Lola llega nerviosa al Calderón. Ésta no es una noche cualquiera. Hoy debuta el Atleti en Champions y en casa. Mira el reloj, se aposenta en su asiento, y se deleita con la melodía que empieza a resonar. El compás de esas notas le recuerda el mayor logro de su carrera, que se hará efectivo una semana después. ¿Quién iba a decirle, hace algo más de una década, que esto pudiera suceder? Sus chicas jugarán el primer partido de Champions en la historia de la sección femenina del Atlético. Mientras, Lola intenta no dejarse llevar por los nervios y se concentra en el partido que está a punto de comenzar. El ‘Cholo’, como siempre, aspavienta en el área técnica. “¡Qué manera de sufrir!”. Sobre las once, en el Manzanares, avanzarán cabizbajos los colchoneros derrotados hoy por el Benfica. Lola, que ya enfila hacia casa, solo quiere pensar en que, en unos días, por fin, les toca a ellas.

En 2001, Lola tenía 35 años. A esa edad, ya había sido campeona de España de judo, había renunciado a este deporte por la dirección de una empresa hostelera y había decidido enfundarse unos guantes de portera de fútbol. Acababa de vivir una lamentable situación, aunque nada extraña ni excepcional; se relevó la dirección del Coslada CF y, ante la falta de presupuesto, la sección femenina del club debía desaparecer. 36 jugadoras quedaban sin equipo y sin recursos. Necesitaban un nombre y un escudo. Sin embargo, no todo en Coslada fue motivo de disgusto. Allí, el fútbol unió a dos compañeras de éxitos y batallas que encabezarían una propuesta tan valiente como necesaria. Lola Romero y María Vargas se presentarían en los despachos del Vicente Calderón, picarían a la puerta y pedirían refundar el fútbol femenino del Atlético de Madrid.

El fútbol unió a dos compañeras de éxitos y batallas que encabezarían una propuesta tan valiente como necesaria. Lola Romero y María Vargas se presentarían en los despachos del Vicente Calderón, picarían a la puerta y pedirían refundar el fútbol femenino del Atlético de Madrid

Ante una prudente afirmativa del entonces presidente Jesús Gil –no sin alejarse totalmente de la gestión administrativa – el ‘Féminas’ se integró en la estructura de la liga estatal, que, en aquel entonces, era la que era. Por eso Lola y María nunca hablaron entre ellas en términos de éxito a corto plazo, ni títulos, ni siquiera de convertir al Atlético en una referencia del fútbol femenino español –no hablemos de jugar una Champions–. Hablaron de estructura de club, de centenares de niñas, chicas y mujeres con aspiraciones, y de maneras de sobrevivir. Porque, como afirmó recientemente la propia Lola Romero “el fútbol femenino es como una empresa (más que el masculino), porque somos supervivientes del día a día”, y en eso de gestionar compañías experiencia no le faltaba a la que en 1984 fue la mejor yudoca del país.

¿Qué me pongo hoy?

De corto, chándal o traje. El ciclo vital soñado por la mayoría de futbolistas pasa por estos tres atuendos. El jugador, el entrenador y el que mueve los hilos desde la oficina enganchado a un teléfono móvil. Haber vestido cualquiera de ellos en la historia del Atlético sería haber aportado a la entidad un granito de arena. Haberlos lucido, combinado, y descartado todos en más de una ocasión, es haber dedicado la vida a una idea. Después de colgar las botas, Vargas es hoy la directora deportiva y vicepresidenta del ‘féminas’ y Romero, la presidenta. Cuando el pasado mes de mayo se confirmó la participación de las colchoneras en la competición de clubes más importante del mundo, la euforia nada contenida obligó a echar la vista atrás y reconocer el trabajo de los últimos 15 años. Si la aventura empezó con una cesión de Jesús Gil del escudo y camisetas de antiguas temporadas a ese grupo de chicas dispuestas partirse los cuernos por defenderlas, alcanza hoy su punto más álgido con un encuentro europeo de una sección totalmente integrada en el organigrama atlético. Esta noche y en el Cerro del Espino, María y Lola volverán a deleitarse con esa la melodía previa al partido. Esta vez toda suya. Su primer partido de Champions.