A todos nos pasa factura el paso del tiempo, excepto a Larry David. En este 2020, el cómico neoyorquino no solamente ha regresado a HBO con la décima entrega de su show particular, sino que ha anunciado la renovación de la undécima. Igual que ocurre con las Champions del Real Madrid, uno termina por perder la cuenta de las temporadas de Curb Your Enthusiasm, a cada cual más brillante. Gracias a Dios, Larry es todo aquello que uno necesita para arrinconar los agobios, jugar al despiste y hacer como que todo es susceptible de proyectarse en un gag. Un tipo cuya actitud supera al chiste. Bendito él. Siempre a la sombra de otros comediantes televisivos como Jimmy Fallon o Alec Baldwin, David jamás dejó de predicar lo absurdo de los convencionalismos. ‘El asesino social’, le llaman.

Y le seguirán llamando, pues no parece estar dispuesto a jubilarse. Tampoco David Silva, que se conserva mejor que un tinto crianza. El canario se ha propuesto perpetuar el cultivo de su refinado fútbol vistiendo la elastikoa de la Real Sociedad. A la amplia lista de célebres monumentos que visitar en San Sebastián -la Catedral del Buen Pastor, el Puente de María Cristina, el Monte Urgull, el Peine del Viento, etc.- habrá que sumarle el talento de David. Casualidad o no, el futbolista se ha decantado por una ciudad de lo más elegante, totalmente acorde a su juego. A eso le llamo yo sincronía de clases. Donostia y todo un país vuelven a saborear aquel estilo que hace una década fue puntal, no solamente en los éxitos de la selección española, también en la elevación global de una forma de jugar al fútbol. Sobre su llegada a la Real, apunta Roberto Ramajo, seguidor del club en la Cadena SER y el diario As:


“La salida de Ødegaard deprimió al equipo, pero el fichaje de Silva levantó la moral de la tropa. Había jugadores que no se lo creían cuando se lo contaron. ‘¿Un campeón del mundo viene a la Real?’, preguntaban perplejos. David llega con 34 años, pero se cuida mucho y tiene un físico personal que suele acudir a Zubieta”

Roberto Ramajo


Silva es una leyenda del City y un vestigio de la mejor etapa del fútbol español, pero puro presente al mismo tiempo. Va a cumplir 35 años y su silueta permanece intacta, como si se hubiera suspendido debido a algún sortilegio. Aunque su físico haya perdido cierto impulso -obvio-, su ojo, viraje y caricia con el balón siguen siendo del todo reconocibles. Será cosa de uno de sus trucos. Aquellos a los que siempre arrimó el hombro, desde su fascinante obús en Stamford Bridge, vistiendo la camiseta del Valencia, hasta sus hazañas en el césped del Etihad Stadium, donde se dice que degustó la cúspide de su trayectoria. Pero, de la misma manera que ocurre con Larry David y algunos de sus contemporáneos, otras excelsas estampas como Xavi o Iniesta infligen sobre Silva un cierto ensombrecimineto. Como si fueran sujetos inseparables.


“Iniesta tenía más llegada, más regate, y Xavi más capacidad de organización, pero ninguno tenía el último pase de David. Como decía Mendilíbar, creo que le ha faltado jugar en el Real Madrid o en el Barcelona para que la gente lo tome en la misma consideración que a estos”

Roberto Ramajo


Absurdo, ¿verdad? Tanto como el humor de Larry David, del cual se dice, con razón, que bebe de Woody Allen. Sí, ambos ‘Davids’ son hijos de estilos enormemente representativos. Por un lado, que si el tiquitaca, los bajitos y el guardiolismo. Por el otro, que si la marca Brooklyn, la comedia judía y el humor neurótico. La excelencia de dichas corrientes se atribuye a otras ilustres figuras y no tanto a estos dos, aunque no por ello son menos distinguidos. Es más, son capaces de agregar identidad a sus respectivos fundamentalismos. Y con suma brillantez. El cómico, manteniendo la compostura gentil y educada de Woody Allen, lo sobrepasa en absurdidad y extravagancia, mientras que el futbolista, puestos a compararlo con Iniesta, suscita un mayor equilibrio y polivalencia en el centro del campo.


“En la Real está exhibiendo su magia, su imaginación en los metros finales. El estilo de juego de Imanol necesitaba de un jugador de esas características; que tenga la capacidad de ser imprevisible. Equilibra y da sentido a todo el sistema del entrenador”

Roberto Ramajo


Eso es lo que está aportando el ‘21’ -su número fetiche- al conjunto de Imanol Alguacil, quien seguro agradece su capacidad de leer los partidos, pues maneja los minutos con gran madurez. Aunque anda recuperándose de una leve lesión, no acostumbra a torcerse. Es cierto que aterrizó en Anoeta contagiado de Covid, pero se entonó a tiempo para conducir al equipo hasta la cima de la clasificación. Un lugar más que privilegiado para un club que suspira por recuperar la grandeza de sus mejores campañas para, por fin, volver a celebrar un título en la Plaza de Gipuzkoa. Sin duda, tanto el talento de David como la próxima final de Copa engrandecen todavía más las expectativas txuriurdinas. Buenos e ilusionantes tiempos para la Real Sociedad y David Silva, un jugador al que el fútbol le está curando todo lo sufrido por su hijo Mateo. “Sabía que en la Real me sentiría como en casa”, afirmó el pasado mes de noviembre.


“En la temporada más exigente de la historia del club, está Silva para dar un paso adelante en sus aspiraciones. Ha venido para tirar del carro, aportando experiencia a una plantilla muy joven. Eso a la afición le llega. De hecho, su camiseta se agotó al día siguiente del anuncio de su fichaje. Lástima de su reciente lesión, aunque volverá pronto. Es un jugador constante”

Roberto Ramajo


Sí, David Silva y Larry David son sinónimos de constancia. Esos tipos que nunca se van. Esos que nos recuerdan que no es necesaria la grandilocuencia para fabricar una obra de arte, que están ahí para entregarnos a la rutina, al vicio sano, a la excelente simpleza. Esos que nos ciñen a una cinta infinita, que se extiende y se extiende como por arte de magia. O por arte, a secas. Porque la habilidad de estos dos no solo está en la inspiración, también en la persistencia. No tienen bajones, ni momentos cumbre. Simplemente se mantienen ahí, bien, bastante bien. Como diría Larry David: Pretty, pretty, pretty good.

 


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Fotografía de Imago.