Lionel Carole respira profundamente, suelta el aire con suavidad y enfila la decena de metros que separan el centro del campo del punto de penalti. Coloca la pelota con decisión mientras, frente a él, escucha los gritos de ánimo y nerviosismo de su afición. Si convierte su lanzamiento de penalti dará al Racing de Estrasburgo su tercera Copa de la Liga. Toma carrerilla, se perfila y el zurdazo atraviesa la línea de gol. Las lágrimas de emoción son incontenibles en el sector estrasburgués del estadio Pierre-Mauroy de Lille. Aunque han visto a su equipo triunfar en varias ocasiones -de hecho fue campeón de Liga en 1979-, los aficionados nunca habían sentido tanta alegría como en ese sábado de finales de marzo de 2019. No es para menos, claro; soñar con un momento así apenas tres años antes equivalía a estar loco.

El hundimiento

En 2011 el Estrasburgo está en CFA2. O lo que es lo mismo, la quinta categoría del sistema de
divisiones del fútbol galo. El principal club deportivo de la séptima ciudad de Francia, un equipo
histórico de la Ligue 1 que tan solo ha pasado una quincena de temporadas en Segunda en toda su existencia, está hundido en el pozo y se ve fuera del profesionalismo. El cuadro alsaciano llevaba un tiempo jugando con fuego y lo acabó pagando caro. Desde el año 2000 no superaba la décima posición en la tabla liguera y se aficionó a descender a Ligue 2 (2001, 2006) y recuperar su lugar en la élite al curso siguiente, ganándose el estigma de equipo ascensor. Aunque es de justicia señalar que ganó una Copa de Francia (2001) y una Copa de la Liga (2005) ya inaugurado el nuevo milenio, esos entorchados no lograron asentar un proyecto ni que se firmaran buenas temporadas en el campeonato doméstico.

En el curso 2008/2009, en Ligue 2, buscaron repetir el ascenso inmediato por tercera vez en la
década, pero fue en vano. Pese a llegar a la última jornada en segundo lugar, el Estrasburgo cae en campo del Montpellier y finaliza la temporada cuarto, obligándose a participar otro año en la categoría de plata.

Quizá aquel fue el punto de inflexión para el Racing. A la sensación de inestabilidad que
transmitía el club se le unió el gatillazo del ascenso, y si ya es difícil atraer grandes jugadores
estando en Segunda, aún lo es más con los hándicaps que arrastraban los alsacianos. Esa segunda temporada en Ligue 2 fue tormentosa para el Estrasburgo, con constantes cambios de entrenadores y presidentes, situación extradeportiva que afectó a una plantilla incapaz de evitar el descenso a National, la tercera división, una estancia que los de azul pisaban por primera vez en su historia. El RCS estaba fuera del fútbol profesional aquella temporada 2010-11, pero como bien sabe un sabio sector de nuestra sociedad al que denominamos pesimistas, si algo es susceptible de empeorar, empeorará. Desmoralizados y con un ruido en los despachos cada vez más ensordecedor, los jugadores firman una decepcionante primera vuelta, acabando en mitad de la tabla. Herida en su orgullo, la plantilla empieza a sumar de tres en tres, recuperando posiciones y recortando puntos con los equipos en puestos de ascenso en un frenético sprint final. Lamentablemente fue remar para morir en la orilla: el Racing finalizó otra vez cuarto, a solo tres puntos del regreso a Ligue 2, un nuevo rodillazo en la tripa para su sufrida y fiel afición, a quien cada vez le costaba más digerir esta concatenación de infortunios que escondía un nuevo y último capítulo.

Porque los problemas extradeportivos de los que hablábamos eran dificultades económicas que desembocaron en la liquidación judicial del club en agosto de 2011. Antes, ese junio, el Estrasburgo había sido descendido administrativamente a CFA (4ª división) por un déficit en su presupuesto, y dos meses después recibía la nueva mala noticia, porque una de las consecuencias de la mencionada liquidación era que, quedara como quedara en la clasificación de la cuarta categoría esa temporada 2011/2012, sufriría un nuevo descenso administrativo a CFA2 (5ª). Con eso en mente, los responsables de la escuadra alsaciana optaron por cortar por lo sano y en agosto de 2011 solicitaron el descenso directo a CFA2 para no alargar la agonía, categoría donde finalmente disputaron aquella maldita temporada 2011-12.

