Mi primer villano favorito fue Ahn Jung Hwan, aquel delantero coreano, de anárquica melena, que, siendo futbolista del Perugia italiano, echó a la ‘Azzurra’ de los octavos de final de la Copa del Mundo del 2002 con un cabezazo en el minuto 117. “Basta. Este no volverá a poner un pie en Perugia. No lo quiero ver más. Ha ofendido al país que le ha acogido. He dado órdenes para que no regrese al club. Estoy indignado. Ha herido mi orgullo de italiano. No voy a pagar el salario de un hombre que ha sido la ruina de nuestro fútbol. Que regrese a Corea a cobrar cien liras al mes”, proclamó Luciano Gaucci, el presidente del conjunto transalpino.

Un pésimo arbitraje en el duelo de cuartos de final contra España ensombreció para siempre el recuerdo que tendremos de aquella selección coreana que, de la mano de Guus Hiddink, desafió la lógica, pero los árboles no deberían escondernos el bosque. Como enfatizaba Santi Segurola en las páginas de El País, “pocas veces un equipo ha protagonizado la clase de historia de los coreanos, a cuyo milagroso recorrido por el Mundial se ha añadido un país entero. Durante un mes, lo que parecía imposible se convirtió en improbable. Y luego en real. De repente, la gente se sintió con el derecho a fabular con la posibilidad del gran desafío”. Un tanto de Michael Ballack les despertó del sueño cuando ya acariciaban la gran final, pero los surcoreanos jamás olvidaran la proeza que materializaron superhéroes de carne y hueso como Ahn Jung Hwan. O como Lee Chun Soo, que un año después llegaría a Anoeta para convertirse en el primer surcoreano en jugar en la máxima categoría de nuestro fútbol.

Rudi Völler consuela a Lee Chun Soo.

Deslumbrados por el nivel que ofreció El Beckham de Corea, que en 2002 fue galardonado con el premio al mejor jugador joven de Asia, la Real Sociedad, flamante subcampeona de liga, desembolsó tres millones de euros para hacerse con los servicios de un futbolista que, procedente del Ulsan Hyundai, desembarcó en Donostia como una auténtica estrella. Fue tal la ilusión que provocó su fichaje que incluso Panini le incluyó en la sección de Megafichajes junto a Júlio Baptista (Sevilla), David Beckham (Real Madrid), Ariel Ibagaza (Atlético de Madrid), Gabriel Milito (Real Zaragoza), Ricardo Oliveira (Valencia), Martín Palermo (Betis), Juan Román Riquelme (Villarreal) y Ronaldinho (Barcelona). “EXÓTICO Y RENTABLE. La Real se ha abierto al mercado asiático con este imparable correcaminos”, proclamaba la carta de Lee Chun Soo (09.07.1981; Incheon, Corea del Sur) en un intento de resumir las cualidades de un delantero, tan versátil como talentoso, que acostumbraba a partir desde el flanco derecho del ataque, aunque podía actuar en cualquiera de las posiciones avanzadas. “Es un tipo menudo y rápido, muy ratonil y fibroso, con visión para encontrar rendijas, incansable, siempre atento y con capacidad para estar en todas las escaramuzas”, apuntaba un artículo del ABC.

“La contratación de Lee Chun Soo parece cubrir una de las principales carencias de la última Real: la ausencia de Nihat. Cuando el delantero turco faltaba no había en la plantilla un sustituto natural. Bien es cierto que el inexperto internacional coreano no es ni mucho menos Nihat, pero su velocidad y carácter recuerdan mucho al juego del turco. Un fichaje que muchos han visto como puro márquetin, pero, tras lo demostrado en la pretemporada, Lee Chun Soo tiene cualidades suficientes como para jugar muchos minutos en la nueva Real”, añadía otro esperanzador reportaje del ABC, intentando convencer al lector del rol que podía jugar Lee Chun Soo, que, después de firmar siete dianas en 18 encuentros con en la K League, se comprometió con el cuadro ‘txuri-urdin’ para tres cursos, en una temporada que para la Real Sociedad se presentaba “complicada porque superar el segundo puesto de la pasada campaña parece un sueño inalcanzable. Si a este listón se añade su participación en una competición tan exigente como la Liga de Campeones, los de Raynald Denoueix están ante una auténtica reválida para un club considerado como modesto en los últimos años”.

