Brasil siempre ha sido un lugar donde el fútbol es equiparable a la religión. Pero no siempre pensaron que las mujeres pudiesen formar parte de él. En la década de los 90, una niña se empeñó en entrar en el fútbol, un mundo que solamente pertenecía a los hombres. Por desgracia, en una pequeña población como Dois Riachos los prejuicios no les permitían aceptar que ella jugase igual – e incluso mejor- que los demás niños. “Ella no es normal”, “es extraño que una chica esté jugando” o “¿por qué le dejas hacer eso?”, le repetían constantemente a su madre. Sus hermanos también se avergonzaban de ella. Los estereotipos aún estaban muy presentes y no estaban dispuestos a aprobar que fuese una mujer quien hiciese los desbordes y regates. ¿Cómo podía una niña ser más habilidosa que un niño? ¿Por qué corría más que ellos? Pero los desprecios de sus vecinos no provocaron que se rindiese. Y aquella perseverancia tuvo un resultado. Esa niña incomprendida es Marta Vieira, más conocida como ‘O rainha’ Marta, la mejor futbolista del mundo.

Su vida no fue fácil viviendo en uno de los estados más pobres de Brasil. Los obstáculos llegaron demasiado pronto. Tan sólo unos meses después de su nacimiento, sus padres se separaron. Su madre tuvo que cuidar sola a cuatro hijos. Marta se crió en una favela, y como consecuencia de las carencias económicas, no pudo acceder a la escuela hasta los nueve años. Pero su cabezonería no se reducía simplemente al fútbol, su insistencia por aprender se evidenció en todos los sentidos: “Tomaba los periódicos, los libros y los cómics de niños de la Pandilla de Monica -una historieta infantil muy popular en Brasil- e intentaba leer y escribir sola y cuando fui a la escuela estaba un poco adelantada: ya sabía escribir mi nombre, sabía leer mucho mejor”, escribió en The Players Tribune.

Durante toda su infancia siempre estuvo acompañada de una pelota. Eso sí, siempre era la única niña jugando con los demás y ni su propia familia pretendía aceptarlo: “Cuando me veían jugando al fútbol con los niños, mis hermanos mayores venían, corrían detrás de mí para llevarme a casa y yo salía corriendo. La mayoría de veces no conseguían alcanzarme porque era más rápida”, comentaba en la BBC. Sin embargo, siempre creyó en ella misma. Y con el ejemplo de su madre pudo darse cuenta del poder que tenía la mujer. Rendirse jamás fue una opción: “Nunca desistí porque me di cuenta de que era una forma de progresar en la vida y ayudar a mi familia económicamente y de una cierta manera revertir ese papel de la mujer”. A lo largo de aquellos años jugó en muchas ocasiones en distintos campeonatos. En uno de ellos, un ojeador se fijó en ella por su rapidez, técnica y precisión en los pases. Y le dio la oportunidad de jugar en un equipo profesional de fútbol femenino de Rio: el Vasco da Gama. Ella aceptó sin pensárselo dos veces. Por primera vez, Marta Vieira podría disfrutar de lo que más le gustaba al lado de otras niñas. Cogió un autobús para recorrer 2.000 kilómetros. A inicios de los 2000, y en Alagoas, aquello significaba tres días completos de viaje. Fueron 72 horas abarrotadas de miedos e ilusiones. Una nueva etapa comenzaba. Y pronto se dio cuenta de que debería esforzarse mucho para conseguir su sueño. “Cuando llegué a Río noté la diferencia de la cultura, las personas y las chicas del equipo que estaban mucho más preparadas que yo, y trataba de quedarme el máximo tiempo posible en el campo para tratar de entenderlo todo”, confió en la televisión británica.

