Exjugador del club, Gaizka Garitano (Bilbao, 1975) empezó a entrenar al primer equipo del Eibar con 37 años recién cumplidos en Segunda B. Dos veranos después ya lo había ascendido a Primera, una categoría absolutamente nueva para el modesto club de esta población guipuzcoana de menos de 30.000 habitantes. Tras una primera vuelta histórica en la temporada del debut en la élite, el equipo se derrumbó y acabó decimoctavo, salvándose luego por el descenso administrativo del Elche. Garitano se marchó y ahora, tras dos breves experiencias en Valladolid y A Coruña, observa desde Bilbao –a donde regresó primero para dirigir al filial del Athletic y ahora para sustituir a Berizzo al frente del primer equipo- cómo la entidad a la que catapultó a la élite está totalmente consolidada en Primera.


Esta entrevista forma parte del #Panenka66, un número que todavía puedes conseguir aquí.


 

Llegas al primer equipo del Eibar procedente del filial, cuando había perdido tres promociones de ascenso a Segunda. ¿Había presión por subir?

El presupuesto era más bajo que en los dos años anteriores. Llevaban dos temporadas gastando mucho para ascender y no lo habían logrado. Pero sabíamos que el objetivo era intentar subir porque cada vez iba a quedar menos dinero. El club no tenía deudas, pero tampoco iba sobrado y si se demoraba mucho el ascenso iba a costar hacer plantillas competitivas. El objetivo era subir por la historia que tenía el club en Segunda A, entiendo… Sí, porque por dimensión del pueblo se diría que su lugar era más bien la Segunda B, pero el hecho de haber estado 18 cursos seguidos en Segunda obligaba un poco a intentar regresar.

Lo que era impensable cuando coges el equipo era imaginar que estaríais en Primera dos años después.

Hombre, siempre trabajas para ello, pero no era lo lógico. A pocos días de empezar la competición no teníamos cerrada la plantilla. Raúl Navas, que ahora está en Primera con la Real Sociedad, llegó casi en el cierre de mercado y no tenía equipo ni en Segunda B. Yuri se incorporó tras haber sido suplente en el Real Unión. A Ander Capa lo subí del filial, donde había estado conmigo en Tercera el año anterior…

¿Y cómo es posible que coincidieran en ese Eibar tantos jugadores por debajo de la categoría en la que se han consolidado después?

Era un grupo muy joven, con hambre e ilusión por hacer cosas importantes. Entrenábamos por las mañanas y muchos volvían luego por las tardes a sesiones voluntarias, al gimnasio… Y la dinámica que cogió el equipo también les empujó a crecer.

En Segunda sí que no existía ningún tipo de presión por ascender. Nadie esperaba nada de vosotros, que acababais de subir. ¿Fue eso una ventaja en contraposición con la exigencia que vivían algunos históricos de Primera?

Puede ser. Teníamos prácticamente el mismo equipo de Segunda B y de hecho en la primera jornada ganamos en Jaén 1-2 ante un rival que también acababa de subir y nos dimos cuenta de que nos costaría mucho. Pese a la victoria, fue un partido muy difícil y la sensación que tuvimos fue la de que todo iba a ser bastante más complicado. Pero luego el rendimiento que nos dieron dos de las incorporaciones, Jota Peleteiro y José Luis Morales, fue muy alto, y eso nos ayudó muchísimo. El equipo pronto se situó arriba y cogimos mucha confianza.

¿Y no temiste en ningún momento que al equipo le entrara el vértigo al verse tan arriba cuando se acercaba el final?

No, por la personalidad de los jugadores. Tenían mucho descaro. Ya el año anterior, estando en Segunda B, habíamos eliminado al Athletic de Bielsa en la Copa del Rey jugando la vuelta en San Mamés y los chicos habían respondido de maravilla al escenario y a la situación. Y prácticamente era la misma plantilla, por lo que ya sabía que estaban preparados.

 

“Aquel Eibar era un grupo muy joven, con hambre e ilusión por hacer cosas importantes. Entrenábamos por las mañanas y muchos volvían luego por las tardes”

 

¿Cuándo te diste cuenta de que podíais subir a Primera?

En el empate en Riazor ante el Deportivo ya lo vi claro. No sólo por el resultado, sino por las sensaciones que transmitía el equipo. Ya antes, más o menos cuando quedaban diez partidos y fuimos capaces de ganar al Sporting por 3-0 en casa, siendo ellos uno de los rivales más fuertes de la liga, me di cuenta de que teníamos mucha gasolina. Estábamos frescos. La plantilla era joven y se notaba que físicamente aguantaría hasta el final.

Una vez consumado el ascenso… ¿Cómo cambia tu vida? Más allá de la repercusión mediática, ¿cómo se modifica tu rutina como entrenador?

Pues prácticamente en nada. Porque cuando estábamos en Segunda B me pasaba todo el día en el campo. Siempre estaba allí con Zapico, que es el utillero y encargado del material y es toda una institución en Ipurua. A veces me dejaba las llaves y me quedaba más rato trabajando. Yo no metía en Segunda B una hora más que en Primera. Como te dije, venían jugadores a sesiones voluntarias. Ander Capa venía mucho, por ejemplo.