 

“‘Exótico y rentable. La Real se ha abierto al mercado asiático con este imparable correcaminos’, así definió la colección de cromos de Panini al que fue el primer futbolista surcoreano en jugar en Primera”

 

Contagiándose de la pasión que su llegada al balompié español despertó tanto en Donostia (medio centenar de aficionados ‘txuri-urdin’ crearon la Peña Realista Lee Chun Soo de Altza) como en Corea (de los 12 periodistas que cubrieron el stage de pretemporada que la Real hizo en Austria, hasta ocho eran paisanos de un Lee Chun Soo que llegó a proclamar que “en Corea soy un emperador”); el nuevo ’19’ de la Real incluso se animó a reconocer que quería “ganar al Madrid y al Manchester United en Europa. Espero marcar muchos goles. Mi mayor deseo es marcar un gol en la Champions League. “Soy el primer coreano de la liga española. Espero que, con mi llegada, se les abran las puertas a mis compatriotas. La cuestión es adaptarme lo antes posible. Tengo ganas de mejorar mi fútbol, de satisfacer las esperanzas de la Real”, añadió Lee Chun Soo en una presentación en la que también se postuló como el ingrediente que le faltaba al conjunto de Anoeta para conquistar el campeonato español.

Aquella Real no solo no alzó el título de liga, sino que incluso estuvo a punto de perder la categoría; una realidad que ilustra a la perfección la pésima temporada que completó un Lee Chun Soo que, incapaz de responder a las expectativas, irracionalmente altas, que se habían depositado en él, apenas disputó 13 partidos de liga. Fue titular en tres de las cuatro primeras jornadas (tan solo volvería a serlo una vez más), pero pronto empezó a desaparecer de los esquemas de Denoueix, un técnico del que, como admitía en el Mundo Deportivo, no conserva “un grato recuerdo. No éramos muy compatibles. Era muy buen entrenador y muy buena persona, pero no hubo nunca una buena conexión”. “Guardo un recuerdo agridulce de mi paso por la Real. Era muy joven, era mi primera experiencia fuera de mi país. Fue muy difícil. El cambio de vivir en Corea a hacerlo en otro país con una cultura totalmente diferente fue demasiado drástico. No creo que fuera por culpa de la presión. Podía haber dado un poco más, pero no estaba preparado para ese salto”, admitía Lee Chun Soo en la misma entrevista.

 

“Fue muy difícil. Podía haber dado un poco más, pero no estaba preparado para ese salto”

 

Lee Chun Soo nunca pudo ser el jugador determinante que la afición ‘txuri-urdin’ esperaba (“Volvió a jugar Lee Chun Soo, pero como si nada. Lo más atrevido que ha hecho desde que llegó a San Sebastián ha sido teñirse el pelo, pero futbolísticamente apenas ha aportado nada”, escribía Óscar García en la crónica de El País del partido de ida de la eliminatoria de octavos de final de la Champions League contra el Olympique de Lyon); así que la Real decidió cederlo al Numancia para que recuperara su fútbol. Pero lo cierto es que en Soria las cosas no hicieron más que empeorar. “Hizo un primer partido espectacular, pero eso fue todo. No se adaptó a Soria”, recordaba el fisioterapeuta del cuadro numantino en una entrevista en El Diario Vasco, escenificando la mala campaña que protagonizó un Lee Chun Soo que apenas participó en 15 partidos de liga. Los nueve minutos que jugó en la visita del Real Madrid a Los Pajaritos del 30 de enero de 2005 (1-2), de hecho, fueron los últimos que disputó con la elástica del Numancia, que acabaría bajando a Segunda. En marzo de aquel mismo año, el conjunto soriano y la Real acordaron dar la cesión por concluida y los ‘txuri-urdin’ aceptaron una interesante oferta del Ulsan Hyundai, que pagó dos millones para repescar a Lee Chun Soo.

El futbolista surcoreano aterrizó en la K League a mediados de temporada, pero, haciendo gala de todo el talento que le había convertido en uno de los jugadores más prometedores del balompié asiático, comandó al Ulsan Hyundai hasta la consecución del título de liga al anotar un hat-trick en el partido de ida de la final. Incluso fue galardonado con el premio al MVP del campeonato, una distinción que le sirvió para acabar de convencer a Dick Advocaat de que era el futbolista idóneo para ocupar la banda derecha del ataque de la selección surcoreana en la Copa del Mundo del 2006. Los Guerreros Taeguk, eliminados en la fase de grupos, no pudieron ni acercarse a la hazaña que protagonizaron cuatro años antes, pero Lee Chun Soo se despidió de Alemania con la satisfacción de haber celebrado su primer (y único) gol en un Mundial.

