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Volver a dar miedo no se consigue a cualquier precio. Literalmente. Asustar es todo un arte, aunque jamás sale barato. Y sí, este Chelsea vuelve a asustar a sus contrincantes después de unos cursos un tanto inofensivos. Ni la pandemia ni la crisis económica derivada de ella han impedido a los ‘Blues’ ser los principales agitadores del atípico mercado veraniego de este año. Las grandes portadas dedicadas a los fichajes estas últimas semanas tenían a Stamford Bridge como telón de fondo. ‘¡Caramba, se ha puesto las pilas el bueno de Román Abramóvich’, dirán ustedes. Sí, él es quien pone el dinero de su bolsillo. Sin embargo, no es el magnate ruso quien maneja a su equipo, sino que lo es su mano derecha. Una figura que lleva ya unos años moviendo los hilos, aunque ha sido ahora cuando se ha reivindicado como la pieza más relevante de la entidad. La verdadera artífice de este nuevo Chelsea no es otra que Marina Granovskaia. Según la prestigiosa revista Forbes, la quinta mujer más poderosa en el mundo del deporte en 2018. Quizás, la que lo es más en el fútbol. 

El club londinense ha fichado mucho, bien y ‘económico’. No hace demasiado, se conocía al equipo de Abramóvich por contratar caro y malvender a sus descartes. No ha sido el caso este verano. Kai Havertz, la estrella del Bayer Leverkusen, ha aterrizado a Inglaterra a cambio de 80 millones de euros. Un buen negocio teniendo en cuenta que el club teutón pretendía, al inicio, recibir casi 100 millones. Más barata ha salido la incorporación de Timo Werner a la plantilla de Lampard; el Red Bull Leipzig partía con la ventaja de 65 millones de euros de cláusula de rescisión, pero el Chelsea ha conseguido llevarse al crack alemán ‘solo’ por 53. Ambos ya se vistieron de corto en el primer partido liguero ante el Brighton, con Wegner luciendo galones. Sin embargo, lo de Ben Chilwell sí que ha resultado ser una ganga. El Leicester cifraba a su joven lateral zurdo en 80 millones de euros; ha acabado llegando a Stamford Bridge por 50, casi la mitad. Asimismo, que la incorporación de un futbolista de muchos quilates como Hakim Ziyech a cambio de 40 millones haya pasado algo más desapercibida pone de manifiesto la matrícula de honor en los despachos estas últimas semanas. Y por si no fuera poco, el Chelsea ha reforzado el eje de su defensa sin rascarse el bolsillo: el contrastado Thiago Silva y el prometedor Malang Sarr han llegado gratis. Un mercado de fichajes redondo, obra de Marina Granovskaia.

 

Havertz ha aterrizado a cambio de 80 millones. Más barata ha salido la incorporación de Werner; la cláusula de rescisión era de 65, pero el Chelsea ha conseguido llevarse al crack alemán ‘solo’ por 53

 

Es una evidencia, pues, que el conjunto ‘blue’ ha conseguido limar su política de fichajes. Desde que la rusocanadiense se encarga de la parcela de las negociaciones, las buenas gestiones están ganando terreno a los simples golpes de talonario. Granovskaia, de 45 años, es la Directora General del Chelsea, y se trata de “la principal responsable de las transacciones de jugadores”, según reza la página web de la entidad. Negociadora dura de roer, persuasiva y efectiva, se encarga de materializar las peticiones de la parcela deportiva; lo suele conseguir, ya que pocos alcanzan a quitarle la última palabra. Sin embargo, cuesta verla en la primera línea, por mucho que Abramóvich sea cada vez menos visible. De hecho, siempre ha sabido alejarse del protagonismo. Por no tener, no tiene ni redes sociales. La opacidad funciona de maravilla para trabajar alejada de los focos mediáticos. 

