Uno en 1903, uno en 1905 y otro en 1907. En cuestión de seis años se crearon los tres equipos más importantes de la historia del fútbol turco. Besiktas (1903), Galatasaray (1905) y Fenerbahçe (1907) parten y reparten el bacalao en el país otomano. De los 62 títulos de liga, 55 han sido para el triunvirato de equipos de Estambul. Desde 1984 –año en el que el Trabzonspor salió campeón- solo un equipo ha conseguido amenazar la tiranía de los tres grandes. Fue en 2010, cuando el Bursaspor venció en la última jornada al Besiktas y superó al Fenerbahçe, que no logró pasar del empate ante el Trabzonspor en un final de infarto. Sin embargo, el asalto fue solamente un oasis. Desde ese triunfo, dos ligas para el Besiktas, dos más para el Fenerbahçe y cuatro para el Galatasaray. John McManus es un escritor y profesor inglés experto en fútbol turco y autor del libro Welcome to Hell?: In Search of the Real Turkish Football (¿Bienvenidos al infierno? En busca del verdadero fútbol turco).

McManus explica que la rivalidad más importante es entre el Galatasaray y el Fenerbahçe, que han sido tradicionalmente los dos equipos más triunfadores. “En un segundo escalón, como el hermano pequeño que no toma parte en las decisiones familiares, está el Besiktas, que se considera a sí mismo el equipo del pueblo. A su vez, el ‘Galata’ es el club con más prestigio, y el ‘Fener’ el de la clase media”, afirma McManus.

El fútbol turco no se encuentra en su mejor momento en ninguna de sus vertientes, pero las más sangrante es la económica. Según el medio de comunicación Deutsche Welle, los equipos de la máxima competición liguera amontonan una deuda de más de 2.300 millones de euros. Como no podía ser de otra manera, unos 1.600 del total provienen únicamente de los tres grandes –el Galatasaray, el Fenerbaçhe y el Besiktas-, con la aparición especial del Trabzonspor. El principal causante de esta deuda es la crisis cambiante que ha sufrido el país a nivel global en los últimos dos años. La depreciación de la lira ha dejado muy tocado a diferentes equipos de la Superliga. Diferentes jugadores, como Pepe en el caso del Besiktas, han tenido que marcharse debido a que su club no podía afrontar el salario pactado. Esto es así porque las nóminas de jugadores extranjeros suelen estar denominadas en euros o dólares, los cuales no perdieron su valor como lo hizo la lira –desplome de la cual llegó al 40% el verano pasado-.

Además, como decía, el apartado deportivo no esconde la ruina económica. Más bien la remarca y señala. Y es que, en los últimos años, ningún equipo está logrando mantener una cierta estabilidad en Europa League o Champions. El último gran triunfo del fútbol turco a nivel continental y, de hecho, el único título europeo en toda la historia de un club otomano, es la UEFA que ganó el Galatasaray el año 2000 ante el Arsenal (1-0). La presente temporada ha sido especialmente dramática para los equipos turcos en Europa. El mismo Galatasaray quedó tercero en uno de los grupos más sencillos de la Champions y cayó en la primera ronda eliminatoria de Europa League tras tropezar con el Benfica; el Fenerbaçhe también fue apeado en la primera ronda eliminatoria de Europa League por el Zenit; y el Besiktas directamente cayó en la fase de grupos, también de Europa League, ante rivales muy mediocres como el Malmo, el Genk y el noruego Sarpsborg 08.

En medio de este estancamiento en el que solo tres equipos se reparten el pastel que es robado posteriormente por los mayores en el recreo europeo, el Istanbul Basaksehir ha irrumpido con fuerza y amenaza con derribar el tripartito turco. Efectivamente, se trata de otro equipo de la ciudad más poblada del país.

