Otra temporada más en la división de plata. Punto final. O no. Faltaba el último ingrediente para cerrar el curso de la forma más rocambolesca y surrealista posible. Si la categoría de plata del fútbol español ya es una categoría típicamente atípica, la jornada de clausura ha puesto la guindilla. Del Dépor-Fuenlabrada, los positivos por coronavirus, la disputa del resto de partidos y las consecuencias que ha traído y aún puede traer ya se hablará en otra ocasión. Esto no quita que, un año más, la Segunda División sea una de las ligas más competidas e igualadas del continente, sin ningún lugar a dudas. Basta con mirar las mínimas distancias en la clasificación definitiva.

Que haya ascensos, plazas de play-off y descensos aún por definir en el último partido es la tónica habitual de la categoría de plata. Es, de hecho, la razón de ser desde su creación ahora hace casi 90 años. Lo más raro es que no haya nada en juego justo antes de bajar la persiana, calzarse las chancletas, ponerse la camisa hawaiana e irse de vacaciones. La de la Segunda División es una historia de histeria. A continuación, en esta primera entrega, repasamos cinco de las ediciones que tuvieron en vilo a todos los cardiólogos del país en la recta final del campeonato.

1943-44: Saber hacer los deberes

La cruda y dura posguerra fue el escenario de una de las primeras grandes batallas en la Segunda División nacional. Las depuraciones, la represión o las cartillas de racionamiento marcaban el día a día en todos los rincones del país. Pero, pese a todo, allí seguía estando el balón. El Real Gijón -en aquel entonces, los anglicismos estaban prohibidos, cosas de la dictadura- logró el ascenso a Primera de forma tranquila, cómoda. Los rojiblancos llegaron a la última jornada sin jugarse nada, aunque tenían la potestad de ejercer como jueces. Por detrás podía pasar cualquier cosa. 

En una liga de 14 equipos, el partido de clausura debía definir el segundo de los ascensos, las dos plazas de promoción para subir, las dos de promoción para bajar y los dos descensos. Murcia, Zaragoza, Constància, Betis, Alcoyano y Xerez se peleaban por el caramelo; entre los murcianos (30) y los jerezanos (28) había tan solo dos puntos, los que daba una victoria. Por debajo, Osasuna y Valladolid (18), y Barakaldo y el colista Arenas Club (17), en un pañuelo de un punto, querían minimizar los daños y asegurarse, al menos, una plaza en la repesca.

El plato estrella de la última fecha reunía al segundo y al tercer clasificado; al Murcia le bastaba un empate, mientras que si el Zaragoza ganaba era equipo de Primera. Y fueron los murcianos los que hicieron los deberes, aunque no se conformaron con cualquier cosa. Buscaron el sobresaliente y el 4-1 final puso la guindilla al deseado ascenso. Mientras, los maños veían como la derrota y los otros resultados les dejaban incluso sin promoción. El Constància se aseguró la presencia en la eliminatoria contra una Cultural que no se jugaba nada (1-3) y el Alcoyano heredó la plaza del Zaragoza al vencer a Osasuna (3-1). A la postre, ninguno de los dos consiguió billete para Primera en la promoción. La victoria por la mínima del Sporting ante el Betis dejó a los verdiblancos sin premio. El drama del descenso se consumó en Pamplona y Valladolid, que arrancaban la tarde en zona de promoción. Barakaldo logró sobreponerse y doblegó por 3-1 a los blanquivioletas, condenándolos. La derrota de Osasuna, combinada con la goleada del Arenas al Hércules por 4-0, acabó mandando a los rojillos a los infiernos. Sin embargo, la última bala de los vascos no fue certera y perdieron ante el Ferrol en la promoción de descenso.

1957-58: Cortando cabezas 

Casi dos décadas después, el franquismo seguía campando a sus anchas. En 1958 alargaba sus tentáculos hasta África y nacía el Sahara español, territorio que tuvo bajo dominio hasta 1976. Mientras tanto, el balompié estatal seguía su metamorfosis y la Segunda División no encontraba la estabilidad necesaria. Formada por dos grupos, la Federación decidió que, después del verano del 58, la nómina de equipos se reduciría de 36 a 32. Así pues, tanto en el Norte como en el Sur entraban dos plazas más de descenso -ocho en total, además de cuatro de promoción- en una categoría en la que solo se premiaba a dos equipos con el ascenso.