 

El RCS estaba fuera del fútbol profesional, pero como bien sabe un sabio sector de nuestra sociedad al que denominamos pesimistas, si algo es susceptible de empeorar, empeorará

La ascensión

Como bien sabe el lector, la historia del Racing Estrasburgo tiene un final feliz. El equipo cayó más abajo de lo que cualquiera hubiera podido imaginar, pero aunque vistan con harapos, los ricos siguen oliendo bien. Además de club histórico de la Ligue 1, el Racing es el equipo más importante de la influyente región francesa de Alsacia y en su peor momento, cuando las páginas deportivas de los periódicos regionales se llenaban de términos jurídicos, no fue abandonado por su maltratada afición, quien pese a todos los golpes nunca le volvió la espalda. El Estrasburgo debutó en Quinta con un 0-4 en Forbach y volvió a anotar un póker en la segunda fecha, esta vez en su estadio de La Meinau, donde reunió a 9.400 fieles, un récord de espectadores en la categoría en ese momento. Dos goleadas y un público a prueba de balas: el Racing empezaba lanzado la temporada y no pisaría el freno en los meses siguientes, devolviendo la confianza a los suyos con la oficialización del ascenso a CFA (4ª) el 12 de mayo de 2012, a falta de tres partidos, cerrando la temporada únicamente con dos derrotas.

Y las buenas noticias para el rico harapiento no acababan ahí. Porque es en el verano de ese 2012
donde vuelve a entrar en escena Marc Keller, exjugador en los 90 y arquitecto del resto de la
escalada del cuadro azul. Acompañado de un grupo de inversores y con el apoyo de la alcaldía y del gobierno regional, Keller adquirió el club por un euro simbólico, se rodeó de un equipo competente y se puso manos a la obra para que el Estrasburgo, su Estrasburgo, volviera a saltar al césped del Parque de los Príncipes, del Vélodrome o del Luis II. La figura de Keller contó con el beneplácito de todas las partes vinculadas al Racing por haber vestido de azul durante cinco campañas, por ‘ser de la tierra’ al haber nacido en Colmar, una bucólica localidad a una hora de distancia de Estrasburgo, y porque entiende a la perfección el ánimo del aficionado en todo momento: lo que siente la grada lo vive él de la misma forma.

El caminar del Estrasburgo por la temporada 2012-13 en Cuarta fue mucho menos poderoso que
en la anterior. De hecho, en abril de 2013 encajó un duro 0-4 en La Meinau que le descartaba
prácticamente para el ascenso a Tercera. No obstante, cinco victorias seguidas permiten que el
Racing llegue con opciones a la última fecha, donde se la jugará contra el US Raon, el primero en la tabla, a quien le vale un empate para subir. Por supuesto, el Estrasburgo se hace con el triunfo por 2-3 y firma su segundo ascenso consecutivo sin siquiera haber necesitado liderar la tabla en una sola jornada.

En National (3ª) la situación empezó a ponerse seria. Tanto, que en su regreso a esta categoría acabó descendiendo. Pero si la suerte fue esquiva cuando el equipo se encontraba en crisis, le echó un capote ahora que se había invertido la tendencia: al Luzenac, conjunto que había finalizado en segunda posición, le impidieron ascender a Segunda -un largo contencioso que merece un artículo aparte- por lo que el Estrasburgo pudo quedarse en Tercera. En la siguiente temporada, la 2014-15, el cuadro alsaciano fue nuevamente cuarto, a un punto de los puestos de ascenso, pero los jugadores y la directiva no se dejaron llevar por el desánimo y lograron su billete para Ligue 2 al tercer intento y por la puerta grande: como primeros del campeonato 15-16. En todos esos años la parroquia azul no dejó de acudir en marea al estadio, y de hecho eran los supporters los que conseguían colocar al Racing en los principales periódicos franceses al superar sucesivamente la cifra récord de asistencia en todas las divisiones por las que pasaba. 27.820 espectadores presenciaron en La Meinau el triunfo del Estrasburgo en la última jornada de la 14-15, aquel día en el que no obtuvieron el billete para Ligue 2. Casi 30.000 espectadores en Tercera. Estamos hablando de una cifra inalcanzable para muchísimos equipos de Primera de las grandes ligas europeas.

“Terminar entre los diez primeros ya estaría bien”. Esas eran las palabras de Jérémy Blayac, delantero del Racing, en verano de 2016 al periódico L’Équipe, en el retorno de los alsacianos al fútbol profesional. “Pensar que el Estrasburgo va a tener como objetivo la Ligue 1 desde este año es presuntuoso”. Escarmentados por su descenso-que-al-final-no-fue en la temporada 2013/2014, cuando aterrizaron en Tercera después de dos ascensos consecutivos, desde el este de Francia mantenían un perfil bajo en su retorno a Ligue 2 y solo mencionaban un posible ascenso a Primera para negar tajantemente que fuera su objetivo. No obstante, Keller y la directiva habían hecho un buen trabajo y habían dotado al proyecto de unos sólidos cimientos, por lo que las cosas empiezan a rodar desde bien temprano, sin sufrir ninguna derrota en los seis primeros encuentros y escalando hasta el cuarto puesto en el parón invernal. Bajo el mando de Thierry Laurey, su entrenador en la actualidad, y con el ariete marroquí Khalid Boutaib en estado de gracia, el Estrasburgo vuela y con el paso de las jornadas se postula como candidato al ascenso, pese a que su presupuesto, el séptimo de la categoría, no le situaba entre los primerísimos espadas. La afición, que además de fiel es exigente, empuja para que ese sueño inesperado, o no tan inesperado porque la prensa siempre tuvo al Racing en las quinielas, se haga realidad. Curiosamente Laurey y Boutaib ya habían ascendido a Primera con el Gazélec Ajaccio corso, por lo que su experiencia previa cuando las alturas podrían haber dado vértigo a los estrasburgueses fue reseñable. Al final, el RCS hace valer sus siete victorias y tres empates en los últimos diez compromisos y se proclama campeón de la Ligue 2 con nada más que tres puntos de ventaja sobre el ¡sexto! clasificado, el Nîmes, tan igualada fue la temporada. Boutaib, quien por cierto fue uno de los marroquíes que marcó a España en el enfrentamiento de la fase de grupos del Mundial 2018, anotó 20 dianas. Nueve años más tarde de abandonar Primera y seis después de dar con sus huesos en Quinta, el Racing de Estrasburgo volvía a la élite.