El club nació como un entretenimiento para los trabajadores de la compañía de agua de Estambul. Propiedad del ayuntamiento y fundado bajo el nombre de Ski SK, se instaló en un pequeño estadio con solo 500 localidades, consciente de que aquello no se trataba de un proyecto con altas expectativas. Pero, con el paso de los años y la potenciación del ayuntamiento, el conjunto fue creciendo y acabó logrando el ascenso a la Superliga en 2007. Fue entonces cuando pasó de jugar en un campo de barrio a hacerlo en un auténtico coliseo con capacidad para más de 75.000 espectadores, el Olímpico Atatürk, donde permanecieron poco tiempo. Pero trasladarte a una casa mejor, más lujosa, y con más metros cuadrados no te hace ser más rico. Uno de los equipos con menos masa social del país parecía disputar cada partido en casa a puerta cerrada. McManus revela que los propios aficionados preferían tomárselo a broma y reconocer que siempre jugaban “fuera de casa. Los aficionados al fútbol en Estambul hace años que habían elegido a su equipo. Sus padres ya les habían regalado la camiseta de uno de los tres gigantes por Navidad”.

De mudanza en mudanza

Deportivamente, eso sí, siguió la progresión del club. Solo frenada por un anecdótico descenso en 2013 –volvería a la Superliga la temporada siguiente-, el club fue vendido en 2014 a un grupo privado de inversores, muchos cercanos al gobierno, y la marca del equipo pasó de ser pública a privada. Si bien la entrada de dinero para gastar fue importante, vital, probablemente, no se le puede achacar valor a la gestión que ha habido del club fuera del apartado financiero. Según John McManus, este es el gran éxito del Basaksehir, “seguir tomando buenas decisiones y no volverse loco con la entrada masiva de dinero para invertir”. Así fue, y desde entonces llegaron grandes resultados. El ayuntamiento decidió potenciar un proyecto que, ahora sí, parecía tener recorrido. El actual presidente del país y antiguo alcalde de Estambul, Recep Erdogan, decidió trasladar el equipo al oeste de la ciudad, al barrio de Basaksehir, de donde proviene su actual denominación. Además, construyó un nuevo estadio a la altura de la realidad del conjunto y renombró el club, pasando a llamarse Istanbul Basaksehir. El nuevo feudo, el Basaksehir Fatih Terim, en honor al mejor entrenador turco de la historia, tiene capacidad para más de 17.000 espectadores. Desde ese momento, todo han sido buenas noticias dentro del terreno de juego. En las últimas cinco temporadas, el equipo no ha bajado de la cuarta posición, llegando a ser subcampeón.

Ahora o nunca

Por fin, este parece el año definitivo en el que, de una vez por todas, el Basaksehir asalte el trono. El gran artífice de la temporada está en el banquillo. Abdullah Avci, que ya logró ascender al equipo en 2007, volvió a coger las riendas del Basaksehir en 2014 y va camino de hacerlo campeón. De cromos van sobrados. Jugadores de renombre como los Robinho, Arda Turan, Gael Clichy, Emmanuel Adebayor, Gökhan Inler o Demba Ba han llegado al oeste de Estambul para sumarse a otros que han vivido el crecimiento del equipo, como Edin Visca, Mahmut Tekdemir o Alexandru Epureanu.

Los de Abdullah Avci solo han perdido cuatro partidos de liga, y son, de largo, el mejor conjunto en defensa de la categoría. Son el equipo que menos goles ha recibido -18, a diferencia de los 29, 39 y 39 que han encajado sus perseguidores-, y dejan que los delanteros sean los que inventen en ataque. Sin embargo, cuando hace solo unas semanas, parecía que la liga estaba prácticamente ganada, el Basaksehir ha acumulado una mala racha de resultados, algunos incluso ante equipos de la zona baja, que han igualado la parte alta de la clasificación. A falta de solo cuatro jornadas para el final de liga, el Basaksehir todavía lidera la Superliga con dos puntos de ventaja con el Galatasaray y tres con el Besiktas, que llegan lanzados. Además, todavía está pendiente un duelo entre los dos primeros clasificados que puede ser determinante para el desenlace de la liga.

Mantener la ventaja y saber defender el liderato con solvencia puede brindar al Basaksehir no solo del título, sino de un punto de inflexión para el futuro del fútbol turco y la llegada de un usurpador del trono que haga abdicar al eterno triunvirato que forman Galatasaray, Fenerbahçe y Besiktas. Solo nos queda prepararnos unas palomitas y disfrutar del final de liga y, quién sabe, del inicio de una nueva era en el fútbol otomano.