Andrew Robertson es un jugador silencioso, humilde, un futbolista que sigue corriendo más allá de los 90 minutos y lo da todo por el escudo. También es uno de los motivos por los que Klopp muestra su grata y larga sonrisa: el lateral izquierdo escocés es un luchador insaciable que entregaría el alma si la situación lo requiriera con tal de que su equipo salga victorioso. ‘Andy’ es un tipo que te llevarías a la guerra porque sabes que no te defraudará y lo dará todo por ti. Aunque se haya asentado ahora en la élite, el camino que realizó no siempre fue fácil. Supo remediar las adversidades y salir adelante con tal de poder escuchar al mundo del fútbol gritar su nombre, el nombre de uno de los mejores laterales del mundo.

Formado y rechazado posteriormente por el Celtic escocés a los 15 años por su baja estatura, el joven Andrew ya sabía que el fútbol no se lo iba a poner fácil y que tendría que luchar diariamente para conseguir sus objetivos. Tras pedir trabajo por Twitter en 2012, donde aseguraba que durante la juventud “la vida sin dinero es una mierda”, recaló en el Queen’s Park FC, otro equipo de su Glasgow natal, pero que no poseía el mismo caché que el conjunto de Celtic Park. Aún así, no perdió la esperanza de llegar a la élite y lograr ser un buen futbolista. Tuvo que forjarse desde la cuarta escocesa para llamar la atención de otro conjunto del país, el Dundee United, club que le abrió las puertas de la primera división y le permitió dar el salto a la Premier League gracias a su trabajo constante, vía Hull City. Con el paso de los años, quizá el club católico se dio cuenta de que había cometido un error al dejar marchar al que hoy es el jugador más reconocido de su país, además del capitán del combinado nacional.

 

“La vida sin dinero es una mierda”

 

El nuevo equipo inglés al que se unía nuestro protagonista bajó a la segunda división en su primera campaña. Volvió a la Premier al año siguiente, pero la alegría no duró demasiado tiempo, puesto que los de Yorkshire hicieron una desastrosa campaña que les condenó a perder la categoría de nuevo. A pesar de tres temporadas agitadas en Hull, la dirección deportiva del Liverpool quedó cautivada por aquel chico que acababa de descender de nuevo con el club del noreste de Inglaterra. De esta manera, Robertson puso rumbo a la ciudad de los Beatles, donde le esperaba un tipo con gorra y chándal dispuesto a hacer de él uno de los mejores laterales de la Premier. A los pocos meses de realizar su primer entrenamiento en la ciudad deportiva de Melwood con sus nuevos compañeros, ‘Robbo‘ (apodo que le pusieron en Liverpool) no tardó en ganarse un hueco en el once titular, dejando sin sitio al español Alberto Moreno. Al principio resultó complicado obtener minutos, pero acabó ganándose un puesto fijo en el equipo antes de llegar al ecuador del campeonato doméstico, donde colaboró con cinco asistencias y un tanto. El chico que pedía trabajo en las redes hacía apenas cinco años se convertía en uno de los pilares del entramado táctico de Jürgen Klopp, en el cual los laterales son piezas muy importantes.

Progresivamente, Robertson fue causando furor entre los aficionados británicos. Cuajó una buena primera campaña que no pudo premiarse con el colofón de la Liga de Campeones, aquella tan famosa y, a la vez desgraciada, por la lesión de Salah y los errores de Karius que dejaron sin opciones a los reds. Pese a ello, el destino les guardaba, un año después, una revancha en el trofeo por excelencia del fútbol europeo. Tras una temporada fabulosa en el campeonato doméstico, donde nuestro protagonista repartió once asistencias —una menos que su compañero en el flanco derecho, Trent Alexander-Arnold—, el Liverpool no pudo levantar el trofeo de campeón por “culpa” del curso imperial del Manchester City de Guardiola. Aún así, el ímpetu de ese grupo de jugadores dio lugar a una remontada increíble en semis de Champions frente al Barcelona que les permitió llegar a la final de Madrid, la ciudad del conjunto que hacía un año les había privado del éxito. Esta vez, Robertson pudo acariciar la copa. La cogió y la levantó al cielo dando una lección de que nada es imposible en el mundo del deporte.

Robbo’ es un jugador de los de antes, de los que ya no quedan, de los que se levantan cada día con ganas de comerse el mundo por muy difícil que se presente la situación. Como Russell Crowe en Gladiator, Andrew se calza las botas y aparece en su Coliseo, Anfield, dispuesto a luchar y a sacar de quicio al rival. Ese es su trabajo y lo hace fenomenal. En el ejército de Jürgen Klopp conviven todo tipo de soldados, y ’Andy’ es uno de sus mejores hombres.