Quizás hace unos meses ni se acordaban de cómo se hacía; pero, tras 13 jornadas de liga, los aficionados del Espanyol, tan acostumbrados históricamente a malvivir en el desolador páramo que se extiende entre las ilusiones más etéreas e irracionales y la realidad más decepcionante, sonríen desacomplejados, haciendo suyo el aquest any sí que antaño tanto repetían sus vecinos culés. El responsable de tal empresa se llama Joan Francesc Ferrer, ‘Rubi’. El barcelonés aterrizó este verano en el RCDE Stadium, pero tan solo ha necesitado unos meses para enterrar el ambiente enrarecido que provocaba la presencia de Quique Sánchez Flores, para convertir al Espanyol en una de las grandes revelaciones de este arranque liguero.

De la noche a la mañana; los blanquiazules son un equipo que sueña despierto, un equipo que vive soñando. Y, sin duda, uno de los nombres que más está brillando en estas primeros meses es el de Marc Roca; un futbolista que, renacido, ha regresado de los infiernos del fútbol para protagonizar una metamorfosis insospechada. De estar en la rampa de salida hace unos meses, el ’21’ del Espanyol ha pasado a la titularidad indiscutible, a ser el director de una orquesta sin solistas. Él, el epicentro de un equipo de obreros del balompié, se ha convertido, de hecho, en la persona que mejor simboliza el cambio que están viviendo los blanquiazules; en el mejor ‘fichaje’ del verano de un Espanyol que, cómodamente instalado en posiciones de Europa League, ansía hacer realidad el viejo sueño de volver a viajar por el Viejo Continente.

 

Marc Roca es el director de una orquesta sin solista, el mejor ‘fichaje’ de un Espanyol que ansía hacer realidad el viejo sueño de volver a viajar por Europa

 

Ciertamente, las vibraciones que está transmitiendo el conjunto de Rubi en este excelente arranque liguero son inmejorables. Al final del túnel no solo estaba la luz, también estaba la felicidad del conjunto del RCDE Stadium, la de una afición que se divierte al presenciar la apuesta indiscutible de sus futbolistas por un fútbol alegre, asociativo e inequívocamente ofensivo; por intentar ganar los partidos desde la posesión, desde el control del esférico; por saltar al césped a competir de tú a tú contra cualquier rival. “Nos dejaremos el alma para encontrar un modelo de juego atractivo y vistoso que haga disfrutar a los aficionados”, avanzó Rubi en su puesta de largo como nuevo entrenador del Espanyol. “Nos vamos a divertir todos, tanto el aficionado como nosotros. A cualquier hincha le gusta que su equipo sea protagonista, que tenga el balón, que vaya a por el partido. Este año no vamos a sufrir, este año nos vamos a divertir todos”, añadía unos días más tarde Marc Roca, convencido.

En una inequívoca declaración de intenciones de Rubi, el ’21’, un futbolista dotado de una enorme inteligencia táctica que creció idolatrando a Xabi Alonso, es quien ha ocupado el puesto que las dos últimas temporadas Quique Sánchez Flores reservó a Javi Fuego y a Carlos Sánchez, dos centrocampistas de innegable corte defensivo. De ‘La Roca’ Sánchez a Marc Roca; un jugador que ha agradecido la confianza de Rubi convirtiéndose en la brújula del Espanyol, en el faro que guía al equipo desde el pivote del 4-3-3 con el que el técnico barcelonés ha enamorado a la parroquia blanquiazul.

Bien flanqueado por Sergi Darder y Esteban Granero o Víctor Sánchez, el joven mediocentro, que atesora una calidad extraordinaria para comandar al equipo desde el centro del campo (en el encuentro contra el Valencia, completó un 95% de los pases que intentó) y para mantener el esférico unido a sus pies, ha enlazado una exhibición tras otra en estas primeras 13 jornadas, en un arranque de temporada soñado para el Espanyol que incluso le ha servido para debutar en una convocatoria de la selección sub21. Imprescindible para Rubi (“Estoy muy contento por él, siempre ha creído en sí mismo y tiene todos los ingredientes para ser un gran jugador en Primera División”), tan fino como elegante con el balón como solidario e incansable sin él, Marc Roca es quien aporta el equilibrio al equipo, quien mejor encarna las esperanzas del club del RCDE Stadium de regresar a Europa con gente de la casa.

Perico de cuna, el joven centrocampista catalán se incorporó al Infantil B del Espanyol a los once años (2008), procedente del Atlètic Vilafranca. Había pasado por la Escola del Barça, pero cuando le llegó la oferta del conjunto blanquiazul ni siquiera se planteó no aceptarla. “En cuanto supe del interés que tenía el Espanyol en mí no dudé ni un instante”, reconocía hace unos años el propio Marc Roca, que cuando era juvenil rechazó una propuesta del Barcelona porque quería cumplir el sueño de llegar al primer equipo del Espanyol.

