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De Les Corts al cielo

Los viajes del Sevilla a Barcelona traen a la memoria el recuerdo del final de liga de la 1945/46. Les Corts decidiría el campeón: Barça o Sevilla

Desde aquella ya lejana 2006-07, con Luis Fabiano, Kanouté y compañía luchando hasta la última jornada un campeonato que acabó en manos del Real Madrid, el Sevilla se ha acostumbrado a colarse entre los cuatro primeros clasificados de la Liga, en su constante búsqueda por derrumbar el triunvirato de Real Madrid, Barcelona y Atlético de Madrid. Cada vez se sitúa más cerca de lo más alto de la tabla, una posición que ha ido ocupando de vez en cuando en algunas jornadas de los últimos años. Y que sigue soñando con adueñarse de ella en la última fecha del curso, emulando lo logrado hace ya tres cuartos de siglo, cuando conquistó la primera y, hasta el momento, única Liga de su historia un 31 de marzo de 1946.

A falta de dos jornadas para la conclusión de la Liga 1945-46, Athletic, Barcelona y Sevilla colideraban la clasificación con 33 puntos en el casillero, pero la penúltima fecha del campeonato sonrió a los hispalenses tras los tropiezos de Athletic y Barça en la Comunidad Valenciana. Los vascos cayeron por 3-2 ante el Alcoyano y los catalanes solo pudieron sumar un punto en su visita al Castellón. Con esos resultados, los leones ya estaban descartados de la lucha por el título y Barça y Sevilla dependían de sí mismos para ser campeones. El destino quiso que la última jornada cruzara los caminos de Sevilla y Barça en el antiguo estadio de Les Corts. A los nerviosenses les valía con el empate. En cambio, los azulgranas no podían permitirse otro final que no fuera la victoria, para ellos era ganar o ganar.

 

Al Barça se le ponía la liga cuesta arriba y se volcó a la desesperada hacia la portería rival con más alma que cabeza, pero topó una y otra vez con una defensa replegada, sólida y consistente del Sevilla

 

Les Corts colgó el cartel de aforo completo y medio millar de sevillistas cruzaron la península para dar calor y ánimos a sus jugadores en el partido más importante de la historia de la entidad. 90 minutos separaban a los dos equipos para cantar el alirón. Una final de liga en toda regla. Los culés deseaban levantar por tercera vez el trofeo; los sevillistas buscaban entrar en los libros de historia con su primera liga. Y, sin nada que esconder, ambos entrenadores sacaron a relucir todo su arsenal. Josep Samitier salió con el siguiente once titular: Velasco, Calo, Curta, Gonzalvo III, Virgos, Gonzalvo II, Gamonal, Escolá, Colino, César y Bravo. Por su parte, el técnico del Sevilla, Ramón Encinas, plantó sobre el césped a Busto, Joaquín, Villalonga, Alconero, Antúnez, Eguiluz, López, Arza, Araújo, Herrera y Campos.

“Se advierte en el once sevillano la influencia de las teorías vigorosas de su entrenador, Encinas, que, discutidas, o no, han llevado a los andaluces a la cima de la competición. El Sevilla ha dejado ya de dedicarse al juego preciosista y las filigranas a medio campo, y practica un juego mucho más eficaz, con rápidos ataques por las alas”, destacó el ABC de Sevilla tras el encuentro. El planteamiento del partido estaba claro. Sufrir, resistir, aguantar y sobrevivir como sea. Y no se le pudo poner más de cara el plan cuando, a los siete minutos de que el árbitro Pedro Escartín señalase el comienzo del encuentro, Juan Araújo abrió el marcador con un gol marca de la casa. Centro de López desde la banda diestra y cabezazo imparable para el guardameta Velasco. Al Barça se le ponía la liga cuesta arriba y se volcó a la desesperada hacia la portería rival con más alma que cabeza, pero topó una y otra vez con una defensa replegada, sólida y consistente del Sevilla. En el minuto 63, dominando el encuentro y encontrando con mayor facilidad que en el primer tiempo a sus delanteros, Gonzalvo III filtró un pase medido entre la poblada defensa hispalense que Bravo aprovechó para firmar el empate con un disparo raso y colocado a la cepa del poste. Quedaba poco menos de media hora para decretar al campeón y al Barça solo le faltaba un gol para certificar la remontada. Ahí se engrandeció la figura de Busto, guardameta del Sevilla, que desbarató cada una de las claras ocasiones azulgranas. Sonó el pitido final, el Sevilla era campeón de liga.

Sobre el césped de Les Corts la emoción de los sevillistas era evidente. “El entusiasmo de los seguidores y jugadores andaluces es extraordinario. Todos los abrazos forman una cadena y sin poder evitar esa emoción y alegría abandonan el terreno de juego, con Ramón Encinas sostenido por los jugadores y con lágrimas en los ojos”, redactaba Vicente Loren en la crónica del partido para las páginas de El Correo de Andalucía. Aquel viaje a Barcelona quedará siempre grabado en la historia de un Sevilla que 72 años después, y de nuevo al frente de la tabla, buscará salir de nuevo victorioso de su batalla en la Ciudad Condal.