Es gracioso el hate que le tenemos a la rutina cuando en realidad no podríamos vivir sin ella. Sin esas pequeñas repeticiones constantes, inacabables, desparramadas en nuestro día a día. Insistentes hasta la extenuación. Hasta volverse casi enfermizas. O sin el casi.

Tenemos las rutinas a gran escala. Las de casa, trabajo; trabajo, casa. O casa, trabajo; trabajo, deporte; deporte, casa. O casa, trabajo; trabajo, bar; bar, casa. Da igual. Las que sean. Aquí cada uno organiza el rompecabezas como le apetece.

Y después las hay a pequeña escala. Las de un café a las 8, con el desayuno; y otro a las 12, que sino me duermo en la ofi. Las del piti de salir de casa; el piti de antes de comer; el de después; el de salir del curro; el de antes de dormir. O infinitas combinaciones más. Y lo mismo que pasa con las otras, las de gran escala, aquí cada uno tiene sus adicciones y las espacia cómo y cuándo quiere. Que por eso son nuestras y de nadie más.

El problema viene cuando te las rompen. Por factores externos o internos, de uno mismo; no importa. Cuando llueve un día y el trabajo, deporte se torna en un trabajo, casa que te deja con una mala leche que te cagas. El día que, a saber por qué, te dejas el tabaco en la mesita de noche y te sientes desnudo al caminar por la calle sin cigarro en mano. La vez que al compañero de piso se le ha olvidado comprar el café y te vas sobando por las esquinas. El lunes que entras en el LiveScore a ver contra quién jugamos este finde y ves que la fecha indica que tu equipo juega la semana que viene. Hay parón de selecciones. Maldita sea.

 

Tocará buscar algo en Netflix, limpiar el salón y dejar una roncha de baba en el cojín del sofá. Todo esto mientras la selección de Corea del Sur viaja hasta Austria para medirse con México en un interesantísimo partido amistoso

 

Sí, este finde hay parón de selecciones, no hay liga. Lo de pillarte unas pizzas viendo el partido de las 9 de la noche del domingo, mejor para la próxima; esta vez toca buscar una peli, ponerse la manta y comprar palomitas. El típico aperitivo que acompaña al encuentro del sábado al mediodía, con esa cerveza fresquita y unas patatas para acompañarla, cambiémoslo por una limpieza exhaustiva del salón, que la pelusilla ya se ve desde la puerta de la cocina. Y cómo olvidarse de la terrible batalla que supone ver a tu equipo jugando a las 4 de la tarde, en plena hora de la siesta; pues este sábado a dormirse un par de horas después de comer sin sentirse mal por hacerlo. Qué pereza.

Somos fieles a la rutina por naturaleza. Aunque la queremos y la odiamos a partes iguales. Tenemos tantas ganas de pillarnos una semana de vacaciones para desconectar de este infame mundo en una casa en la montaña como del paseíllo matutino hacia el trabajo, escuchando música, respondiendo whatsapps o fumándonos el tabaco que obviamente no nos hemos dejado en la mesita de noche. Y nos seguiremos quejando de todo ello. De que por qué no dejo los pitis, de que debería estar menos pendiente del móvil, de que tocaría limpiar la casa, de la hora a la que juega mi equipo y del partido soso, aburrido e insípido que han vuelto a hacer los once crápulas de siempre.

Y la lástima es que este finde no hay liga, eso que los ricos quieren cargarse. No gritaremos goles delante de la caja tonta, no esperaremos impacientes a ver qué dicen desde el VAR, no habrá silencios después de un tanto del rival, no miraremos la clasificación con una sonrisa o con un llanto, dependiendo si los tres puntos se han quedado en casa o han cogido el avión con los visitantes. En definitiva, no habrá rutina. Vaya. Con lo que la desearíamos ahora.

Tocará buscar algo en Netflix, limpiar el salón y dejar una roncha de baba en el cojín del sofá. Todo esto mientras la selección de Corea del Sur viaja hasta Austria para medirse con México en un interesantísimo partido amistoso. Bendita liga y bendita vida de rutinas.

 


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Fotografía de Getty Images.