“Por marcar un gol haría un pacto con el diablo”.

Alessandro Del Piero

 

El gol, como fin máximo y último del fútbol, como factor diferencial para sumar puntos o dejar de hacerlo, es la sentencia definitiva que distingue a los mejores de los que se quedan a las puertas del éxito absoluto, a un paso de campeonar, y a los que se quedan a las puertas del éxito los distancia de aquellos que sus esfuerzos se pierden difuminados entre cometidas insuficientes para lograr su propósito. Esta pirámide cruel y reveladora de las sensaciones de cada uno, alcanza muchos más escalones segregadores hacia su sótano, aunque en esta historia no nos atañen.

En Bilbao se han estancado en el tercer peldaño en este curso, el de los esfuerzos carentes de resultados y las intentonas que no superan la línea de gol, con unas estadísticas que señalan uno de los problemas endémicos que viene arrastrando el Athletic en las dos últimas campañas. Pasadas 27 jornadas del campeonato liguero, el conjunto vizcaíno es el segundo equipo con menos goles a favor (26) de la competición, solo por delante del Valladolid, siendo este su segundo peor registro en el último cuarto de siglo -en la 2014-15 llevaba un tanto menos a estas alturas-. Estas cifras han conllevado que los ‘leones’ hayan sido incapaces de marcar tres goles en un mismo partido y solo hayan celebrado dos dianas en seis ocasiones.

Coincidencia o no, el gol se marchitó en San Mamés cuando la luz de Aritz Aduriz comenzó a consumirse. El donostiarra luchó contra el carné de identidad más tiempo del esperado y lógico para cualquier ser que vive del gol. Fue el faro de ‘su’ Athletic cuando muchos, a su edad, ya están de vuelta. Pero nadie ha sabido nunca ganarle al paso del tiempo y pese a que el ’20’ pareciera aguantarle el pulso, su brazo empezó a torcer. Más lesiones, más fatiga. Menos tiempo sobre el césped, menos posibilidades para brindarle goles a San Mamés.

 

Iñaki Williams quizá aúna todo lo que no tenía el donostiarra, pero a la vez no posee lo que mejor definió a Aduriz en la etapa que mayor rendimiento le dio al club: el gol

 

Con el escaso margen de maniobra que le permite el mercado por la filosofía del club y por la confianza depositada sobre Iñaki Williams, estaba claro que el relevo en la punta de ataque iba a ser la ‘Pantera de Bilbao’, un polo opuesto a lo que era, y es, Aritz Aduriz. El Athletic pasó de la referencia a la velocidad, de la fuerza a la potencia y de la determinación a la imprevisibilidad. Iñaki Williams quizá aúna todo lo que no tenía el donostiarra, pero a la vez no posee lo que mejor definió a Aduriz en la etapa que mayor rendimiento le dio al club: el gol. “Trabajo, entreno y me esfuerzo día a día para que esas ocasiones en vez de al muñeco vayan a la red”, aseguró Iñaki Williams, en una reciente entrevista para Marca, al ser preguntado por las acusaciones de gozar de poca efectividad a la hora de encarar la meta rival.

Y es que la intermitencia de Iñaki Williams, tan capaz de ponerse al equipo a las espaldas para batir con un doblete al Sevilla en San Mamés como de pasarse desde entonces -la 19ª jornada- sin ver portería, es el reflejo de la escasez de recursos ofensivos del Athletic. Porque más allá de sus siete tantos, solo Raúl García, con cinco goles, e Iker Muniain, con seis, han acompañado con ‘soltura’ a Iñaki Williams de cara al gol. Nadie más en el cuadro bilbaíno ha podido celebrar más de dos goles en la presente campaña. Ni un Kenan Kodro que aún no sabe qué es marcar un gol como ‘león’, ni Aritz Aduriz por las molestias que sigue acarreando en su rodilla, ni los centrocampistas que llegan desde la segunda línea han aportado los goles necesarios para que el Athletic vea Europa como una posibilidad plenamente real y no como un barco que amaga con desaparecer y aproximarse por el horizonte a cada jornada liguera que pasa.

Con Gaizka Garitano, aunque el Athletic muestre mejor puntuación y un progreso en los registros defensivos, los números de cara a puerta se asemejan a los que dejó el equipo hasta la marcha de Eduardo Berizzo. Pasan las fechas, se consume la liga y el Athletic sigue sin encontrar la fórmula para batir con asiduidad a los guardametas rivales. Si un mito como Alessandro Del Piero, un tipo al que se le caían los goles de los bolsillos, era capaz de confabular negocios con Satán, a saber qué pasará por la mente de otros futbolistas cuando su pólvora se empapa.