Hoy no será posible tomar un bocadillo en el bar de enfrente de Mata Real antes de acudir a ver al Paços. El conjunto del norte de Portugal afronta el encuentro más importante de su historia, pero no podrá hacerlo en su feudo al no cumplir con las exigencias de la UEFA.

Pero todo lo que rodea a Mata Real y al FC Paços de Ferreira es digno de reseña, susceptible de ser mencionado y, finalmente, admirado por su sencillez. Pero hay que volver al sencillo establecimiento que está a escasos metros del estadio. Las horas previas al encuentro de ‘Os Castores’ se convierte en un hervidero de aficionados, un concierto incesante de movimientos de rodillas produciéndose al unísono. Los nervios están presentes antes de cada choque.

Entre tanto trasiego surge una figura tirando a espigada, que todavía guarda la estética de deportista. Es Joaquim Agostinho Silva Ribeiro, conocido futbolísticamente como Agostinho. Dos imágenes presiden la pared frontal del bar: una con la camiseta del PSG y otra con la del Real Madrid, aunque fuese en Málaga donde el extremo dejó más recuerdo de su calidad.

Natural de Paços de Ferreira (localidad de poco más de 8.000 habitantes), Agostinho nunca jugó con la camiseta amarilla y verde del club de su ciudad, aunque ahora está dentro de la directiva y siempre deja un rato sola a su mujer a cargo del bar para ver a su hijo iniciarse en el fútbol en las categorías inferiores.

El milagro cosechado por los pupilos dirigidos por Paulo Fonseca es digno de estudio, incluso de película. No saldrán jóvenes corpulentos profiriendo cánticos y proclamas sentimentales antes de saltar al césped para iniciar un encuentro de fútbol americano con el objetivo de ligarse a la jefa de las cheerleaders, pero el Paços se coló en la tercera posición del campeonato luso a base de trabajo y sencillez con un once inicial que no costó nada a la secretaría técnica.

Carlos Carneiro es la cabeza visible de esa cúpula que se devana los sesos para configurar una plantilla. La histórica del curso 2012-13 está desmembrada. Desde el técnico a cinco de los fijos para Fonseca en la carrera que se venció frente al SC Braga por llegar a la Champions League. En la sombra, como hace más de una década, Manuel Sousa, que con informes rellenados a mano realiza su muestreo, casi mágico, para terminar fichando jugadores modestos que al curso siguiente dan el salto a grandes de Portugal o el extranjero (Diogo Figueiras, Antunes, Josué, Luisinho…).

El Estádio do Dragão recibirá al Zenit de Luciano Spalletti en el bautismo del club en la máxima competición de clubes. Una meta que no pasaba por la mente de ninguno de los poco más de 1.500 abonados del club. No importa el resultado, porque llegar a estas instancias no entraba en las ecuaciones de los pacenses. Poder optar a la fase de grupos de la Champions y tener un mínimo de seis encuentros más entre los 32 mejores o en la Europa League bien vale toda una vida de lucha.

Lo que está claro es que el cuadro ahora dirigido por Costinha se dejará todo sobre el verde. Y bueno, entre el lujo del estadio del FC Porto quizás veamos alguno de esos magníficos bocadillos de salchichas con queso que sirve Agostinho y familia.