Suecia no fue una etapa más

Marta Vieira tenía solamente 17 años cuando fue convocada por primera vez para jugar en la selección brasileña. Pocos meses después disputó en Estados Unidos su primer Mundial. En 2004, en los Juegos Olímpicos de Atenas, recibió su primera plata olímpica. Pero la vida le dio otro revés, el Vasco de Gama desaparecía y Marta, se veía obligada a buscar nuevos retos. Aunque esta situación podría parecer negativa en un principio acabó desembocando en la decisión más acertada de su vida. En busca de nuevas ligas y clubes fichó por el Umea, un equipo de la liga sueca (Damallvenskan), una de las que otorgan mayor igualdad en el deporte, donde hay mejores condiciones para las jugadoras, una situación muy distinta a la que vivió en Brasil: “El motivo principal por el que vine fueron las dificultades que tenía en mi país. Allí no podía entrenar todos los días, solo tenía tres entrenamientos por semana. Y recibía una ayuda escasa, que apenas me llegaba para sobrevivir”. Asimismo, también pretendía darse a conocer en toda Europa. “Quería tener la oportunidad de crecer como deportista y como persona y ayudar a mi familia”.

En 2007 disputó el Mundial de China. Quedaron en segunda posición. Fue la máxima goleadora y también escogida como la mejor jugadora. En Suecia vivió cuatro grandes temporadas. En 2004 y 2005 ya figuró en el top-3 de las mejores futbolistas del mundo. Allí empezó a reconocerse a Marta como una delantera de referencia mundial. Marcó 111 goles en 103 partidos. Fue cuatro veces la máxima goleadora de la liga y dos veces la mejor delantera. Ha sido la primera (y única) mujer en disputar un partido benéfico junto a otros jugadores. Ganó una Champions y cuatro campeonatos de liga. En 2008, volvió a ser medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Pekín. Y en sus últimos tres años en la liga sueca, recibió -de manera consecutiva- el premio a la mejor jugadora del mundo en 2006, 2007 y 2008.

Un nuevo reto en la WPS

A pesar del gran momento que vivió en Suecia, Marta cambió su rumbo para vivir la experiencia de jugar en la otra gran liga del fútbol femenino, la WPS, en Estados Unidos, ahora conocida como la NWSL. En 2009, fichó por Los Ángeles Sol. Este fichaje fue completamente distinto al anterior. Ya no era aquella niña de 17 años que necesitaba darse a conocer. Marta Vieira llegó a Los Ángeles tras tres años consecutivos siendo escogida como la mejor jugadora del mundo. De hecho, su presentación la realizó Kobe Bryant. “Hay que verla jugar para comprender la pasión, energía, y el gran amor que tiene por el deporte, así como la creatividad que la hace ser diferente. No tengo ninguna duda de que voy a estar pegado a la televisión para verla en acción. Estoy muy contento de que haya fichado por Los Ángeles Sol y pueda estar jugando en Estados Unidos y en mi ciudad. Hemos logrado a la gran estrella del fútbol mundial femenino”, declaró el jugador de baloncesto durante la presentación. En los Ángeles Sol estuvo una temporada, volvió a ser galardonada con el cuarto Balón de Oro. La hegemonía de Marta como mejor jugadora del mundo continuaba en Estados Unidos. Además, aquella temporada también fue la MVP de la WPS y fue escogida mejor jugadora de la liga estadounidense.

 

Marta Vieira es la única futbolista que ha conseguido seis trofeos como mejor jugadora del mundo. No, Messi y Cristiano tampoco lo han conseguido nunca

 

Durante el verano, vivió una corta etapa en su país natal, Brasil. Aprovechando el descanso de la WPS quiso vivir la aventura de vivir durante unos meses el campeonato de su país. Aquella niña que se había marchado con 14 años buscando la oportunidad de vivir del fútbol, volvía siendo la heroína después de cuatro años consecutivos siendo nombrada la mejor jugadora del planeta. Allí, en el Santos, fue cuando comenzaron a apodarle ‘la rainha‘ Marta o ‘la Pelé con falda’, precisamente porque fue a parar al mismo equipo donde ya había jugado ‘O rei‘ Pelé. Ellos dos son los mejores jugadores de la historia de Brasil y poseen un estilo muy parecido. Los constantes regates de Marta y su tendencia al desborde evocaban al tres veces campeón del mundo. Se llevó la Copa Libertadores y la Copa de Brasil en esta efímera etapa en su país. Fue también la máxima goleadora del Sudamericano femenino.

