“No podemos olvidar de donde venimos. Ni donde estamos. Ni quien somos”, repite, convencido, Baldomero Hermoso (‘Mere’), el técnico de un Fuenlabrada que está escribiendo una preciosa historia en la temporada de su debut en la categoría de plata del balompié español. Desafiando la historia, rebelándose contra la lógica, el conjunto madrileño ha encadenado tres victorias en las tres primeras jornadas de  la liga, situándose así en un liderato que ahora comparte con el Cádiz. Lo ha hecho, además, jugando los tres partidos con los mismos once futbolistas como titulares, con los mismos once futbolistas que el pasado 2 de junio sellaron el ascenso, tan histórico como ansiado, del Fuenlabrada al fútbol profesional: Biel Ribas; Mikel Iribas, David Prieto, Juanma Marrero, Cristian Glauder; Pablo Clavería, Cristóbal Márquez; Hugo Fraile, el francés Randy Nteka, José Fran Agulló; y el peruano Jeisson Martínez.

“La Segunda División son 42 jornadas en las que todo da muchas vueltas.  Pero esta primera era única para el Fuenla. El debut del equipo en la categoría  de plata, algo que nunca se va a volver a producir. Un hito impregnado de romanticismo porque Mere se decantó por el once que ascendió en Huelva. No era una cuestión romántica, pero lo terminó siendo. Casi como un broche a la temporada anterior, como si todo fluyese”, acentuaba la maravillosa crónica con la que el propio club relató el encuentro contra el Elche de la primera jornada; el del debut del Fuenlabrada en Segunda, el de su primer victoria en la categoría de plata, materializada con los tantos de Hugo Fraile y un David Prieto que, a sus 36 años, disfrutó de un “redebut soñado” en Segunda. “Sabía que era muy complicado regresar aquí, pero hacerlo así, con una victoria, con un gol, fue inmejorable.  Si en febrero, cuando llegué aquí, me hubieran dicho que viviría todo esto no me lo hubiera creído. Era inimaginable. Pero así es el fútbol. Así es el fútbol”, acentúa, feliz, el central andaluz, que después de debutar con el primer equipo del Sevilla, con el que llegó a disputar hasta 41 partidos, empezó un largo periplo por el Xerez, el Tenerife, el Córdoba, el Lugo, el Murcia, el Atlético Baleares y el Mirandés.

 

“La unidad, el orgullo y la humildad son fundamentales. Hemos conseguido que aquí no se cuestione la actitud. Aquí no se renuncia nunca a ayudar al compañero”, enfatiza Mere, el técnico

 

El brillante inicio de curso del Fuenla es, a la vez, una reivindicación del balompié modesto, humilde, del que sobrevive, del que malvive, lejos de los focos, siempre deshauciado de las portadas. Del infrafútbol. Del de aquellos que tienen que pelear, que sudar, hasta la extenuación para llegar a fantasear con acariciar, con saborear,  el éxito, la gloria. “Competimos contra Kagawa, Stuani o Embarba. Pero aquí estamos; haciendo ruido, reivindicando la Segunda División B”, afirma Mere, el orgulloso entrenador del club con el valor de conjunto más bajo de la categoría, unos 7,6 millones de euros irrisorios en comparación con los 62,60 del gigante de la competición, el Girona. Pero el fútbol no son matemáticas. “Por suerte. Sería demasiado aburrido”, apostilla David, consciente de que la ilusión y la ambición,  de las que el Fuenlabrada se ha erigido en un abanderado, y sobre todo el trabajo, tienen aún más importancia que el dinero en la ecuación del fútbol. “La unidad, el orgullo y la humildad son fundamentales. Hemos conseguido que aquí no se cuestione la actitud. Aquí no se renuncia nunca a ayudar al compañero. Aquí no se escatima, no se regatea, ningún esfuerzo. Aquí no se regala ningún balón. El día en que perdamos esto estaremos muertos. El día en que perdamos nuestras raíces, nuestra esencia, el día que olvidemos lo que somos, estaremos muertos. Aquí la concentración y el esfuerzo son innegociables. No podemos caer en el conformismo. Ni relajarnos. La Segunda División es muy dura. Es la categoría más exigente por su igualdad. La más cruel. Todos coincidimos en que tenemos que ir paso a paso, semana a semana, sabiendo que igual que hoy estamos arriba mañana podemos estar abajo”, enfatiza Mere, un obrero del fútbol que ha pasado de entrenar en regional a hacerlo en Segunda “subiendo poco a poco, escalando peldaño a peldaño”. “Este es el camino. Y no podemos desviarnos  ni un ápice. Si lo hacemos, si nos desviamos de lo que somos, de lo que nos ha llevado hasta aquí, nos perderemos. Evitar el descenso continúa siendo el objetivo. Después del partido decíamos que nos quedaban 47 puntos por la permanencia. 44, después del segundo. Ahora 41. Vamos a ir restando. Poco a poco, despacio. Si nos desviamos de eso, si olvidamos que somos un equipo sin demasiada historia de una ciudad pequeña de Madrid, no vamos a ir a ningún sitio. Tenemos que seguir trabajando para que esto se prolongue. Para hacernos un sitio aquí,  para aguantar el máximo de años aquí, en Segunda.  Este es el reto que todos perseguimos. Con ilusión, con mucha hambre”, asegura David.

