Dave Hopper suena cansado al otro lado de la línea telefónica. Nacido hace seis décadas en la mugrienta Wearmouth Colliery, una de las muchas minas abiertas en Sunderland para que generaciones de trabajadores alimentaran con carbón la revolución industrial, hoy pasa sus días entre la sede de la Durhams’ Minner Association y el estadio de fútbol. Hopper simboliza a la perfección el hilo emocional que en aquella ciudad del norte de Inglaterra cose la minería al balompié: “el Stadium of Light fue construido en 1997 en el mismo lugar que ocupaba la Wearmouth Colliery. De hecho, se llama así en honor a las lámparas que portaban los mineros en la oscuridad de las galerías”, explica.

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Estatua en memoria de los mineros a la entrada del estadio del Sunderland

Hopper suena cansando, entre otras cosas, porque estos días se ha convertido en el portavoz de buena parte de la afición local, consternada por el fichaje de Paolo di Canio, entrenador italiano y reconocido fascista. “Sabemos que en una situación parecida la afición del Celta de Vigo consiguió evitar el nombramiento de Salva Ballesta como segundo entrenador. Nosotros esperaremos a hablar con el club para iniciar nuevas medidas de presión”, argumenta a Panenka.org. De momento, el sindicato de mineros que él encabeza amenazó con retirar la pancarta de apoyo al equipo que preside cada partido desde 1997, tras la inauguración del nuevo estadio. “Esta tarde haremos público que, de momento, la mantendremos en la grada dadas las últimas palabras del señor Di Canio: otra cosa es que nos las creamos”, ironiza.

Tras una mala racha que se alarga ya a nueve encuentros sin conocer la victoria, la directiva del Sunderland relevó la última semana a Martin O’Neill al frente del equipo para tratar de revertir una tendencia con aroma a descenso. Sin embargo, nadie esperaba que tras O’Neill (norirlandés de reconocida simpatía por la causa republicana) el encargado de enderezar el rumbo de los ‘Black Cats’ fuese este romano que en el pasado elogió a Benito Mussolini, celebró los goles en la Lazio con el saludo fascista y se tatuó en el brazo la palabra DUX. Su historial despertó los recelos de una ciudad “muy comprometida en la lucha obrera”, subraya Hopper. Es su primera rueda de prensa al frente del equipo, Di Canio tuvo que enfrentar más preguntas sobre su ideología política que acerca de su propuesta táctica: “soy apolítico, no soy afiliado a ninguna organización, no soy racista y no apoyo la ideología del fascismo”, reculó entonces.

El sindicato de Dave Hopper ha decidido aceptar el repentino alejamiento de Di Canio con respecto a la extrema derecha. “A Mister Di Canio le otorgamos el beneficio de la duda, pero al club le plantearemos iniciar una campaña en contra del fascismo”, anuncia el sindicalista. En cambio, otros líderes locales no han tenido tanta paciencia con el italiano. El antiguo secretario de Estado británico David Miliband, del Partido Laborista, renunció inmediatamente a su puesto en la junta directiva del Sunderland. “Los padres de Miliband eran marxistas judíos que huyeron del Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial”, argumenta Hopper.

“A mister Di Canio le otorgamos el beneficio de la duda, pero al club le plantearemos iniciar una campaña en contra del fascismo”, anuncia el sindicalista Dave Hopper

Como el influyente deán de la catedral de Durham, Michael Sadgrove, también descendiente de perseguidos por el fascismo: “tuviste la ocasión de alejarte claramente de esas tendencias que tanto daño han hecho”, formula Sadgrove en una carta abierta a Di Canio. “No me sirve que te escudes en querer únicamente hablar de fútbol, puesto que el deporte de elite es una actividad profundamente política: no aceptar esa realidad parece bastante ingenuo”.

Al margen de su posición ideológica, Dave Hopper duda que Di Canio consiga la salvación de los ‘Black Cats’. “Traerá más problemas que soluciones”, vaticina este veterano de las huelgas mineras contra Margaret Thatcher y de los partidos de Championship rebozados en fish and chips. Empatado a puntos con el Wigan, al Sunderland le quedan por delante seis batallas para esquivar el descenso. La próxima, en Newcastle, constituye el clásico de la región del Tyne, “una zona de la que salieron muchos mineros para apoyar a la República durante la Guerra Civil española”, evoca Hopper. Un detalle más que quizás Paolo Di Canio debería haber conocido antes de arriesgarse a debutar como entrenador de la Premier League en uno de los rincones más izquierdistas del Reino Unido.