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Heung-min Son: la sonrisa tímida que calentó el norte de Londres

En un fútbol donde la lealtad ya no es una moneda corriente, Heung-min Son decidió resistir en el mismo lugar. Diez años, más de 150 goles, 80 asistencias y una Europa League que rompió décadas de sequía en el Tottenham

Son

En agosto de 2015, el Tottenham Hotspur anunció la llegada de un joven surcoreano procedente del Bayer Leverkusen. Su nombre sonaba a promesa exótica para el gran público, pero no para Mauricio Pochettino, que había visto en él algo más que velocidad y disparo. El club atravesaba un momento de transición: Gareth Bale se había marchado dos años antes, Harry Kane emergía como ídolo local, y la directiva buscaba reforzar una plantilla que aspiraba a volver a la Champions League.

Heung-min Son llegó con 30 millones de razones para convencer, pero con una sonrisa tímida y un inglés rudimentario que dejaban claro que su adaptación sería un reto. Pero la historia de ese ariete introvertido en White Hart Lane y después en el Tottenham Hotspur Stadium se escribió con constancia y delicadeza.

Su primera temporada como ‘spur’ fue irregular: ocho goles en todas las competiciones, sufrió lesiones musculares y le costó hacerse a la exigencia física de la Premier League. Incluso llegó a valorar dejar el club al año siguiente, pero Pochettino le convenció para que se quedase; tarde o temprano llegaría su momento. Y el tiempo dio la razón al técnico argentino.

A partir de 2016, Son se convirtió en el socio perfecto de Harry Kane: uno de los dúos más prolíficos de la historia de la Premier. Entre 2015 y 2023, combinaron sus recursos para registrar entre los dos más de 40 goles, un récord en la competición. Aún así, siempre estuvo a la sombra del inglés. Son fue más su complemento. Más asistente que protagonista, más compañero que estrella. El coreano no buscaba los focos, se conformaba con iluminar el campo con diagonales, controles orientados y disparos secos desde la frontal.

Con Pochettino, el Tottenham vivió su etapa más brillante del siglo XXI: fue subcampeón de la Champions League en 2019 y se midió de tú a tú por el título liguero contra el intratable City de Guardiola. Esas hazañas no hubieran sido posibles sin su estelar pareja de delanteros.

 

Más asistente que protagonista, más compañero que estrella. El coreano no buscaba los focos, se conformaba con iluminar el campo con diagonales, controles orientados y disparos secos desde la frontal

 

Pero la gloria se les resistía, tanto al club como a los dos futbolistas. Mourinho, Nuno Espírito Santo y Antonio Conte pasaron por el banquillo londinense sin romper la sequía. Y ahí estaba Son, año tras año, con cifras que rozaban o superaban la veintena de goles, sin meterse en polémicas, sin protagonizar titulares estridentes.

En diez temporadas, Son ha disputado más de 400 partidos, ha marcado 173 goles y ha repartido 80 asistencias con la camiseta de los ‘spurs’. Cifras que lo colocan entre los grandes del club. Pero su verdadera aportación no es solo estadística: es la manera en que ha sabido mantenerse fiel a un proyecto que, a menudo, no le devolvió esa fidelidad en forma de títulos.

La recompensa tras años en blanco llegó en 2025, cuando la entidad ganó su primera Europa League. La final, disputada en Bilbao contra el Manchester United, tuvo guión de cine. El Tottenham ganó 1-0 y Son, visiblemente emocionado, levantó el trofeo como capitán. “Este momento es para todos los que han sufrido con nosotros”, dijo con la voz quebrada. Era la conclusión de un ciclo y, quizá, también su último gran acto de servicio al club.

Aunque su legado en Londres va más allá del césped. Fuera del campo, Son es un referente sin fisuras. Su imagen pública es impecable: educado, lejos de los escándalos, siempre dispuesto a firmar autógrafos o saludar a los aficionados. En Corea del Sur es un héroe nacional, y en el Reino Unido, un ejemplo de profesionalidad. Cero ego, cero incendios, cero concesiones al descalabro.

En un fútbol cada vez más marcado por la inmediatez y el ruido, Heung-min Son es la antítesis de los tiempos: un hombre que juega con calma, que celebra con mesura y que habla solo cuando es necesario. Quizá por eso, tras la marcha de Kane al Bayern de Munich en 2023, fue él quien heredó el brazalete. Y quizá por eso, ahora que deja el Tottenham, muchos sienten que no solo pierden a un jugador, sino una manera de entender el juego.

 

Sus cifras lo colocan entre los grandes de la historia del Tottenham. Pero su verdadera aportación no es solo estadística: es la manera en que ha sabido mantenerse fiel a un proyecto que no le devolvía esa fidelidad con títulos

 

Su adiós, oficializado este agosto, ha llegado acompañado de la confirmación de su próximo destino: Los Ángeles FC, en la Major League Soccer. El traspaso, valorado en unas 15–20 millones de libras, le convertirá en en uno de los futbolistas mejor pagados de la liga. Antes de volar a California, disputó su último partido en Seúl, ante el Newcastle, recibiendo un pasillo de honor y la ovación de miles de compatriotas.

Su marcha deja un vacío en el Tottenham que ningún fichaje podrá llenar del todo. Porque Son ha sido, sobre todo, una presencia: el sol en medio del invierno inglés, la sonrisa en medio de las derrotas, el gesto amable y humano en medio del caos competitivo.

Y eso es lo que nos queda. Los goles, las asistencias y la Europa League levantada en Bilbao figurarán como estadísticas. Pero la huella humana, la manera en la que jugó con amor y respeto, es su verdadera herencia. A veces, el título más importante es la memoria de haber sido querido.

 


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Fotografía de Getty Images.