La pugna por subir a Primera no tuvo demasiada historia. El Betis no pasó apuros en el Sur, aunque en el Norte Oviedo y Sabadell ganaron sus respectivos últimos duelos y llegaron empatados a la línea de meta (50 puntos), con los asturianos llevándose el gato al agua. Sin embargo, la pelea apasionante fue para evitar la Tercera División, muy reñida en ambos grupos. Hasta siete conjuntos norteños llegaban a la última jornada teniendo que repartirse las dos plazas de promoción y la única de descenso sin definir: Sestao (32), Girona (31), Terrassa, Dépor, Ferrol y Avilés (30), y Cultural (28). A los leoneses se les acabaron rápido las aspiraciones, al caer por 3-0 ante un Sabadell que iba con todo para apurar sus opciones de subir. Dictada la sentencia sobre los cuatro descensos, quedaban dos boletos para la promoción, que se adjudicaron, a mal gusto, Deportivo y Terrassa. Los catalanes fueron vapuleados por el Indautxu (3-1), así que tenían que esperar a que llegaran buenas noticias. Jamás llegaron, ya que, a excepción del Sestao, todos los rivales directos vencieron. Más rocambolesco fue el caso de los gallegos que, pese a borrar a La Felguera por 3-0, se vieron finalmente superados por el Avilés y el Ferrol. Los blanquiazules y los de rojo respondieron al ultimátum y lograron la salvación en la promoción.

Puede parecer difícil, pero las tortas en el grupo Sur fueron aún más abundantes. Ocho eran las escuadras haciendo cábalas de cara al último partido del curso. Hércules y Badajoz (34), Cádiz y Córdoba (33), Xerez, Recreativo y Atlético Ceuta (32), y Málaga (30) entraban en el reparto de dos pasajes directos a Tercera y dos más para la repesca. La victoria en el derbi ante el Alicante (1-2) dio aire al Hércules, mientras que al Badajoz casi le da un susto de los grandes, dejándose un punto (2-2) ante un San Fernando de vacaciones, viéndose obligados a rezar. Las plegarias surgieron efecto, ya que las victorias de Cádiz y Córdoba aliviaron a los tres clubes de todos los males. De hecho, el triunfo de los verdiblancos sobre el Recreativo (1-0) envió al decano de rebote a Tercera. Al Recre le acompañó el Xerez, incapaz de hacer cosquillas a un Betis (3-0) que puso el broche de oro a su temporada. Estos dos descensos se consumaron porque Atlético Ceuta y Málaga, con el agua al cuello, cumplieron su parte ante rivales apáticos y abandonaron las posiciones rojas a última hora. Semanas después, supieron aprovechar la clemencia de la promoción.

1964-65: Vietnam

Los 60 avanzaban y la sociedad española empezaba a destensarse. El régimen matizó su política y, en un intento para alejar las miradas de lo realmente importante, se inició un proceso de apertura. Apertura para lo que interesase, claro está. Y Europa pasó a interesar tanto que la selección se llevó, en 1964, su primera Eurocopa. En estas, un año después llegaron los muchachos del momento, el grupo de toda una época. The Beatles actuaron en Madrid y en Barcelona ante un público que cantaba sus canciones sin saber muy bien qué decían. Mientras, el movimiento hippie ganaba fuerza ante la situación en Vietnam. Sin embargo, el ya icónico ‘haz el amor y no la guerra’ fue un mensaje que no compró la Segunda División: la temporada 1964-65 fue apasionadamente hostil. De 16 equipos que tenía el grupo Norte, solo cinco llegaban a la última jornada sabiendo ya qué les deparaba el futuro para la próxima temporada. El Pontevedra jugaría en Primera, Real Sociedad, Racing y Celta batallarían un año más en la categoría de plata, y Real Unión bajaría al barro. A los 12 restantes les costó pegar ojo la noche antes de la fecha del desenlace.