Después de asaltar el Martínez Valero en su puesta de largo en la categoría de plata del fútbol español (0-2), el Fuenla de Mere reafirmó su voluntad de continuar haciendo historia al enlazar su segunda victoria derrotando al Extremadura, también a domicilio, con un tanto de Hugo Fraile en el amanecer del encuentro y otro, decisivo, de Cristian Glauder, ya en su epílogo (1-2). “El Fuenlabrada ha llegado a Segunda para seguir demostrando que en el fútbol el trabajo y el esfuerzo, como en la vida, tienen su recompensa. Símbolo del carácter de una ciudad y del lema (Orgullo y Humildad) que representa a cada uno de los habitantes que mañana estarán a primera hora en pie para cumplir con sus  horarios. También de aquellos que nos han dejado. Como nos dejó antes de tiempo Gema Villalba, vecina de Fuenlabrada víctima de violencia de género por la que el equipo portó brazalete negro. La victoria fue para ella. Y para la ciudad. Para una ciudad que durmió ilusionada. Para una ciudad que mañana se levantará para trabajar como siempre. Orgullosa y humilde”, remarcaba la crónica del Fuenla, nuevamente exquisita; señalando el orgullo que la afición del Fernando Torres siente por unos futbolistas, por un equipo con el que se siente identificado; señalando el orgullo que los futbolistas del Fuenla sienten por una afición, por una ciudad, con la que se sienten muy identificados. “Me siento muy cómodo en este proyecto. Muy identificado. Me representa. Siempre he intentado alejarme del futbolista divo, del directivo nocivo. Me siento más cómodo con la gente que afronta tanto la victoria como la derrota de una forma más equilibrada. Con un perfil de gente, con trabajos humildes, que un día tuvo que alejarse de Madrid porque no podía pagarse una vivienda ahí. Con gente modesta, de la que no es mucho de sacar pecho porque sabe que siempre se puede caer”, sentencia el entrenador gaditano del Fuenla, un exfutbolista que en los 90 compitió en Segunda B con el Cádiz, el Algeciras, el Motril y el Mensajero canario.

 

“Fuenlabrada es una ciudad trabajadora, humilde. Y el club y el equipo son un reflejo de lo que es la ciudad. Estamos orgullosos de representarla”, asevera el defensa David Prieto

 

“Fuenlabrada es una ciudad trabajadora, humilde. Y el club y el equipo son un reflejo de lo que es la ciudad. Estamos orgullosos de representar Fuenlabrada”, asevera David, un futbolista, un incansable futbolista, que tuvo que jugar seis playoff de ascenso de Segunda División B a Segunda y otro de Segunda a Primera, con el Córdoba, antes de saborear, por fin, las mieles del triunfo de la mano del Fuenlabrada.

Tan consciente como convencido del poder del colectivo, el sevillano insiste ahora en la necesidad de “mirar por el grupo antes que por uno mismo”. “Lo importante es ser un equipo. Esta es la base del éxito”, remarca convencido el que es uno de los puntales de la defensa del conjunto madrileño. Todos los que forman parte del grupo, de hecho, releen antes de saltar al césped del Fernando Torres un mensaje que les reconecta con la realidad del club, con su humilde idiosincrasia: el inequívoco ‘Todos antes que yo’ que adorna cada taquilla. “La importancia del colectivo es enorme. Incalculable. Este verano, por ejemplo, hemos querido aprovehar el buen trabajo que se hizo el curso pasado dándole continuidad para crecer a partir de esa base; haciendo una plantilla fuerte, competitiva. Hemos renovado a un jugador por demarcación, acompañándolo de uno de nuevo. Los que llegan tan solo tienen que imitar cómo juegan, entrenan y viven los que ya están aquí. Saben que existe una idea colectiva, que aquí se trabaja. Que sabemos perfectamente lo que somos. Y lo que podemos hacer. Que dependemos de nuestra fuerza como grupo, de nuestra dimensión humana”, sentencia Mere, que en los poco más de 12 meses que lleva en tierras madrileñas ha tenido el tiempo suficiente para liderar al equipo de la ciudad hacia su cenit, para comprobar como Fuenlabrada, una vez materializado, hecho realidad, el sueño de asaltar los cielos desembarcando en el fútbol profesional, se ha enamorado del club. “Cada semana que pasa somos un poco más conscientes de que estamos haciendo historia. Es bonito porque creo que hemos cambiado el ritmo de la ciudad. La hemos hecho ser consciente de que hay un club de fútbol en Fuenlabrada. Nos emocionamos al ver niños con la camiseta del Fuenlabrada”, concluye el técnico del cuadro madrileño, de un Fuenla que el fin de semana pasado sumó la tercera victoria al derrotar al Oviedo en el Fernando Torres, ante 5.320 emocionados hinchas, instalados en una nube de imperturbable felicidad desde el pasado 2 de junio, por un ajustado 2 a 1, con dianas de Jeisson Martínez y del angoleño Anderson Cruz, que dejó los tres puntos en casa con un tanto en el minuto 89. “El Fuenla, inmerso en la lucha que es la Segunda División, disfruta sufriendo cada minuto, cada metro. Así ha igualado el mejor arranque de un equipo recién ascendido, con tres triunfos en tres jornadas. Un premio al trabajo y la unión del equipo. Toca seguir trabajando. Eso sí, con una sonrisa en la cara”, pregonaba la preciosa crónica del partido del propio Fuenla, un club modesto, humilde, que afronta el presente con los pies en el suelo, consciente de que esto no ha hecho nada más que empezar. Pero con la felicidad de saber que está haciendo historia. “Que nos quiten lo bailado”, apunta, sonriente, David Prieto, uno de los referentes de un Fuenla que saborea cada instante de su nueva aventura en la categoría de plata. Porque ni siquiera los hinchas más optimistas, ni siquiera aquellos que desde que se consumó el ascenso aguardan al lanzamiento del primer FIFA en el que podrán jugar con sus colores para conducir al equipo hasta la final de la Copa de Europa, soñaban, fantaseaban, con un inicio de curso así; tan perfecto, tan redondo.