En una entrevista recientemente concedida al diario El País, Unai Emery, ahora técnico del Villarreal, después de varias experiencias en el extranjero, abrió un melón que tenía mala pinta desde hacía algún tiempo. “El fútbol de orden que vemos tiene que ver con el mensaje de mantener tu portería a cero. Se mira la portería contraria con precauciones. Ese mensaje ha calado. El otro extremo, el de los partidos bonitos, atractivos, con los dos equipos mirando la portería, transmitiendo energía e incertidumbre durante 90 minutos, va contra la organización. Y en España los entrenadores somos muy organizados, muy tácticos y competitivos. Y eso es como la manta corta. Nos da riqueza pero nos aleja del fútbol espectáculo. La segunda liga más vista del mundo siempre fue la española porque se jugaba el mejor fútbol. Para que esto siga así tenemos que ser capaces de generar un juego donde pasen cosas. La estadística señala que tenemos trabajo por hacer”.

Esta entrevista fue publicada el pasado 20 de noviembre, ocho días después de la llegada de Eduardo ‘Chacho’ Coudet a la liga española, una coincidencia en el tiempo seguramente destinada a producirse más tarde o más temprano. Para explicar el inmediato, exitoso y revolucionario impacto de las ideas del argentino en el Celta de Vigo, desde el primer minuto de su andadura, desde su primera palabra, su primer once inicial y el primer contacto con el balón, es sencillo relacionar la necesidad del fútbol español por encontrar incertidumbre con el sello distintivo de quien abandera precisamente un fútbol en el que el balón está siempre de puntillas, cambiando de dueño permanentemente. Eduardo Coudet ha aterrizado de pie porque su lugar en el mundo del fútbol pasa por la incertidumbre, por ir a buscar sin mirar atrás; por dar importancia a que cada acción de juego lleve papel de regalo. Y eso, en España, llevaba tiempo sin pasar.

Una llegada así debe ser tratada con mirada amplia y sentido profundo. ¿Qué ha pasado para que un técnico novato en España, necesitado de conocer las entrañas de la competición primero, adaptándose y pidiendo algo de tiempo, no haya precisado más que sus propias convicciones para revolucionar un club apagado como el Celta? En este texto vamos a tratar de entender su impacto en la Liga a través de su pasado. ¿Quién ha sido el ‘Chacho’ Coudet? ¿Qué le hace diferente de los demás? ¿En qué contextos creció y por qué su fútbol como jugador y sus influencias tienen tanta relevancia en su fe por la incertidumbre y la disputa constante? España, pendiente de una segunda revolución de foráneos, en nombres e ideas, debería ver la llegada de Coudet como una oportunidad para el cambio. Sin rechazos. Con ilusión.

 

“Coudet no se declaró nunca ‘bielsista’. Él en Rosario cita como sus influencias a Manuel Pellegrini, al ‘Turco’ Mohamed y al ‘Cholo’ Simeone, más este en la forma de comunicar y llevar esas ideas al público y a los jugadores”

 

Como fuente reveladora de su manera de sentir, debemos acudir a sus orígenes como jugador en la élite del fútbol argentino y sudamericano, recordados por Eduardo José Ustaritz, analista colombiano en El espectador. “Digamos que Eduardo Coudet era un ‘8’, un interior derecho, en un 4-3-1-2 prototípico en Argentina, que alternaba la banda con el carril central. De hecho era un tipo de jugador que en España jugaría en banda de un 4-4-2, como Diego Cagna, Lucho González o Maxi Rodríguez. Era un jugador que desbordaba pero que tenía capacidad asociativa para dejar toques creativos, pisadas, que era muy inteligente para llegar a gol o disparo. Podía empezar por fuera pero siempre se metía dentro y acababa en la frontal. Con la llegada de Pellegrini a River, Coudet es un jugador aún más móvil, donde las posiciones no son tan fijas y los jugadores tienen libertad para ocupar mucho ancho de la cancha”.

El hoy técnico celeste creció como jugador en un fútbol donde no había extremos pegados a la banda y donde el término ‘posicional’ era muchísimo más laxo de lo que sería en Europa unos años más tarde. La relación cercana con el balón y con los compañeros se cimentaba en el movimiento, no en la posición. Coudet arrancaba, salía, entraba, llegaba a puerta. Iba. Volvía. “Por el contrario, el fútbol argentino de los últimos años”, prosigue Eduardo, “presenta una corriente en la que Bielsa influye en muchos futbolistas, con ese ida y vuelta, frecuencia ofensiva, altísima intensidad, y otros cuya influencia es Guardiola, con un estilo más posicional. A partir de estas dos influencias, en Argentina comienzan a aparecer de nuevo los extremos, una figura que en la Argentina escaseaba; en todo caso eran interiores que caían a banda. De hecho jugadores como Salvio o Di María jugaron primero como segundos delanteros, detrás del ‘9’. Y es ahí donde empiezan a aparecer los extremos, jugadores puros de banda buscando desborde. En ese contexto, Coudet encajaba más en ‘los bielsistas’ aunque él no se declaró nunca bielsista. Él en Rosario cita como sus influencias a Pellegrini, el que más le influyó, al ‘Turco’ Mohamed y el ‘Cholo’ Simeone, más éste en la forma de comunicar y llevar esas ideas al público y a los jugadores. Coudet busca más ritmo, fútbol vertical, ocasiones constantes, presión. Un fútbol de mucha fricción y físico, en el que cabían testimonios tan curiosos como el de Daniele De Rossi cuando llegó a Boca, quien llega a decir que le costaba mucho más a nivel físico que en Italia”.