En Gijón y en Sabadell despertaron con aquella sensación de haber descansado mal. Rojiblancos (38) y arlequinados (37) se jugaban la plaza que daba acceso a la promoción de ascenso a Primera. Sin embargo, las hostias como panes iban a darse por evitar caer a Tercera. Desde el séptimo hasta el decimoquinto, implicados. Indautxu, Burgos, L’Hospitalet, Langreo y Europa igualaban a 27. Con 26 estaban Barakaldo y Osasuna, primer equipo en zona de promoción. 25 marcaba el casillero del Ourense -vecino de los navarros-, que sacaba uno al Badalona, que no estaba únicamente en sus manos evitar el descenso directo y aspirar a la reválida de la promoción. Sin duda, una última jornada que comprendía múltiples duelos directos y que podía sacudir distintos destinos. Y así fue.

La contienda por subir unos y no bajar los otros se entremezcló por partida doble. Allí empezó a alterarse todo. El Sporting sufrió un durísimo y, sobre todo, inesperado revés en El Molinón ante Osasuna. El rotundo 0-3 sonó en Sabadell como el niño o la niña de turno cantando el ‘gordo’, ya que el resbalón de los asturianos dejaba la promoción a tiro para los catalanes. Mientras, Osasuna sacaba provecho a la machada y el resto de resultados le aseguraron abandonar la zona roja y sellar la permanencia. En la Creu Alta los locales aprovecharon el regalo y ataron la presencia en la promoción de ascenso -en la que subirían a Primera a costa del Murcia. El triunfo del Sabadell (2-1) dejó al Europa tocado, que se vio lastrado por el resto de marcadores y se tendría que jugar el pellejo en la promoción de descenso. El Barakaldo 2-0 L’Hospitalet aseguró ambas permanencias, el Burgos respiró tranquilo al superar al ya ascendido Pontevedra por 2-0, y la derrota del Langreo ante la Real Sociedad (0-1) a punto estuvo de traer consecuencias. El empate a uno del Badalona en casa de un indiferente Real Unión no hacía presagiar lo mejor, pero el 1-2 del Indautxu en Ourense supuso el desastre gallego en forma de Tercera División. Dos meses después, el Europa se aseguró en la repesca la permanencia en Segunda un año más.

1969-70: Vivo cantando, muero sufriendo

En 1969 sucedió algo que no se ha vuelto a repetir jamás. Ya fue toda una sorpresa que, en el año anterior, Massiel dejase a todo el continente boquiabierto con una minimalista pero pegadiza La, la, la. España ganaba Eurovisión por primera vez. En 1969, Salomé subía el listón y encadenaba el doblete con Vivo cantando. El panorama musical del país se las prometía felices. Sin embargo, el reinado continental acabó allí. Mientras tanto, la Segunda División encaró el cambio de década con algunos equipos viviendo cantando, pero muchos otros amenazados por un réquiem. Así pues, para el Sporting subir a Primera fue coser y cantar, acompañados por el Espanyol. Por detrás, las cantadas se pagarían muy caras. De los 20 conjuntos, al partido de clausura tan solo cinco se presentaban ya en chancletas.

Málaga (47) y Betis (46) se jugaban la última de las tres plazas de ascenso a Primera en la jornada 38. Pero la dimensión del premio no era nada comparada con el drama que había montado abajo. Que el Sant Andreu, octavo clasificado con 35 puntos a falta de un partido, pudiese acabar de rebote en la promoción de descenso, es la muestra de cómo de apretada estaba la lucha por la salvación. La misma puntuación atesoraba el Bilbao Athletic. Con 34 les seguían Ontinyent, Castellón y Racing de Ferrol, que marcaba la salvación. Osasuna, Burgos y Calvo Sotelo (33), además del Valladolid (32), conformaban el grupo que se la jugaría en promoción. Ilicitano con 31, Ourense y Murcia con 30, y Salamanca -ya descendido- con 28, ocupaban el descenso. 