Con todo, lo cierto es que la carrera del futbolista de La Granada (Alt Penedès) no fue siempre tan prometedora como lo es ahora. Relegado a un segundo plano, el centrocampista catalán, que en su etapa de formación ya dio muestras de su polivalencia (actuando en el extremo izquierdo, en el lateral izquierdo y, finalmente, en el centro del campo), nunca fue de los mejores de una generación en la que, sobre todo, destacaban Aarón Martín (Mainz), Pablo Maffeo (Stuttgart), Óscar Melendo o el central del filial Lluís López. “Nadie creía que llegaría tan lejos. Recuerdo que una vez fui a ver al filial y me senté con sus padres. Su padre me decía que creía que acabaría jugando en Tercera División. Marc es el ejemplo de que el trabajo hace mejor al jugador talentoso, es un niño que de infantil no fue al mejor torneo de fútbol base y que, en cambio, acaba llegando al primer equipo”, enfatizaba Dani Fernández, el primer entrenador de Marc Roca en la cantera blanquiazul, en As.

Con todo, el 26 de agosto de 2016, Marc Roca consiguió aquello que tanto había anhelado: enfundarse la camiseta del primer equipo del Espanyol por primera vez, debutar en el RCDE Stadium. “Este chaval viene a tirar la puerta, y nosotros se la abriremos”, remarcó Quique Sánchez Flores sobre aquel chico de 19 años que, después de convertirse en una de las sensaciones de la pretemporada blanquiazul, dejó una excelente imagen en los 90 minutos que disputó en aquel encuentro contra el Málaga (2-2). “Estoy viviendo un sueño. Ojalá no me despierte. He empezado bien, pero siempre quiero más. Espero que esto no se acabe aquí”, admitía el canterano. Marc Roca disputó hasta 25 encuentros de liga aquella temporada e incluso renovó con el primer equipo hasta 2022 (“Estoy contento porque estoy donde quiero estar. Esta es mi casa. Soy perico e intentaré dar el máximo para que todo salga bien”), pero de repente todo se ensombreció. Los elogios se convirtieron en cuchillos.

El centrocampista desapareció súbitamente de las alineaciones del técnico madrileño a media temporada. Las cosas empeoraron aún más el curso pasado (17-18), cuando el centrocampista de La Granada, condenado al más profundo ostracismo, tan solo disputó 258 minutos de liga; 158 de ellos con David Gallego, que se hizo cargo de un equipo deprimido cuando Quique Sánchez Flores fue cesado a falta de cinco jornadas. De hecho, el canterano incluso estuvo a punto de salir cedido al Huesca de Rubi en invierno, pero la operación se frustró en el último día del mercado de traspasos. “Ha sido una situación que no es nada fácil, pero me ha ayudado a crecer. A ser más fuerte, a seguir trabajando a pesar de todo”, admitía el centrocampista después del encuentro de la temporada pasada contra Las Palmas, el primero que disputaba tras una vuelta entera inédito. “Todo lo que viví me hizo madurar, tener más confianza en mí y en el trabajo”, añadía al inicio de esta última pretemporada.

Con la incansable persistencia de quien ha tenido que llegar dos veces a Primera División para fantasear con asentarse en ella, con la irrefrenable pasión por los colores blanquiazules de quien se ha convertido en el mejor heredero del ’21’ sagrado de Dani Jarque (“Defenderé este dorsal con el amor por el Espanyol y por el fútbol que siempre demostró el añorado capitán. Ahora yo luciré el ’21’, pero en el futuro muchos otros jugadores de la cantera también lo lucirán. Será un homenaje eterno de toda la cantera a Dani, que era y es un referente para nosotros”); Marc Roca empezó a entrenarse antes que sus compañeros, consciente de que esta tenía que ser la temporada de su consagración. Lo cierto es que jamás ha bajado los brazos, ni cuando tenía que escuchar que nunca llegaría al primer equipo; ni cuando, después de permitirle saborear la élite, el destino le alejó dolorosa e injustamente de ella. Con el trabajo y la humildad como complementos insustituibles de su enorme talento futbolístico, Marc Roca ha conseguido volver a ser feliz sobre los terrenos de juego. Después de más de media vida en el Espanyol, el ’21’ es hoy uno de los grandes baluartes de un equipo que sueña con pintar el futuro de blanquiazul, de una afición que afronta el mañana con una sonrisa.