Las buenas vibraciones que transmitió en aquel Mundial, unidas al excelente nivel que ofreció con el Ulsan Hyundai, tanto en la temporada 05-06 como en la 06-07, provocaron que su nombre volviera a sonar con fuerza en el fútbol europeo. Los tabloides ingleses hablaban de un más que posible interés del Chelsea de José Mourinho, del Fulham, del West Ham, del Portsmouth y del Wigan, pero acabó recalando en un Feyenoord que desembolsó dos millones de euros para hacerse con los servicios de un Lee Chun Soo que en su puesta de largo como nuevo futbolista del cuadro de De Kuip reconoció que su mala experiencia en Anoeta le había obligado a pensárselo mucho antes de aceptar regresar a Europa. El voluntarioso delantero de Incheon aceptó el reto, pero Bert van Marwijk apenas le utilizó en 12 encuentros de la Eredivisie y en dos de la KNVB beker, una competición que el Feyenoord acabó imponiéndose al Roda en la final, aunque Lee Chun Soo tan solo jugó el partido de la tercera ronda y el de los octavos de final.

Vencido, derrotado por no haber podido anotar ni un solo gol en sus tres aventuras en el balompié europeo, el atacante surcoreano volvió a casa de la mano del Suwon Bluewings. Pero su carácter controvertido, e incluso problemático en algunas ocasiones, le jugó una mala pasada. Y es que en un encuentro contra el Incheon United, fue expulsado y sancionado con hasta seis partidos por haber utilizado “lenguaje abusivo” y haber empujado al colegiado. “Sus actos han decepcionado a los aficionados y han empañado el honor de nuestro club”, rezaba el comunicado que emitió el Ulsan Hyundai, que le obligó a realizar tres días de trabajos sociales en un orfanato de la ciudad. “Hablé agresivamente para demostrar la confianza que tengo en mi mismo. Cuando estoy sobre el césped estoy muy contento, pero después de los partidos me siento pequeño porque vuelvo a la vida normal”, argumentó un Lee Chun Soo que, después de que el Suwon Bluewings cancelara su cesión, recaló en el Jeonnam Dragons.

La surrealista trayectoria de Lee Chun Soo alcanzó su cénit en Gwanyang, al sur de Corea del Sur. El futbolista de Incheon no solo se peleó con el cuerpo técnico hasta el punto de que fue relegado al equipo reserva, sino que, en el marco de un acuerdo secreto con el Feyenoord y el Al-Nassr, también firmó un contrato falso que tenía que acabar sirviéndole para llegar libre al conjunto de Arabia Saudí. Lee Chun Soo, que todavía tenía contrato con el Jeonnam Dragons, fue castigado por la federación surcoreana, que le prohibió volver a jugar en el país hasta que el cuadro de Gwanyang no le perdonara. La sanción tan solo se aplicaba en el balompié surcoreano, así que el exfutbolista ‘txuri-urdin’ pudo proseguir su carrera en el Al-Nassr y en el Omiya japonés, pero lo que él ansiaba era poder disfrutar sus últimos años futbolísticos en su país, así que, como rememoraba Ángel López en el Mundo Deportivo, empezó a asistir “a todos y cada uno de los partidos del Jeonnam Dragons para pedir perdón, más bien suplicarlo, a los dirigentes, técnicos, empleados y, uno a uno, a decenas de aficionados del equipo”.

 

“No sé si fui un buen futbolista, pero al menos puedo decir que lo di todo”

 

El conjunto de Gwanyang acabó indultándole, así que Lee Chun Soo pudo enrolarse en las filas del Incheon United, el equipo de la ciudad en la que nació. El surcoreano, un auténtico ídolo de masas en su país, tuvo que esperar unas cuantas semanas para debutar, pero pronto se erigió en uno de los referentes del equipo, en uno de los grandes atractivos de la K League. Lee Chun Soo volvía a sonreír, pero el enésimo episodio extrafutbolístico, una pelea en un bar de la que el exrealista llegó a reconocer que no recordaba nada porque estaba borracho, ensombreció su enésimo intento de consagrarse como uno de los mejores futbolistas de la historia de Corea del Sur. El atacante de Incheon acabó colgando las botas en 2015. Lo hizo mediante un comunicado en el que reconocía que quería que le recordaran como “un trabajador. Desde mi infancia, me entregué al fútbol con un espíritu obstinado e incansable porque no quería que la gente dijera que, a pesar de mi talento, no podía dedicarme a esto por mi físico. Me siento un afortunado. No sé si fui un buen futbolista, pero al menos puedo decir que lo di todo”.

Porque lo cierto es que quizás Anoeta jamás llegó a disfrutar de la calidad que siempre atesoró, que los problemas de adaptación hicieron que se despidiera del balompié español sin firmar ni siquiera un tanto, pero, además de abrirles la puerta a los cinco jugadores surcoreanos que han seguido sus pasos en España (Lee Ho Jin, Racing de Santander; Kim Young Gyu, Almería; Park Chu Young, Celta de Vigo; Lee Kang In, Valencia; y Seung Ho Paik, Girona), Lee Chun Soo formará parte para siempre de aquel grupo de futbolistas de los que casi nadie nunca se acuerda, pero que nos sacan una sonrisa cuando rescatamos su recuerdo del olvido.