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El fútbol, como la política, son sentimientos, y nos resulta imposible mantenernos al margen, neutrales, en cada una de las rivalidades crónicas, de los derbis, que se disputan alrededor de todo el globo, por kilómetros que nos distancien del país en cuestión: Milan o Inter, Liverpool o United, River o Boca, Hamburgo o Sankt Pauli, Feyenoord o Ajax, PSG o Marsella, Olympiacos o Panathinaikos, Fenerbahçe o Galatasaray y Rangers o Celtic, entre tantos otros duelos fratricidas.

En clave Old Firm, pocos de los que nacimos en los 90, creo, pudimos resistirnos a la belleza de la elástica verdiblanca y al trébol de cuatro hojas del Celtic, al misticismo de los Hoops y a las rastas de Henrik Larsson y a su infinito carisma e insaciable olfato goleador; y aquella fascinación por el Celtic se ratificó, al menos en mi caso, con la llegada de tipos como Aiden McGeady, Shunsuke Nakamura, Jan Vennegor of Hesselink, Shaun Maloney, Thomas Gravesen, Gary Caldwell, Artur Boruc, Bobo Baldé, Stephen McManus, Evander Sno, Jiří Jarošík, Maciej Żurawski o Neil Lennon, el actual entrenador de los católicos.

A muchos, creo, no nos gustaba el Rangers de Glasgow en aquellos años, a pesar de contar con hombres como Dado Pršo, Steven Naismith, Barry Ferguson o Alan Hutton, pero a todos los futboleros nos partió el corazón ver como, en 2012, el club protestante de Ibrox Park entraba en bancarrota por una deuda desorbitada y caía al purgatorio; obligado a renacer y a recomenzar desde la cuarta categoría del fútbol escocés. Fue, supongo, como si nos arrebataran una parte de nuestra infancia, una más; aunque hubiéramos jugado muchos más Old Firms en la consola de los que hemos visto nunca por la televisión.

El Rangers necesitó cuatro años para volver a la Scottish Premiership, y en 2018, tras acabar tercero en la 2016-17 y en la 2017-18, justo por detrás del Celtic y el Aberdeen, reclutó como técnico a un Steven Gerrard que ha enterrado los fantasmas del pasado, y ha hecho salir el sol entre las negras nubes que oscurecían Ibrox Park. El club ha completado su resurrección de la mano del mito ‘red‘, que va coleccionando méritos y experiencia para ser considerado como candidato al banquillo de Anfield Road mientras su Rangers camina con paso decidido e imparable hacia un título de liga que ya lleva su nombre.

Después de ser segundo en las dos últimas ediciones de la Scottish Premiership, el cuadro protestante ha sumado 82 puntos de 90 posibles, con 26 victorias y cuatro empates en 30 jornadas, y 73 tantos a favor y apenas nueve en contra, y encabeza la clasificación con hasta 18 puntos sobre el Celtic. El conjunto verdiblanco ha alzado los nueve títulos de liga jugados desde 2011, pero el Rangers, a pesar de que no gana la competición regular desde la 2010-11, con Kenny Miller como pichichi (21), se mantiene en el primer puesto del palmarés del torneo con 54 títulos, casi 55, por los 51 entorchados del Celtic.

El equipo de Gerrard, que llegó a Ibrox Park con la única experiencia de haber entrenado en las categorías inferiores del Liverpool, ha jugado 42 partidos entre la liga, la Copa de la Liga y la Europa League, pendiente aún de debutar en la Scottish Cup, y lleva 35 triunfos, seis empates y tan solo una derrota; en la segunda ronda de la Scottish League Cup

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, ante el Saint Mirren.

Los ‘Gers‘ también han recuperado el prestigio perdido en Europa, y, de hecho, este jueves recibirán al Royal Antwerp belga en la vuelta de una de las eliminatorias de los dieciseisavos de final de la Europa League con la condición de favorito tras ganar por 3-4 en el Bosuilstadion de Amberes, con un doblete de Borna Barišić y goles de Joe Aribo y Ryan Kent. El equipo ha llegado a la fase eliminatoria tras vencer, en la previa, al Lincoln Red Imps gibraltareño, que en 2016 batió al Celtic en un partido que incluso tiene su propia entrada en la Wikipedia, al Willem II neerlandés y al Galatasaray y tras acabar primero en la fase de grupos, por delante del Benfica, el Standard de Lieja belga y el Lech Poznań polaco y con 14 puntos de 18 posibles.

El lateral derecho inglés James Tavernier, de 29 años, es, además del capitán, el máximo goleador del Rangers, con hasta 17 tantos en 41 partidos y con cinco goles más que los atacantes Alfredo Morelos y Kemar Roofe, que en verano llegó a Ibrox Park procedente del Anderlecht a cambio de cinco millones. Como Roofe, también llegó de la Jupiler League el prometedor Ianis Hagi, de 22 años e hijo del mítico Gica. El ‘7’, por el que el Rangers pagó 3,5 millones al Genk, lleva ya seis tantos y once asistencias, y se ha erigido en uno de los hombres puntales del equipo; al igual que el joven atacante inglés Ryan Kent, formado en la cantera del Liverpool. Los nombres de los veteranos Allan McGregor (39), Jermain Defoe (38) y Steven Davies (36) también sobresalen al repasar la plantilla de un Rangers que ya acaricia su 55ª liga. Y que hoy sueña con llevar al balompié escocés de nuevo a la primera plana europea, después de muchos años de fracasos del Celtic y con el recuerdo siempre presente de la final de la Copa de la UEFA alcanzada en el curso 2007-08.

Entonces, el cuadro de Ibrox Park, con Carlos Cuéllar, que fue el MVP del curso en la Scottish Premiership, y Nacho Novo, cayó ante el Zenit de Dick Advocaat y Andréi Arshavin, que en esos días se probaba el vestido de héroe que luego usaría en la Eurocopa. Pero hoy, tras volver con vida del purgatorio y completar un doloroso via crucis, esos recuerdos quedan mucho más cerca para un Rangers que, de la mano de Steven Gerrard, se ha curado las heridas. E Ibrox Park ha vuelto a sonreír; consciente de que, en el verde y en la calle, lo único que puedes hacer cuando te resbalas y caes al suelo, al infierno, es levantarte rápidamente; como hizo el eterno ‘8’ de Anfield en aquella tarde de abril de 2014 en la que se evaporó una Premier.

 


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Fotografías de Getty Images.