A Ander lo tuviste en el filial en Tercera y sube contigo al primer equipo. Y ahora está consolidadísimo en Primera.

Cuando estaba en el filial me acuerdo mucho de hablar con su padre, que tenía una carnicería y venía a los partidos a verle. Este tipo de historias son lo más bonito del fútbol. Ahora cuando lo veo jugando en Primera cada semana me alegro muchísimo por él. No sé si el padre sigue teniendo la carnicería.

Desde un punto de vista estilístico, se ha dicho muchas veces que contigo el Eibar abandona su estilo clásico del juego directo y empieza a intentar combinar por abajo. ¿Esto es tan así? ¿Realmente había sido siempre un juego de estilo británico?

Bueno, yo había estado ya antes en el club como jugador y como segundo entrenador de Ángel Viadero, y es cierto que históricamente se jugaba mucho por arriba y era todo muy físico, pero te diría que ya empieza a cambiar con Amorrortu [entrenador en 2003]. Él ya modifica el estilo y nos pide que combinemos más. Yo estaba en esa plantilla. Y luego llega Mendilibar en su primera etapa y también jugamos más por abajo porque teníamos futbolistas para ello [estaba David Silva, por ejemplo]. Cuando yo cojo al equipo como entrenador la idea sí es modificar de manera clara el estilo y el año de Segunda B jugamos mucho combinando. Pero en cambio, en Segunda A, cuando ascendemos, apostamos más por el contragolpe porque tenemos atacantes muy rápidos como Jota, Morales o Gilvan y nos beneficia jugar con espacios. El tener a dos centrales como Albentosa y Raúl Navas y a un portero como Irureta, muy dominadores todos ellos del área, nos ayuda a realizar esa apuesta.

¿Y en Primera?

Para mí la temporada de Primera es la mejor de las tres. Mejor que las dos anteriores de los ascensos. Es de la que más orgulloso me siento. La gente no se lo cree cuando lo digo, pero hacer 35 puntos con ese equipo en Primera División creo que tiene más mérito que lo anterior.

¿Por qué? ¿Era un equipo para descender?

Era un equipo de descenso sí o sí. Tenemos prácticamente el mismo equipo que en Segunda, o yo te diría que peor, porque se van Jota, Morales y Yuri, que eran importantísimos, y los fichajes que hacemos aportan muy poco, salvo Manu del Moral y algo de Javi Lara al principio, que sí nos ayudan. Hacemos 27 puntos en la primera vuelta con una plantilla sin experiencia en Primera. En el mercado de invierno se nos va Albentosa a Inglaterra y Raúl Navas se pasa casi toda la segunda vuelta lesionado. Acabamos jugando con Lillo y Añibarro como pareja de centrales. Añibarro llevaba muchos años en el club y era un profesional muy comprometido, pero estamos hablando de un central que había jugado toda su carrera en Segunda B y que debuta en Primera con 35 años. Lillo había jugado un par de partidos antes en Primera, pero era más lateral que central. Y acabamos jugándonos la permanencia con ellos dos como pareja titular. En serio, hacer 35 puntos con ese equipo…

 

“La gente no se lo cree cuando lo digo, pero estoy más orgulloso del año de Primera con el Eibar que de los dos ascensos”

 

 

¿Y por qué empezó tan bien?

Supongo que por la inercia que llevábamos de Segunda, la inercia ganadora, la ilusión… Pero eso te da hasta que te da. Llega un momento en el que se acaba. Y obviamente el equipo era otro con Albentosa y Raúl Navas como titulares. Como te digo, los fichajes casi no aportaron, así que no teníamos recambios.

¿Cómo viviste esos meses en los que veías que el equipo se desplomaba? Que no sumaba, que acumulaba derrotas consecutivas…

Pues mal. Yo veía que el equipo no estaba bien. O más que no estar bien, porque a veces un equipo no está bien pero se puede recuperar, veía que no había recursos. Que el equipo no sujetaba la categoría. El propio público lo veía. No se escuchó ni un pito en Ipurua en todo el año. La gente comprendía la situación.

¿Te ha quedado la espinita de ese Barcelona-Deportivo de la última jornada en el que el Barça ganaba 2-0 y al final, ya siendo campeón, el Deportivo aprovecha que se relaja y le empata? Si hubiese ganado el Barcelona, habríais quedado fuera de los puestos de descenso y nadie habría podido decir que os salvasteis en los despachos.

Claro. Ha quedado que nos salvamos por el descenso administrativo del Elche. Fue una pena, porque insisto en que hacer 35 puntos con ese equipo en Primera tuvo mucho mérito y habría sido bonito que nos hubiera dado la salvación automática sin tener que esperar. Afortunadamente luego repescaron al equipo y esa antepenúltima posición sirvió para ser el que se salvó. Y eso ha servido al Eibar para consolidarse en Primera y crecer mucho como club. Ahora es una entidad completamente diferente, asentada, sin tantas limitaciones para fichar.

¿Te arrepientes de haber dicho que si no os salvabais te ibas?

No. No me arrepiento. La semana antes del partido final ante el Córdoba ya se lo dije al director deportivo y se acabó un ciclo. Luego llegó Mendi y empezó otro que está siendo muy positivo para el club, así que me alegro mucho.