 

En 2012 vuelve a entrar en escena Keller, exjugador en los 90 y arquitecto del resto de la
escalada. Acompañado de un grupo de inversores y con el apoyo del gobierno regional, adquirió el club por un euro

 

El afianzamiento

El camino de vuelta a casa fue tortuoso pero al RCS le sirvió de catarsis. Ningún equipo quiere
descender o afrontar problemas financieros, pero los ejemplos de clubes que han visto muy de cerca el abismo y han salido reforzados del hoyo son demasiado numerosos como para pasarlos por alto. El Sevilla empezó a vivir su época dorada apenas cuatro años después de su último ascenso a Primera, el Getafe anterior a su reciente descenso deambulaba por la Liga sin más aspiración que la permanencia y ahora en su vuelta está peleando por entrar en Champions, y así mil ejemplos más. El Estrasburgo vivió unos años críticos que a punto estuvieron de condenarlo a la desaparición, pero de vuelta en la élite podía presumir de una estructura directiva competente, de un presidente que es de la región y ama el club y de una mágica comunión con la afición, factores de los que no disfrutaba antes de su batacazo.

Abonado al sufrimiento y a los desenlaces en las jornadas finales, el Racing de la campaña
2017-18, la de su retorno a la Ligue 1, evitó por un punto el descenso a Ligue 2. Tras alcanzar el parón invernal en la onceava posición y haberse aupado incluso al octavo puesto, los alsacianos fueron descomponiéndose en la segunda vuelta a un ritmo alarmante, sin conocer la victoria entre las fechas 26 y 36. Justo a tiempo, el triunfo llegó en la jornada 37: en La Meinau, frente a un Olympique de Lyon que se está jugando la Champions, el Racing (17º en la tabla) marcha 1-2 abajo a poco del pitido final. La locura se desata cuando Nuno da Costa primero, y Dimitri Liénard después, dan la vuelta al marcador y firman la salvación matemática de los estrasburgueses. Los deberes entregados el último día, como en el ascenso a Tercera en 2013, como en el ascenso a Primera en 2017. Para los pragmáticos no importaba cómo, sino que los azules repetirían entre los 20 mejores clubes del Hexágono. Una permanencia que a la larga le serviría para volver a levantar un título, concretamente el 30 de marzo de 2019.

Ese día Lille parece Estrasburgo. Luego del decenio de penurias, miedo y humillaciones que hemos diseccionado, el Racing vuelve a disputar una final de un torneo nacional y nadie en la ciudad más importante de Alsacia quiere perderse esa nueva cita con la historia, anegando por tanto la localidad de Lille, donde se disputará la final contra el EA Guingamp bretón, y tiñendo sus calles del azul estrasburgués. La prensa gala cifra en 30.000 los seguidores del RCS que invaden la ciudad fronteriza con Bélgica y en 8.000 los que participan en el cortejo desde el centro de Lille hasta el estadio Pierre-Mauroy, ubicado en el extrarradio. Diríamos la típica frase de que el Estrasburgo marcó el primer gol en esta final de la Copa de la Liga gracias a ese masivo apoyo de sus hinchas, pero el marcador no se movió del 0-0 inicial en los 120 minutos que duró el encuentro. Pese a que partía como favorito, el Racing, que había dejado por el camino hasta la final a Lille, Marsella, Lyon y Girondins, no demolió la resistencia de los bretones hasta la tanda de penaltis, en la que finalmente se impusieron por 4-1, ingresando Carole en la historia del club al marcar el lanzamiento definitivo.

Con el anuncio el pasado 30 de abril de la conclusión anticipada de la Ligue 1 a causa de la
pandemia del coronavirus, el Racing Estrasburgo terminó la temporada en décima posición, mejor que la 15ª de la 17-18 y la onceava del año pasado. Un síntoma de que el cuadro alsaciano está asentándose de nuevo en la cumbre y dejando atrás su decenio de pesadilla. El parón provocado por la Covid-19 amenaza con golpear duro, pero la resiliencia adquirida estos años le ayudará a sobrellevar esta situación mejor que muchos de sus rivales. Cuando vuelva la normalidad habrá que estar atentos a sus pasos.