Para Granovskaia ya son muchos años viviendo como una prolongación del magnate, siendo su persona de máxima confianza. Empezó como una suerte de secretaria allá por los inicios de Abramóvich al frente del Chelsea, en 2003. Sin embargo, el ruso ya la conocía de su etapa en Sibneft, la empresa petrolera que vendió a Gazprom y que le permitió acumular una gran fortuna para comprar el club londinense. Pasaron los años y Marina Granovskaia iría subiendo, peldaño a peldaño, hasta la dirección general. Entremedio, en 2009, actuó como consejera en movimientos estratégicos; en 2010, pegó el salto a la portavocía; y, en 2013, se ganó el pleno derecho a ser miembro de la junta directiva. Quizás el punto de inflexión en esta historia es el momento en el que asumió un rol clave en la renovación de Drogba después del ‘Iniestazo’. El Chelsea alzaría al fin la ‘Orejona’ dos temporadas después con el marfileño como héroe. ¿Qué mejor crédito tras la apuesta?

Si en el mundo del fútbol las negociaciones son un arte, para Granovskaia son además un dote. Y es así, porque la rusocanadiense no tiene ningún tipo de formación en finanzas, sino que estudió idiomas en la Universidad de Moscú, graduándose en 1997. A veces, sin duda, valen más las palabras que los números. Así pues, el Chelsea entendió que tenía un valor seguro entre sus filas y reorganizó la estructura funcional del club siendo Marina Granovskaia uno de sus principales ejes. Hablamos en plural porque desde 2017 los ‘Blues’ gozan de un organigrama que no delimita del todo las funciones. Tras la marcha del entonces director técnico, Michael Emenalo, la parcela deportiva se reparte entre Scott McLachlan -jefe de scouting y amante del big data- y Petr Cech, que recientemente ha empezado a ejercer de intermediario entre distintos departamentos. Esta área cuenta con la intervención directa del entrenador, Frank Lampard. De estas mentes pensantes salen los nombres de futbolistas que el club desea. Marina Granovskaia actúa como mente ejecutora, a la postre la más esencial.

 

Granovskaia iría subiendo hasta la dirección general. El punto de inflexión en esta historia es el momento en el que asumió un rol clave en la renovación de Drogba después del ‘Iniestazo’

 

Esta sacudida en el ámbito de decisión del club ha ido corrigiendo la mala gestión del Chelsea en los mercados de fichajes de las últimas campañas. Se pasó de vender Salah en 2016 por 15 millones de euros y De Bruyne en 2013 por 22, a sacar hasta 56 por Morata este verano o los estratosféricos 115 por Hazard ahora hace un año. O Diego Costa, que aterrizó en Stamford Bridge en 2014 por 38 millones e hizo el camino de vuelta al Atlético a cambio de 66 en 2018. No es que Abramóvich haya metido más dinero sobre la mesa -o sí, nunca lo sabremos- sino que quizá la entidad londinense ha aprendido a gestionar mucho mejor sus activos, consiguiendo rebajar el precio de las compras y luchando por arañar un buen zarpazo cuando vende. Otra de las muchas pruebas de que no se entendería el Chelsea actual sin Marina Granovskaia es el acuerdo de patrocinio con Nike. La Directora General

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‘blue’ se aseguró un contrato a razón de 65 millones de euros anuales; hasta que el Chelsea deje de vestir Nike en 2032 -a no ser que renueve-, habrá ingresado la friolera de 977 millones de euros. Casi nada.

El verano ha sido agitado en la capital británica. Ganas no faltaban, porque en el anterior mercado estival, los de azul se quedaron sin poder incorporar jugadores por la sanción de la FIFA. Sin embargo, este coitus interruptus tan solo fue una pausa en el camino para coger aire y ahorrar un poco, que nunca va mal. El Chelsea volvió en invierno más fuerte, decidido y minucioso. Un club dispuesto a todo para pelearse en la cima con Liverpool y Manchester City. Mientras esté Marina Granovskaia, algún que otro sustito a sus contrincantes darán. Como mínimo, claro. En el centro de Londres ya se frotan las manos.

 


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Fotografía de Getty Images.