial de 2006 en Alemania. En las calles de Colonia y Stuttgart, miles de aficionados ingleses desempolvaron una vieja melodía patriótica enseñada en las escuelas durante la Segunda Guerra Mundial, Ten German bombers, en la que se narra como la fuerza aérea británica derriba uno tras otro diez aviones alemanes. La federación inglesa trató de evitar estas alusiones bélicas y tanto el entonces seleccionador Sven Goran Eriksson como algunos internacionales (Beckham, Owen, Rooney) participaron en una campaña de disuasión dirigida a sus hinchas… sin demasiado éxito.

ESPAÑA CONTRA RUMANÍA: DUELO DEMOGRÁFICO

En este caso no hablamos de conflictos, sino de todo lo contrario. La palabra es convivencia. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (2014), los rumanos son ya la nacionalidad extranjera con más presencia en España. Con los actuales campeones de Europa en el bombo A y el combinado rumano en el C, se hace posible un encuentro que dividiría los corazones en muchos barrios de nuestra geografía. Un bonito encuentro que no se produce en una Eurocopa desde 1996. Aquel día, los goles de Manjarín y Amor contrarrestaron el tanto de un rumano que llevaba dos años viviendo en Barcelona, el espanyolista Florin Raducioiu.

florinEn su llegada a Sarrià, en el verano de 1994, Florin no encontró en su nuevo hogar demasiados compatriotas. Aquel año, no eran más de 600 los nacidos en Rumanía que residían en nuestro país. Solo apellidos como Hagi o Stelea se colaban en el imaginario colectivo como representantes de esa república excomunista que aún nos sonaba remota, pero que muy pronto penetraría con fuerza en nuestra realidad cotidiana. Una década y media después la llegada de Raducioiu, en 2008, a esa cifra de 600 rumanos se le añadían unos cuantos ceros: ya eran 600.000. Hoy podemos hablar de alrededor de 900.000.

La última vez que la selección española y Rumanía se enfrentaron, fue en un amistoso, en noviembre de 2006, en Cádiz. Los visitantes dieron la sorpresa (0-1) con un gol de un futbolista que un tiempo después también se dejaría ver en la liga española, Ciprian Marica. Haya o no duelo hispano-rumano en la cita francesa de este verano, tenemos asegurado otro amistoso en los próximos meses: el 27 de marzo, esta vez en tierras rumanas. El ganador romperá la igualdad en el historial de partidos entre los dos conjuntos, que hoy cuenta con cinco victorias para cada uno y cinco empates en 15 enfrentamientos.

*Textos de Aitor Lagunas y Carlos Martín Rio