El empate del Betis en Castellón (1-1) y la victoria del Málaga en Bilbao (1-2) significaron varias cosas: que los blanquiazules ataban el botín del ascenso a Primera, que los ‘orelluts’ no caían a la zona de peligro, y que los ‘katxorros’ -condicionados por el resto de marcadores- tendrían que disputar la promoción de descenso. Quien lograba evitarla era el Calvo Sotelo, que endosó un 5-2 a un Osasuna que sí tendría que jugarla. La victoria del Burgos ante el Ourense por 2-0 no le sirvió para escapar de los mismos puestos a pesar de liquidar a los gallegos, mientras que el empate a dos entre Ilicitano y Murcia dio oportunidad de repesca a los primeros, y condenó a Tercera a los segundos. Quien cayó al descenso directo a costa de los de Elche fue el Valladolid que, jugándose la vida ante el Ontinyent, perdió por un 2-1 que daba aire a los valencianos. Las victorias de Sant Andreu y Racing de Ferrol ante rivales que no se jugaban el pellejo no cambió nada. Ya a caballo entre junio y julio, el Burgos fue el único de los cuatro clubes capaz de reafirmar su condición de equipo de Segunda en la promoción de descenso. Solo uno afinó entre tanto gallo.

1978-79: Todo queda en familia

Muerto el dictador, florece la esperanza. El país tenía tantas ganas de inaugurar una nueva etapa que el término ‘Transición’ se ha sobado hasta la eternidad. Llegó la Constitución, las primeras elecciones generales democráticas desde la época republicana y las autonomías de Catalunya y Euskadi. También empezó a asomar el hocico la preautonomía de Andalucía, un proyecto aún por acabar de moldear y que tomaría forma definitiva unos años más tarde. Las bases del famoso ‘café para todos’ se estaban sentando. Y precisamente, como Pedro por su casa, para los conjuntos andaluces aquella temporada en Segunda fue como tomar el café en familia: bien relajados, después de una buena comida, felicitándose por el trabajo bien hecho. Así debía ser, ya que cinco de los primeros ocho clasificados eran de Andalucía, con el broche de monopolizar los tres ascensos. Casi nada.

Mientras el AD Almería (47) ya estaba de fiesta, sabiéndose entre los grandes el siguiente curso, a sus talones la última jornada conformaba un auténtico menú delicatessen. Dos plazas de ascenso directo a repartir entre cinco equipos; excepto el Málaga (45), Betis, Elche, Valladolid y Granada dibujaban un inverosímil cuádruple empate a 44. Un solo punto entre el segundo y el sexto clasificados, cuando se repartían dos por victoria. En la 38ª fecha liguera también quedaba determinar quién acompañaría a Terrassa, Barakaldo y Racing de Ferrol a Segunda B. Quien tenía más números era el Jaén, que con 32 puntos estaba a uno del Murcia. Por lo tanto, debía cumplir primero su parte.

Sin embargo, aquel final de temporada acabó siendo algo decepcionante. Como cuando uno está en el cine, agarrado a la butaca a punto de saltar. Todos los ingredientes que reúne la película llevan a pensar en un desenlace apoteósico, de aquellos que te hacen rascarte el bolsillo unos días más tarde para volver a saborearlo de nuevo. Ennio Morricone te acompaña de la mano al clímax. Y de repente, pantalla a negro: ‘Directed by Robert B. Weide’. No pasó absolutamente nada. Nada de nada. Los secundarios tuvieron miedo a ejercer su papel y nada se movió. En Málaga, los locales borraron al Dépor por 3-0 y, en Sevilla, el Betis se llevó el trascendental derbi sureño ante el Granada por 2-1; ambos sellaron el triple ascenso andaluz e hicieron estériles los esfuerzos de Valladolid y Elche. Tampoco varió la suerte para el Jaén. La vital victoria del Murcia sobre el Algeciras (0-1) dejó en agua de borrajas el triunfo jienense por la mínima ante el Alavés. El guionista de aquella temporada se quedó frito sobre la máquina de escribir antes de llegar al final.

 


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