Volvió a Estados Unidos cuando comenzó la WPS. En esta ocasión, al Gold Pride. Fue otra gran temporada para Marta Vieira. También en el terreno personal. Fue nombrada por la ONU Embajadora de Buena Voluntad para mujeres y niñas en el deporte con el objetivo de apoyar la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. Su función es animar a las niñas a no aceptar los cánones impuestos y a superar las barreras de la sociedad para conseguir sus sueños. Igual que hizo ella cuando era pequeña: “Estoy totalmente comprometida a trabajar para asegurar que las mujeres y niñas de todo el mundo tengan las mismas oportunidades que los hombres y niños para desarrollar su potencial y sé que, a partir de mi experiencia de vida, el deporte es una herramienta fantástica para el empoderamiento”, explicaba la jugadora. Aquel año ganaron la WPS. E individualmente, fue, de nuevo, escogida como la mejor jugadora del mundo por quinta vez consecutiva. Algo que jamás se había logrado en la historia. Tampoco en la categoría masculina. Y Marta lo había conseguido durante cinco años seguidos. También volvió a ganar la Bota de Oro y fue, otra vez, nombrada MVP de la WPS. Pero, a pesar de ser las campeonas de la anterior temporada, las dificultades económicas por las que atravesaba el club les obligó a retirarse de la liga. Y así fue como Marta Vieira se quedó sin equipo. La fichó el Wester New York Flash, con el que ganó la liga. Fueron cuatro años en Estados Unidos, pero el destino volvía a redirigirla hacia la Damallasvenskan.

Vuelta a la liga sueca

Marta Vieira volvió a Suecia, un país al que siempre se ha sentido como en casa. Fichó por el Tyreso. Un equipo que en cuatro años se remodeló, contrató a más de 40 jugadoras, entre ellas, estrellas como la brasileña o la española Vero Boquete. Allí estuvo tres temporadas, donde Marta adquirió cada vez más madurez y relevancia en su puesto. Por primera vez en la historia del club, lograron ganar la liga. Otro de los grandes retos fue jugar la final de la Champions League. Pero los problemas económicos pesaban demasiado, y como consecuencia, el equipo tuvo que descender. Otra vez, era el momento de buscar nuevo equipo.“He recibido varias ofertas de Europa y de los Estados Unidos, pero todavía tengo hambre de títulos, especialmente la Liga de Campeones. Veo un gran potencial en el Rosengard, un equipo fuerte, y voy a hacer todo lo posible para que se convierta en el mejor de Europa”, explicó durante la rueda de prensa de presentación en el club. Así fue como Malmö se convertiría en su nuevo hogar. Pasó tres años en el club, y días después de ser eliminadas de los cuartos y ver truncado su sueño de la Champions, abandonó Europa para poner rumbo, otra vez, hacia Estados Unidos.

Fichó por el Orlando Pride, del que actualmente sigue siendo jugadora. En 2018, volvió a ganar el premio a la mejor futbolista del mundo, esta vez, con la denominación del The Best. Todos se rinden a sus pies. Pero su trayectoria y sus 16 años como profesional no son para menos. Es la única que ha conseguido seis trofeos como mejor jugadora del mundo. No, Messi y Cristiano tampoco lo han conseguido nunca. Ha sido la primera mujer en tener un espacio en la Calzada de La Fama del Museo del Maracaná. En Brasil, Marta es una heroína. Y esto no es casualidad. Dejando de lado los títulos y trofeos individuales, es la máxima goleadora de la selección, superando los 95 tantos de Pelé. Y es la única futbolista que ha disputado cinco Mundiales; sólo Antonio Carbajal, Matthaüs, Buffon y Rafa Márquez lo han logrado. Pero ella ha sido la primera mujer. Y entre tantos elogios, no hay ninguno mejor que las palabras que le brindó  Sissi, una de las mejores futbolistas del siglo XX. Es una excentrocampista brasileña con la que comparte su paso por el Gold Pride estadounidense: “Su habilidad técnica y explosividad están fuera de toda comparación. Cada uno nace con un don y el suyo se veía desde el principio”. Un principio que no fue nada fácil.