El Real Madrid se ha visto emparejado en los presentes cruces de cuartos de final de la Champions League con el Galatasaray turco. A priori, el favoritismo de los españoles está más que justificado. Pero los turcos se aferran al patrón diferencial de su entrenador para creer en la sorpresa. La historia de Fatih Terim, el ‘Emperador de Adana’, empieza a reclamar mayor reconocimiento.

Al salir del despacho de Galliani su rostro parecía más fruncido que otras veces. Nunca fue fácil arrancar una sonrisa a Terim, pero ese día la gesta parecía todavía más improbable. Una decena de fieles le esperaban en la salida de las instalaciones rossonere para dedicarle un último adiós, pero él, sin levantar la mirada ni un instante, les respondió con cuatro garabatos que ni tan siquiera podían considerarse autógrafos y se montó rápido en su coche. Tenía prisa por dejar atrás esa ciudad. Necesitaba como nunca volver a la tierra que le encumbró a pródigo.

No estamos satisfechos con los resultados que ha cosechado el equipo con este entrenador“. Estas fueron las únicas revelaciones oficiales que filtraron al exterior los cánones del órdago transalpino. Por un lado, poco revuelo, algo que sonaba ridículo tratándose de una secuencia con el ‘Emperador’ de protagonista. Y por otro, medio curso de vacas flacas, la agudización progresiva de los aficionados y una quinta posición en la tabla que resultaba insostenible para un club que en aquel momento ya tenía cinco galardones continentales grabados en su escudo.

Pero quizás nunca un final tan triste puso el germen al comienzo de algo tan próspero. El Milan movió pieza de inmediato y colocó a Carlo Ancelotti al mando y éste acabaría devolviendo a la institución al lugar que se merecen, con una década de triunfos incontestables. Por su parte, Fatih Terim cumplió con su voluntad. Reseguir otra vez sus anteriores pasos fue la mejor elección que pudo tomar para sanar su malherido temperamento. Turquía, su patria, le esperaba de nuevo con los brazos abiertos.

El club de sus amores

Ni Drogba, ni Yilmaz, ni Sneijder. El Galatasaray vuelve a presumir de un plantel repleto de figuras contrastadas conocidas en medio mundo. Pero su acérrima hinchada no duda en enfocar su mirada al banquillo cuando se le pregunta por la ocasión única que tiene el club de acceder a unas semifinales de la Liga de Campeones. Si el carácter de Terim le mantiene idolatrado por gran parte del país otomano, en el seno del club de los ‘leones’ su figura se ensalza a niveles inimaginables.

Es mucho más que un padre de familia serio, de piel bronceada y pelos blancos incrustados por la laca. Su carácter visceral y plante intimidatorio afloran cada vez que pisa el escenario público

Pero esta facultad divina no se le ha sido adjudicada por casualidad. La alimentó él mismo con el paso del tiempo, en parte gracias a su lealtad absoluta a unos colores. Vestido de corto, Terim no quiso abandonar la entidad que apostó por él en 1974 hasta el día de su retirada. Y ya con la pizarra en la mano, el idilio se mantuvo vivo.

En 2002 hizo suyo el puesto de entrenador en el Türk Telekom Arena, y sólo lo abandonó durante cinco temporadas para contagiar sus indiscutibles ansias de triunfo a la selección nacional del país. En ese lustro, Turquía se plantó en las semifinales de la Eurocopa de 2008 y sólo fue apartada de la final por la vecina Alemania.

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Cada fin de semana, el fútbol deja inhóspitas las dulces calles de Estambul. Los gritos del ‘Emperador’ resuenan en cada una de sus esquinas. Su enérgica gesticulación durante el trascurso de los encuentros plasma una capacidad innata para los dotes motivacionales. Terim es mucho más que un padre de familia serio, de piel bronceada y pelos blancos incrustados por la laca. Su carácter visceral y su plante intimidatorio se dejan notar cada vez que pisa el escenario público. Transmite seguridad y fe en las propias posibilidades, las mismas señas de identidad de un Galatasaray que se enfrenta a uno de los retos más mayúsculos de su centenaria historia.

Del silencio de Milán al bramido colectivo de la capital otomana. Hace unos meses volvieron a surgir los rumores que situaban al entrenador de Adana en la órbita de algunos equipos del Calcio -antes de firmar por el Milan había entrenado un año a la Fiorentina-. Pero lo más probable es que esta vez Terim se lo piense dos veces antes de afrontar un nuevo reto lejos de sus orígenes. “El fútbol es un estado de ánimo“, resumió Jorge Valdano en su día. Pues bien, cuesta imaginar que la euforia que llena los corazones de los hinchas del Galatasaray actualmente llegue a tener mejor estímulo que el talante y la furia de su entrenador y a la vez profeta.