“Mi vida, mis amigos, mis vecinos, mi colegio, General Cabrera es mi pueblo y será siempre mi vida”. Estas palabras de Pablo, el ‘Cholo’, Guiñazú en una entrevista a El Gráfico son las que mejor le definen. El hijo del ‘Hurón’ cumplió los sueños de su padre, ganó una liga para Independiente, del que era hincha, y ahora ha vuelto a su Córdoba natal para defender la camiseta de Talleres. “Fue lo máximo vivir aquel título con mi viejo. Sentía que estaba jugando él mismo”, señala sobre su etapa en Independiente.

Ahora, a sus 40 años, Guiñazú sigue jugando para él y para su viejo. Se marcho de casa hace más de 20 años y siempre dejó la puerta de regreso abierta, pero jamás imaginó un desenlace así. Después de haber jugado en Europa, haber sido campeón de la Libertadores y el Sudamericano con Internacional en Brasil y haber disputado varios partidos con la selección argentina, el mayor de los regalos ha llegado en la recta final de su carrera. Al ‘Cholo’ nadie le ha regalado nada. Allí a donde fue demostró su sacrificio y entrega, si no uno no está a los 40 años siendo uno de los mejores centrocampistas del fútbol argentino. Esto es así.

Desde que debutara en Newell’s hasta demostrar que “un argentino puede ir a Brasil y romperla” ha pasado mucho. Volvió a casa en 2016 con 38 años. Muchos creerán que Guiñazú lo hizo arrastrándose, como si esa fuera la guinda del pastel a una carrera llena de éxitos. Pero quienes creen eso, realmente no lo conocen. Nada más volver a Córdoba se fracturó la mandíbula y ahí sí se le pasó por la cabeza la idea de retirarse, su mujer le quitó rápido ese planteamiento y le motivó para que cumpliera su sueño. “No serás un cagón, ¿no?”, le dijo. Lástima que su viejo ya no estuviera presente para verlo de nuevo en casa, tras tanto viaje por Italia, Rusia, Brasil o Paraguay.

 

“Nuestra tarea es luchar contra la Play Station para que los pibes vean jugar a los mejores y aprendan”

 

Talleres de Córdoba es un club humilde. Como otros tantos, sus orígenes se remontan a los trabajadores ingleses del ferrocarril. La Boutique de Nuevo Jardín es su casa, un estadio que con tan solo verlo desprende una magia asombrosa, dan ganas de saltar con un balón al césped. En 2004 el club sufrió una terrible crisis económica, llegó a adeudar 25 millones y terminó conducido por un fideicomiso. Al menos desde 2014 el club ha vuelto a los socios. Dos años después llegaría Guiñazú, jamás jugó para su gente y regresaba con la maleta llena de éxitos. Cuando el ‘Cholo’ volvió, el equipo se encontraba en la segunda división del fútbol argentino. Y como si de una película se tratara, Guiñazú ascendió a Talleres a la máxima categoría, a tres jornadas del final, gracias a un gol suyo que envió a la escuadra del portero de All Boys en el minuto 95. Tremendo. 

Ese día está marcado a fuego en los aficionados de Talleres, incluso más de uno se tatuó el rostro de Guiñazú para tenerlo eternamente en su piel. La pasada temporada el equipo de Córdoba terminó en quinta posición y el ‘Cholo’ fue elegido como uno de los mejores centrocampistas del torneo argentino. El choque generacional es terrible, muchos de los compañeros de Guiñazú no habían nacido cuando él debutó con Newell’s. “Nuestra tarea es luchar contra la Play Station para que los pibes vean jugar a los mejores y aprendan”, decía en una entrevista para La Nación. Atrás queda esa Libertadores que levantó al cielo junto a Sandro, Giuiliano, D’Alessandro, Taison, Damiao o Rafael Sobis. Incluso también queda atrás el jugar con Messi defendiendo el escudo de Argentina. Ahora Guiñazú ha vuelto a casa, no piensa en la retirada y mantiene la ilusión intacta de seguir jugando para su viejo.