Uno de mis mayores miedos es desconocer qué legado dejaré cuando ya no esté. Qué se dirá sobre mi persona, quién continuará leyendo los artículos que he ido escribiendo o qué recuerdo mantendrán mis conocidos. Todos nosotros queremos transcender, ya sea de una manera u otra. Alguna vez lo he comentado, las personas que juntamos letras estamos totalmente obsesionados con el futuro, por eso mismo tratamos de escribir lo más rápido posible para que nuestras ideas, algunas mejores que otras, permanezcan en algún lugar. Algunos, unos pocos genios, transcienden sin que apenas se guarden documentos sobre ellos, ese es el gran mérito y lo que todos nosotros aspiramos a alcanzar algún día. A Tomás ‘Trinche’ Carlovich no le hizo falta ser portada de diarios, defender el escudo de un club con una enorme resonancia ni tampoco que sus goles fueran fruto de una recopilación en YouTube. Tan solo le bastó con ser él mismo, el ‘Trinche’ Carlovich.

Pasados los años, cuando el rosarino ya vivía lejos del césped, los compañeros de Informe Robinson mostraron al público quién era esa genio del que todos hablaban y muy pocos habían visto. ¿Cómo se narra aquello que nadie vio? Mediante recuerdos, el recurso más potente que existe. Los recuerdos, sobre todo aquellos que nos resultan agradables, se mitifican con el tiempo y se cae en la exageración. Un gol corriente se convertirá en golazo, una victoria agónica se convertirá en la victoria de nuestras vidas, pero si todo el mundo afirma que Carlovich era un genio, será por algo. La cultura popular no ama a los superhéroes que no comenten fallos, venera al héroe caído, a aquel que le resulta más parecido a sí mismo y que si le pinchas sangra. El argentino no podía ser más humano, era conocedor del don que tenía y tan solo lo mostraba cuando quería divertirse. Los aficionados de las gradas no eran capaces de conocer si ese había sido su último gran partido, porque con el ‘Trinche’ nunca se sabía.

Carlovich llevó la expresión de juego al último peldaño, porque para él eso era exactamente este deporte. Un instrumento para agradar a la grada, una manera de sacar a relucir el talento que Dios le había dado. No me considero una persona religiosa pero yo rezo, vete a saber a quién, para que sigan existiendo futbolistas como el rosarino. ¿Se puede querer algo que no se ha tenido? ¿Se puede admirar a un jugador que jamás viste patear un balón? Se puede y se debe, esa es la fuerza del relato. El ‘Trinche’ pasó a la categoría de leyenda sin haberle hecho falta fallecer, ahora su historia cogerá más fuerza y se convertirá en eterna. Transcender no debe ser el objetivo, el objetivo debe ser disfrutar lo máximo posible sin guardar nada en el tintero, aunque hasta a los genios como Carlovich siempre les quedó esa espina clavada de volver a escuchar a la grada decir aquello de: “Hoy juega el Trinche”. El fútbol seguirá siendo lo que es mientras el relato siga siendo su esencia.

Hasta siempre, ‘Trinche’: