Corría el 72′ cuando Andrey Arshavin, mejillas rosadas e imberbes, sonrisa pícara e infantil, futbolista inhumano en 2008, sacó el pincel de la chistera para dibujar un pase exquisito a la espalda de la defensa, entre las largas piernas de Carlos Cuéllar. Solo ante el meta, Igor Denisov, vestido de blanco Puma, gritó el primer tanto de la final de la Copa de la UEFA 07-08, disputada, el miércoles 14 de mayo, en el City of Manchester entre el Zenit de San Petersburgo y el Glasgow Rangers.

Liderado por la magia que emanaba del ’10’ de Arshavin, el equipo ruso había llegado a la final después de pasar como tercero en la fase de grupos, con apenas un punto más que el AZ Alkmaar, y de vencer en las eliminatorias a Villarreal y Olympique de Marsella, Bayer Leverkusen y Bayern de Múnich. El Bayern y el Zenit empataron en el Allianz Arena, pero los rusos arrollaron a los alemanes en la vuelta, con un 4-0 salvaje e inolvidable. Esa noche, al Bayern, el fútbol le cobró que le había concedido en cuartos de final: frustraron el sueño del Getafe con un gol de Frank Ribéry en el 89′ para mandar el encuentro a la prórroga, in extremis, y con un doblete de Luca Toni (115′ y 120′) para conquistar el pase a semifinales y dejar en la cuneta a los ‘azulones’, que habían jugado casi todo el partido con diez futbolistas por la prematura y polémica expulsión de Rubén de la Red (6′). El Getafe de Michael Laudrup fue el equipo español que llegó más lejos en esa UEFA: el Zaragoza perdió en la fase previa contra el Aris de Salónica y el Atlético de Madrid de Javier Aguirre cayó ante el Bolton Wanderers de Iván Campo, víctima de un solitario gol de El-Hadji Diouf, en dieciseisavos de final, como el Villarreal de Manuel Pellegrini.

El Rangers, que un año antes había caído en dieciseisavos a manos de Osasuna, acabó tercero de grupo en la Champions League, por detrás del último Barça de Frank Rijkaard y el penúltimo Lyon de Karim Benzema, y, ya en la Copa de la UEFA, se impuso al Panathinaikos, al Werder Bremen, al Sporting luso y a la Fiorentina: tras un doble 0-0, en Ibrox Park y en el Artemio Franchi. Nacho Novo dio la clasificación al Rangers en el quinto penalti, tras los fallos de Fabio Liverani y Christian Vieri. El 14 de mayo, Walter Smith, técnico del los escoceses, dispuso un once con Neil Alexander; Kirk Broadfoot; David Weir, Carlos Cuéllar, Saša Papac (Nacho Novo); el algeriano Brahim Hemdani (Lee McCulloch); Steven Whittaker (Kris Boyd), Barry Ferguson, Kevin Thomson, Steven Davis; y Jean-Claude Darcheville. De 150.000 a a 200.000 escoceses viajaron a Mánchester, a pesar de que el club solo había recibido 13.000 entradas y la policía había pedido que se quedaran en casa, con reiteración e insistencia. La Wikipedia inglesa testimonia que el desembarque escocés fue tal que no quedaron habitaciones de hotel libres en un radio de 20 millas. Y que dejaron 25 millones de libras esterlinas en Mánchester. Ibrox Park abrió sus puertas con una pantalla gigante, con 40.000 aficionados. Algunos habían hecho cola durante toda la noche. La ilusión era mayúscula: el Rangers no había reinado en Europa desde que, en 1972, se impuso al Dinamo de Moscú en la final de la Recopa de Europa, tras perder ante la Fiorentina y el Bayern de Múnich en 1961 y 1967.

 

Arshavin, mejillas rosadas e imberbes, sonreía. Como siempre. Solo él sabía el verano que iba a regalarle a Europa

 

En el bando ruso, Dick Advocaat, que en 1998 había relevado a su homólogo Smith en el banquillo del Rangers, jugó de inicio con Vyacheslav Malafeev; Aleksandr Anyukov, Ivica Križanac, Roman Shirokov, Radek Šírl; Konstantin Zyryanov, Anatoliy Tymoshchuk, Denisov; Viktor Fayzulin, Arshavin; y Fatih Tekke. El ariete turco asistió a Zyryanov para que anotara el 2-0 definitivo en el 93′, culminando una acción nacida en los pies de Arshavin, dos manantiales itinerantes. El ’10’ fue el mejor jugador del duelo, como tantas otras veces en 2008: divinizado, aquel año solo hincó la rodilla en las semifinales de la Eurocopa, frente a una España excelsa (0-3). El Zenit no pudo contar con Pavel Pogrebnyak, sancionado y pichichi del torneo con diez tantos, como Luca Toni, por delante de Stefan Kießling, Adrian Mutu, Henrik Larsson y Razak Omotoyossi, pero se impuso igual. Y el ucranio Tymoshchuk alzó el trofeo a las nubes de Mánchester. Después de dos títulos del Sevilla, el título voló a Rusia. Como en 2005, cuando el CSKA de Moscú batió al Sporting portugués en el José Alvalade, y sonrieron Igor Akinfeev, Vasili y Alekséi Berezutski, Sergei Ignashevich, Yuri Zhirkov, Vágner Love, Ivica Olić y compañía.

En la crónica de El País, titulada El Zenit impone su buen gusto, José Marcos destacó: “La victoria del Zenit fue de todo menos casual. Financiado por los rublos ilimitados de Gazprom, el club de San Petersburgo dio un meneo tremendo al Rangers, que llegó a la final de Manchester no se sabe muy bien cómo. Los tantos de Denisov y Zyrianov se quedaron cortos vistos los méritos del equipo de Dick Advocaat. Impuso con una facilidad pasmosa su fútbol de salón al juego del pleistoceno que promulgó el conjunto escocés”. “Los de Walter Smith despreciaron el balón. Como de costumbre. Su única virtud es destrozar el sistema nervioso de sus adversarios. Les vampiriza. Y les come la moral con una frialdad sobrenatural, a la espera de un golpe de fortuna. […] El grupo británico se enfrentó anoche a su némesis. El Rangers afrontó la cita maltratando al cuero como si fuera una pelota de rugby. Atado de pies y manos por su estilo prehistórico, entregó la cuchara ante un Zenit fantasista, que alineó entre sus titulares a seis de los fijos del también holandés Guus Hiddink en la selección rusa. Su triunfo fue el de la ilusión y el buen gusto“, concluyó Marcos, en El País.

Mientras el periodista ultimaba su crónica, Arshavin, mejillas rosadas e imberbes, sonreía. Como siempre. Solo él sabía el verano que iba a regalarle a Europa.

 


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Fotografía de Imago.