Empiezo a escribir este artículo con ciertas dudas. No sé si dentro de unos minutos o quizá horas o incluso días, cuando haya escrito el punto final, estaré satisfecho con el resultado. No lo sé. A veces pienso que no voy a estar a la altura de ciertos jugadores presentes en mis textos y eso es lo que me sucede contigo. Me gustaría hilar frases con la misma facilidad con la que el Liverpool conecta pases; una frase tras otra y un pase tras otro para formar una estructura general con un sentido más completo. Ambas profesiones tienen ese paralelismo en común: los periodistas tejemos un relato sobre el papel y los futbolistas lo hacéis sobre el césped. Sin embargo, en ocasiones tengo el deseo de escaparme y dinamitar un párrafo, dejar una frase colgada y finalizar la oración con una obra de arte como si de un truco de magia se tratara. Yo no lo puedo hacer sobre el papel, pero tú, Sadio Mané, has mostrado al mundo cómo hacerlo sobre el césped.

Quiero ser como tú. Tú posees esa rapidez con el balón en los pies para encarar zagueros y ofrecerle a tu equipo una variante que transgreda el orden establecido. Mientras intento buscar una conexión con la frase anterior es muy probable que ya hayas hecho estallar por los aires la estructura defensiva del equipo rival. De hecho, he tardado más de 176 segundos en saber cómo construir la proposición, tiempo suficiente para verte marcar un hat-trick. Menos de tres míseros minutos tardaste en endosarle tres tantos al Aston Villa en 2015 con la zamarra del Southampton y batir un récord en propiedad de Robbie Fowler. Te pasaste de la raya, Sadio, aunque por locuras como aquella te fichó un alemán que contagia carisma y elegancia pese a ir todo el día en chándal.

El Génération Foot de tu querida Senegal, el Metz francés, el Salzburgo con el que levantaste dos ligas y dos copas, los ‘Saints’ y, finalmente, la ciudad de los Beatles. Acabo de redactar una oración sin sintagma verbal, así que incluso tengo dudas de que sea una oración. Probablemente este 2020 no obtendré un galardón por este delito que acabo de cometer, por lo tanto ya me ganas respecto a títulos. Has ganado el Balón de Oro africano y vas camino de regalarle por fin una Premier a Liverpool, y quién sabe si alguna otra copa más. De todas formas, pase lo que pase Anfield seguirá entonando el You’ll never walk alone cada fin de semana gracias al buen fútbol que fabricáis tus compañeros y tú. Ojalá algún día pueda escribir algo tan bonito como ese himno y dejar de lado las mierdas que redacto ahora desde mi butaca de novato. Ojalá ser como tú y poder decir que he marcado en una final de Champions y he conseguido levantar el trofeo en otra.

 

“Quiero ser como tú. Tú posees esa rapidez con el balón en los pies para encarar zagueros y ofrecerle a tu equipo una variante que transgreda el orden establecido”

 

Dibujas líneas verticales y diagonales sobre el terreno de juego que superan contrincantes y rompen esquemas y partidos. Jugadores como Henderson y Alexander-Arnold se pasan el balón tranquilamente ante la atenta mirada del rival, pero puede que un segundo después estés tú solo delante del portero junto a tu camarada Salah, ambos acompañados por un sonriente delantero brasileño que lanzará una patada al aire cuando estéis saboreando el placer del gol. Mientras tú eres veloz, técnico y ágil, yo he de buscar sinónimos por internet para no repetir palabras. Qué desastre, suerte que el Wi-Fi me permite solucionar este tipo de problemas y ver tus partidos cada fin de semana.

Otro factor que nos diferencia a ti y a mí es que yo no puedo publicar artículos sin palabras, pero tú sí puedes generar goles sin el balón. Te mueves por el lienzo verde creando espacios para que tus compañeros los aprovechen y tú entrenador alcance el nirvana al ver su obra plasmada en ese gran rectángulo de hierba. Jürgen enloquece y The Kop se desmadra mientras incrementas tus cifras. Defines, asistes, defines, asistes, defines, asistes… Así hasta llegar a los once goles y las ocho asistencias ligueras esta temporada en una de las competiciones más exigentes del mundo, aunque cualquiera lo diría, eso de exigente, cuando estáis a años vista de los demás en la clasificación.

El partido empieza y Anfield ruge. Los pases marcan el ritmo del partido y yo ordeno las palabras en el diálogo. Hasta que apareces tú, propagas un huracán en el partido y te llevas mis palabras. Tú puedes generar belleza a través de un fútbol caótico, pero yo no lo puedo hacer porque lo que escribo no tendría ningún sentido. Quizá es porque no sé y soy un escritor mediocre que su mayor preocupación es relacionar el principio del relato con su final. Cuando empiezo a componer ya sé cómo acabaré, pero en esta ocasión será diferente y haré como tú, que cuando recibes el esférico nadie sabe lo que sucederá a continuación. Tú eres impredecible y yo no sé si estaré a la altura, así que no me entretendré más y, humildemente, acabaré este artículo con ciertas dudas.