Manel Expósito es uno de los integrantes del cuerpo técnico del KAS Eupen, que dirige Claude Makélélé, equipo de una pequeña ciudad belga de 20.000 habitantes. Asume el cargo de segundo entrenador. Primero lo hizo como jugador, con el proyecto deportivo en marcha que llevó a cabo la fundación catarí Aspire Zone, propietaria del club, consiguiendo su objetivo de alcanzar la máxima categoría belga. Hoy en día, en la Jupiler League lidia con históricos como el Brujas, el Anderlecht o el Standard de Lieja.

El inicio de Manel como futbolista tiene un debut de lo más singular, no porque lo hiciera con el F.C. Barcelona, sino porque coincidiría con el de otro canterano que cambiaría la historia del conjunto blaugrana. De la Masía, llegaba el 16 de noviembre de 2003 con la ilusión de todo debutante, en una fecha más que simbólica para su rival, el Oporto, que inauguraba el estadio Do Dragão. “A los 15 minutos de partido salí por el lesionado Luis García y, en el primer balón que toqué, Secretario me pegó una patada que me levantó 3 metros. Fue la tarjeta de bienvenida”. El otro canterano era un chaval de apenas 16 años que ya llamaba a golpes a las puertas del primer equipo. Su nombre, Lionel Messi. “Era imposible imaginarse lo que es ahora, pero evidentemente por entonces Messi ya era diferente, iba una marcha por encima de los demás”. En su momento este hecho no iba a tener la mayor trascendencia para él que, como su compañero, intentó hacer la mejor actuación posible para convencer al mister que podía estar entre los más grandes. Sin embargo, con el paso de los años, a Manel (“Chino”, como le conocen) no solo le quedaría la anécdota de contar cómo se estrenó, sino que también podría explicar que lo hizo junto al jugador más importante de la historia del Barça. “Él jugó los últimos 15 minutos e hizo más que yo en todo el partido”. Era la carta de presentación de lo que hoy ya conocemos.

Lo que vino después por parte de Messi es más que conocido, goles y más goles, títulos, Balones de Oro… Manel, como la mayoría de los futbolistas que no nacieron con el don de ‘La Pulga’, tuvo que remar contra viento y marea. Nada más comenzar su carrera profesional vino el golpe que cambiaría su historia. La odisea de todo futbolista cayó sobre él en forma de lesión, obligándole a pasar por quirófano. Lo que en principio iba a ser algo a corto plazo se complicó más de la cuenta. “Tuve una mala operación, no entendia como una recuperación de tres meses podía alargarse tanto. A los seis meses todavía no podía apoyar el pie en el suelo. Me decían que era psicológico. Jugaba con dolor. Al final me tuve que ir a un médico externo”. El fútbol, que no espera a nadie, tampoco lo hizo por Manel. Cuando se recuperó en el Barça B no tenía ficha, vino la cesión al Atlético de Madrid B y un carrusel de traspasos entre varios clubes españoles de categorías inferiores. La estabilidad no lo acompañaba y retornar hacía el fútbol profesional se antojaba enrevesado.

La crisis del fútbol modesto la sufrió en sus propias carnes; los equipos afrontaban problemas con los pagos salariales y la situación era inviable. Ramón Tribuliex, con el que coincidió en el Figueres, le puso una oferta sobre la mesa para que se fuera al Auckland City neozelandés, al que él mismo entrenaba. Le daba la oportunidad de tener otro comienzo en un camino que se le habia empedrado demasiado. “Ramón fue como un ángel que cayó del cielo. A nivel personal, no solo profesional, lo que me enseñó no tiene precio. Llegó un momento que era irme con él o volver a casa y acabar con la aventura del fútbol”. Su situación dio un giro inesperado, pasó de la incertidumbre a formar parte de un equipo que hizo historia en Oceanía. Noviembre volvía a ser el punto de partida, llegaba a mitad de temporada y no la pudo acabar mejor. “Ganamos la liga y la Champions el primer año. Pasé de pensar en la retirada a jugar el Mundial de Clubes”. Se convertía en el buque insignia de un conjunto con acento Barça. Posesión y fútbol ofensivo eran los distintivos del equipo de Ramón. El delantero catalán se sentía cómodo y eso lo reflejó en el terreno de juego. En su segundo año no se conformó solo con ganar otra vez la Champions de Oceanía, sino que además fue Bota de Oro de la competición.

Bajarse del trono para volver al fútbol profesional en Europa era la siguiente parada, ya lo había ganado todo en Nueva Zelanda y el instinto de nuevos retos lo impulsó a salir. Tocaba abandonar la comodidad que le había proporcionado Auckland. La culpa de que así fuera la tiene, en gran parte, Josep Colomer, a quien atribuyen ser uno de los descubridores de Messi. Años atrás lo firmó en el Barça, ahora lo convencería para que fichara para el K.A.S. Eupen, de la segunda división belga. “Probar que podía volver al fútbol profesional en Europa y el proyecto que tenía el club hicieron que no pudiera rechazar esa propuesta”. Las dos primeras temporadas se quedó a un paso de conseguir el ascenso con el equipo, perdiendo las dos finales de los play off. Tras esto, pondría final a su etapa como futbolista. “Cuando empiezas a cumplir 31 o 32 años piensas más en el futuro, en el después. Y aquí tenía la oportunidad de comenzar algo nuevo”. La posibilidad de regresar a Auckland, donde había sido ídolo, no fue suficiente para evitar poner punto y final a su carrera.  “Nunca me he parado de formar. Evidentemente la decisión no fue fácil, a nivel físico estaba bien, pero ayudó que en el último tramo no estaba jugando mucho”.  

El primer paso a los banquillos lo da como segundo entrenador de Jordi Condom. Ascenso primero y permanencia después, junto a unas semifinales de Copa, son los resultados que cosechó aquella pareja.  En el curso presente, sin embargo, el comienzo no fue tan bueno, y una serie de malos resultados obligaron a la directiva a cesar el técnico y contratar a Claude Makélélé. El mítico jugador francés, que  lleva en los banquillos desde 2010, se desvinculó como ayudante de Paul Clement en el Swansea para hacerse cargo del equipo belga junto a Manel, que mantiene su puesto. “El cambio principal con Claude es asegurar el rigor defensivo para no encajar tantos goles, que ha sido nuestro talón de aquiles”. Seguir formándose es el objetivo, lejos de casa, donde encontró su sitio. Ojalá hubiera salido antes, a nivel personal te cambia la manera de ver las cosas. Aprendes otras lenguas, otras culturas, te cambia todo”. Desde que hace 6 años pusiera rumbo fuera de tierras españolas, el catalán no ha vuelto por aquí. La experiencia internacional hizo que encontrara la estabilidad que no pudo lograr en el lugar en el que creció.