Dybala es como un piercing en la nariz: te gusta cómo le queda a los demás pero no estás seguro de que a ti vaya a quedarte bien. Es las mechas californianas que dudas si hacerte cada verano. La letra china en la costillas que sopesas tatuarte. El patinete. El cigarrillo electrónico. Un galgo italiano. Dybala es todos esos placeres, casi caprichos, que no te compras porque, por muy bonitos que sean, no sabes si les darías el uso correcto.

Dybala no juega al fútbol, juega a la literatura. A veces juega bien pero siempre juega bonito. Si el fútbol fuera un ejercicio de estilo, casi onanista, Dybala ganaría la medalla de oro en la kata del balompié. Solo necesitamos sus gestos. Sobra el balón, sobran las líneas, sobran las porterías. Cuando el argentino corre parece que esté realizando una prueba perfecta de gimnasia artística. Se desliza sobre patines, a pasos cortos, como si fuera una muñeca de Famosa que se dirige al portal.

Y qué decir del golpeo. Dybala no chuta el balón, le susurra. Dybala no orienta el cuerpo, se acurruca. Dybala no marca, muerde como un vampiro. Hay jugadores bonitos, que te embelesan solo con verles. En los golpeos de Dybala es fácil perderse, igual que en sus ojos galácticos. Como si fútbol no tuviera un fin, como si bastara con verlo danzar, como si nadie tuviera que ganar. Hasta la celebración parece una obra de arte. De ahí que el apodo de la ‘Joya’, que le puso Marcos J. Villalobo, le vaya como anillo al dedo. “Al verle la pegada, llamaba la atención. Era un diamante en bruto”, explicó en La Nación el periodista argentino.

 

El heredero del ’10’ de la Juventus, que lucieron Del Piero, Baggio y Platini, no seguirá vistiendo la camiseta ‘bianconera’. Se va a ir de la Juve sin que Messi y Cristiano hayan abdicado y con Haaland y Mbappé esperando la corona

 

La única duda con su apodo es adivinar hasta qué punto se ha pulido en más de una década. El heredero del ’10’ de la Juventus, que lucieron Del Piero, Baggio y Platini, no seguirá vistiendo la camiseta ‘bianconera’. Se va a ir de la Juve sin que Messi y Cristiano hayan abdicado y con Haaland y Mbappé esperando la corona, como si los reyes se hubieran saltado generaciones. Incluso Vlahovic, ahora en su equipo, acapara más focos.

Si en la ‘Vecchia Signora‘ su rendimiento ha tenido altos y bajos, con su selección jamás ha tenido continuidad. Apenas ha disputado 16 encuentros oficiales, solo ha marcado un gol con la ‘Albiceleste’, no estuvo en el triunfo en la Copa América y su bagaje en los Mundiales se estanca 22 minutos de juego. “Nos ilusionamos con que Dybala podía ser un jugador top. O nosotros no supimos encontrarle un lugar o él no se adaptó”, dijo Sampaoli cuando era seleccionador, una frase que Dybala quiere espantar.

Ante el Inter, en la libertad de la mediapunta, se le vio suelto y con desparpajo. Algunos le piden más utilidad, más acierto, más productividad. Como entrar a un Tiger a por un destornillador negro. “Siempre he admirado a Ronaldinho y la idea de que el juego sea magia y no sufrimiento”, dijo Dybala a El País. Quizás lo único que pueda hacerse con Dybala sea admirarlo, un placer comparable a ver una película o leer un libro. El argentino es ese colgante o anillo que todos miran desde el escaparate. Una piedra preciosa que pronto será gratis, como si existieran robos legales. A ver quién consigue pulir una joya que no brilla cuando la usas, pero sí cuando la miras. Y a lo mejor con eso sea suficiente.

 


SUSCRÍBETE A LA REVISTA PANENKA


Fotografía de Imago.