De alguna forma, el ‘Chacho’ mamó hasta empaparse de un fútbol de acción, de disputa y duelo. El balón cambiaba de dueño de manera permanente, lo que nos lleva a entender que sus equipos basan su iniciativa en la presión, la recuperación y la verticalidad, no tanto en la construcción pausada y el pase horizontal para posicionarse arriba, como cuenta Vicente Muglia, periodista en Olé. “A Coudet le gusta construir el juego desde el fondo pero luego es muy vertical, no quiere horizontalidad; quiere un equipo corto y… atacar, atacar, atacar. Es ofensivamente voraz, al estilo de Gallardo. Presionar, recuperar y verticalizar. Él en Rosario arma una propuesta muy ofensiva, marcada por su deseo de tener un equipo agresivo en ataque. Allí fue etiquetado como un entrenador audaz y valiente. Llegó a finales, hizo buenas campañas, pudo ganar pero siempre le faltó la fruta del postre para redondear, en un equipo que no tenía jerarquía individual. Luego vino su época con Racing, donde salió campeón, y ahí es donde traslada su modelo a un 4-1-3-2”.

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“A Coudet le gusta construir el juego desde el fondo pero luego es muy vertical, no quiere horizontalidad; quiere un equipo corto y… atacar, atacar, atacar. Es ofensivamente voraz”

 

Sobre esto coincide Ustaritz, quien subraya ese fútbol sin extremos que enlaza al ‘Chacho’ jugador con el de los banquillos. “Coudet era uno de esos entrenadores, en Rosario, que busca abrumar a su rival a base de crear ocasiones, cambiar de poseedor constantemente, con muchos duelos individuales. Hay que tener en cuenta que las canchas no están en buen estado, el fútbol es más errático. El balón va de un lado a otro todo el tiempo. En Racing es verdad que no tiene un enganche, ese Lo Celso de Rosario, y ya cambia a un 4-1-3-2, con una gran particularidad: en un fútbol argentino donde ya se han instalando los extremos abiertos, él no los quiere. En la banda sólo están los laterales. Incluso en el caso de extremos como Ricardo Centurión, Coudet los pone de interiores. ¿Cómo es su Racing? Ritmo alto, balón siempre en disputa, duelos y presión”.

Para entender cómo juega el Celta, expuestas las líneas generales de sus equipos en Argentina, coincidiendo en que tampoco está utilizando extremos, con Lucas Olaza y Hugo Mallo como externos, es fundamental comprender cómo es el contacto con el balón, pues Coudet es un entrenador hiperdirecto en la conquista del área rival. Bajo la máxima de llegar en el menor tiempo posible, el contacto con el balón ha de ser rapídisimo, fomentando soltarla en una dirección concreta con mucha agresividad, importando menos el control o el acierto, sino la verticalidad y la provocación en el contrario, abriendo la defensa zonal común en el fútbol español. Con esta intencionalidad, entra en juego otro de sus mandamientos: la presión, el concepto que ha hecho del fútbol europeo actual una sucesión de partidos basados en el movimiento contra el balón en campo contrario.

“Él quiere presionar intensamente el mayor número de veces posible”, señala Muglia. “Y siempre en presión alta, nunca replegado. Es un entrenador que siempre está arriesgando y eso le lleva a su punto débil: el equipo a veces no está bien posicionado cuando la pierde. Porque la pierde en zonas comprometidas pero también por errores de concentración en sus jugadores. Sufre al vigilar a los descolgados del rival. Hay cierta desprotección en su defensa. Es un equipo que cuando no tiene fluidez en el toque, le cuesta tener un plan B; buscar alguna variante cuando su plan era neutralizado. Es un equipo muy voraz en la presión y en los ataques, y a veces termina chocando. En Argentina se le cuestionaba por no tomar recaudos defensivos y se decía que sus equipos eran defensivamente frágiles”.

Detecta igualmente Ustaritz esa fragilidad defensiva cuando su presión no se traduce en robo o su ataque no se convierte en tiro y sí en pérdida. “Ya en Rosario juega 4-3-1-2, con Lo Celso de enganche, y era un equipo muy directo, se saltaba líneas en ataque, con contragolpes de pocos jugadores. El equipo recuperaba y daba rápido el balón a Lo Celso; ya era un equipo que buscaba encontrar a sus puntas en pocos toques. Y sufría en defensa porque perdía mucho la pelota y la presión no funcionaba siempre bien”.

Parece, por tanto, y así deberá ser en Vigo, que su acierto en las disputas y la presión servirán de verdadero indicador del éxito de su propuesta, siendo el Celta un equipo tendente a lo frágil, tanto táctica como mentalmente. Mantener fidelidad a la idea general, tanto en el contacto con el balón como en la actitud individual para su posterior recuperación, surge como imperativo, salvo interesante adaptación del propio Coudet para dotar a su equipo de variantes defensivas que hagan al equipo más flexible ante equipos técnicamente superiores, los cuales lo retrasen en el campo y lo obliguen a esperar su momento. Más allá de sus ajustes en el desarrollo de su modelo en un fútbol tan diferente, la síntesis de todas las posibles reflexiones como espectadores confluye en un punto: su vocación por la energía. Contradiciendo a Emery, Coudet está dispuesto a aportar riqueza a la competición concediendo un ritmo que favorece la incertidumbre.

Mientras demuestra que el contenido está justificado por su pasado como futbolista, sus influencias como jugador y su experiencia como técnico, Coudet viene a dar importancia al envoltorio, donde cada partido viene con papel de regalo para una competición que necesita recuperar el factor sorpresa.

 


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Fotografía de Imago.