El Real Madrid ha perdido dos partidos consecutivos en casa. El Santiago Bernabéu, de haberse enterado, se hubiese encendido. Siguen estando las redes y las columnas de la prensa, claro. Pero los adjetivos que de ahí se desprenden suenan tan exagerados ahora mismo… ¿Qué clase de desastre empieza y acaba en silencio, como si nada importara? En tiempos de excepción (de normalidad excepcional), el dato, dos derrotas seguidas como local, no acaba de ser más que una estadística fría. Nunca como en la era de la COVID-19 un partido de fútbol se pareció tanto a su resultado. Se siguen admitiendo matices que explican el tanteo: la disposición táctica, los cambios, las ocasiones falladas… Pero sin los aficionados en la fórmula, el Madrid perdió porque perdió. Ahora solo el fútbol explica el fútbol. ¿Qué producto es ese en el que toca remontada ‘merengue’ en casa pero no hay siquiera un Bernabéu capaz de hacer que los minutos sean molto longos? Lo llamamos fútbol porque se le parece mucho.

Semana europea y el himno de la Champions League que retumba con eco en el Camp Nou. La megafonía en un campo sin hinchas tiene algo de fantasmagórico. Una alarma que llega tarde. Advertencias en una noche de toque de queda. El ring de un teléfono en un piso vacío. Cierto es que el estadio barcelonista no acostumbra a ser una olla a presión. Pero sus abonados se reservaban las noches europeas para sacudirse de encima las largas jornadas laborales barcelonesas. Hoy teletrabajan o van del metro y el autobús a casa. Ahora, a su voz, la sustituye ese griterío intermitente, tan propio de los entrenamientos, que se intercambian jugadores y técnicos. También la suple el golpeo del balón, un sonido redondo y reconfortante que, sin embargo, hace meses que nos duele. Porque no debería estar allí, sino en los parques y plazas que se vacían y en los campos de regional que se precintan en fin de semana. Dicen que a la gent blaugrana le encanta Pedri, que aplaude al Messi menos goleador y que se entusiasma con cada acción de peligro llevada por Ansu Fati. No lo sé ¿Tú lo sabes?

 

¿Qué clase de desastre empieza y acaba en silencio, como si nada importara? En tiempos de excepción, el dato, dos derrotas seguidas en casa, no acaba de ser más que una estadística fría

 

¿Y si todos los resultados extraordinarios que nos está dejando esta temporada (sirva de ejemplo la Premier League) no fueran más que la representación del fútbol por el fútbol? Sin estadios que ganan y pierden partidos, sin equipos locales que evitan una goleada por la vergüenza que sienten al levantar la cabeza, con jugadores que de manera inconsciente se dejan llevar en los minutos finales de un cómodo 0-0, cuando la tensión tiende a bajar y la recompensa más razonable es una buena ducha. Desde el regreso de la competición tras el confinamiento, son varios los estudios que se han publicado respecto a la desaparición del factor público. Uno de los más completos es el que presentó la Universidad de Alicante el mes pasado. Tras el análisis de 41 ligas de 30 países, y más de 230.000 encuentros desde 1993, el documento constata que hoy los árbitros son menos caseros (a diferencia de lo que ocurría antes, ahora los locales cometen más faltas que los visitantes y ven más amarillas y más rojas). Además, según el trabajo dirigido por el economista Carlos Cueva, los de casa tienen un 4% de posibilidades menos de ganar, una diferencia que se dobla al ir ese porcentaje directo a las victorias visitantes.

Hablando de Barcelona y Real Madrid, el sábado se ven las caras. El Barça-Madrid esta vez será, más que nunca, ‘El Clásico’: un producto televisivo bien definido, garantía de éxito, del que se puede echar mano en el centro de la península, en Catalunya y hasta en Miami. La historia, por primera vez, solo descansará sobre los hombros de los futbolistas. Que tengan suerte. La tarde del sábado, hasta podrá parecer que tenían razón los que, en el mundo previo a la pandemia, se asomaban a la puerta del bar sorprendidos de ver a tanta gente al borde del llanto: “Solo es un partido de fútbol”. Con todo, algo nos dice que seguirá siendo algo más.

 


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Fotografía de Getty Images.