El 29 de mayo del 2000 no es una fecha cualquiera en Villarreal. Ese día el submarino empataba en casa frente a la UD Las Palmas y certificaba su retorno a Primera División, un lugar casi inexplorado para ellos -solo habitado en una ocasión en la 98/99-. Empezaba un nuevo milenio y, a partir de entonces, el fútbol español empezó a ubicar a la ciudad de Villarreal en el mapa. Casi dos décadas han pasado y, a excepción de un desliz que le costó un imprevisible y pasajero paso por Segunda División, el conjunto groguet se ha convertido por mérito propio en uno de los clubes de referencia del balompié nacional.

Desde su irrupción en la máxima categoría, con sus mejores y peores años, con entrenadores más o menos fieles al ideario del submarino y con sistemas variantes, la única cuestión intocable en Villarreal es el apostar por el buen trato del balón. Pasará quien pueda, quien sea, pero la filosofía de apostar por un juego atractivo, dominante y siempre con el balón como eje de su manera de entender el juego, es casi innegociable. Así lo quieren los 23.000 aficionados que se presentan semana tras semana en el Estadio de la Cerámica y también así necesitan que sea los futbolistas del conjunto amarillo.

Esta manera de entender y gestionar el deporte que tienen los castellonenses les hace diferentes a la inmensa mayoría de clubes de pequeña o mediana magnitud, e incluso algunos grandes, que nunca han alcanzado la capacidad del Villarreal de fidelizar y arraigar tan fervientemente un estilo en el seno del club. Hacerlo suyo. Y cuidarlo, pulirlo y mimarlo para que perdure en el tiempo, aunque pasen jugadores, entrenadores o generaciones enteras. He aquí el éxito del equipo de una ciudad donde apenas conviven poco más de 50.000 habitantes.

 

“Bruno es una realidad desde hace años por suerte para el Villarreal y Rodri está en camino de ser muy importante. Pienso que será un gran jugador, es muy completo. Nos va a dar muchas alegrías los próximos años”

 

Esa es la Carta Magna no escrita del Villarreal. Lo primero, ante todo, es jugar bien y bonito, que no tiene por qué ir de la mano, aunque en Villarreal se consiga asiduamente. Porque ese es el camino que les llevó a Europa de la mano de Pellegrini en 2005, el mismo que les dejó a un penalti de verse en una final de la Champions y también el que les permitió alcanzar una histórica segunda posición en la 07/08. Solo así se entiende que el Villarreal muriera con las ideas, sus ideas, puestas en 2012, para descender a los infiernos de Segunda. Eso sí, fueron las mismas que permitieron que regresara solo un año después a la máxima categoría de nuestro fútbol, a un lugar que ya le pertenece.

Detrás de esa fidelidad existente en Villarreal, hay una figura que expresa a la perfección el ideario del submarino: el mediocentro. Una estirpe iniciada por un paulista, prolongada por un cerebro desarrollado en la casa y que hoy sigue vigente gracias a un chico llegado desde la capital a sus categorías inferiores. O lo que es lo mismo, de Marcos Senna a Rodri Hernández, pasando obviamente por el eterno capitán Bruno Soriano.

Marcos Senna, el primero de la saga, aterrizó en Villarreal en la tercera temporada del equipo en Primera División. Procedente del Sao Caetano, y después de no hallar su lugar en el fútbol de su país, el de Sao Paulo vio en La Plana el sitio idóneo para asentar su juego. Villarreal y Senna encontraron uno y otro lo que buscaban para crecer de la mano.

 

Jugar sencillo, mejorar cada balón que pasa por sus botas, sin estridencias, sin complicaciones ni filigranas, manejar los tiempos del juego, ser el primero en atacar y el primero en defender

 

Por su parte, Bruno Soriano llamó a las puertas del primer equipo del Villarreal a una edad algo tardía. Con 23 años se instaló en el submarino que por aquel entonces lideraba Marcos Senna. Esperó, aprendió y maduró al costado del brasileño y juntos vivieron días de gloria y días de penas. Europa, descensos, temporadas para la historia y una multitud de experiencias juntos que permitieron al castellonense coger las riendas del centro del campo del Villarreal cuando Marcos Senna dio un paso al costado para retirarse al otro lado del Atlántico. “Mi máximo referente ha acabado siendo Marcos Senna. He crecido cerca de él como jugador y me ha enseñado muchas cosas”, nos explicaba el actual capitán del Villarreal en una entrevista para el #Panenka61.

Acerca de la filosofía de juego de su equipo, Bruno Soriano es seguramente la voz más autorizada para hablar al respecto: “Llevo once años, han pasado muchos entrenadores y cada uno con un estilo. También depende de los jugadores que tengas en el equipo para poder practicar un tipo de fútbol u otro. Con Pellegrini, en mis inicios, el toque lo era todo. Hemos ido cambiando, pero cogiendo otras virtudes. Ahora también practicamos un buen fútbol. Tenemos un equipo muy equilibrado en posesión y rapidez”. Y en este equipo equilibrado del que habla el capitán, mucho tiene que ver una de las revelaciones de la temporada: Rodri Hernández, la tercera pieza de una estirpe de mediocentros que han dominado la medular del Villarreal desde 2002.

El madrileño llegó a Villarreal por culpa de su estatura. Cuando militaba en el fútbol base del Atlético de Madrid le faltaban centímetros -aunque ahora mide 1,92- para seguir progresando en el club y los groguets no dejaron pasar la oportunidad de llevarse hacia tierras valencianas al joven jugador madrileño. Se hizo un fijo en el juvenil, subió al filial y el pasado curso inició su carrera al máximo nivel, aunque la convivencia con Bruno Soriano en la misma posición no le permitía disfrutar de tantos minutos. Para el heredero de la sala de máquinas, el capitán ha sido “la mayor referencia desde que llegué aquí, e incluso desde que era más pequeño” y ahora ha conseguido hacerle olvidar durante medio curso debido a una larga lesión; siendo el mejor recuperador del campeonato y el tercero que más pases da a sus compañeros.

“Bruno es una realidad desde hace años por suerte para el Villarreal y Rodri está en camino de ser muy importante. Pienso que será un gran jugador, es muy completo. Nos va a dar muchas alegrías los próximos años”, comentaba Marcos Senna en una entrevista para el diario Marca acerca de sus herederos en la medular. Y mientras el brasileño los alaba, en Villarreal ya saben que la etapa de Rodri en el Estadio de la Cerámica está cerca de llegar a su fin ante las informaciones que dan por hecho que el joven centrocampista dejará de vestir de amarillo para volver a lucir el rojiblanco de cuando era niño. Por ello, confían en que sus últimos servicios como groguet sirvan para finalizar la temporada lo más arriba posible.

Jugar sencillo, mejorar cada balón que pasa por sus botas, sin estridencias, sin complicaciones ni filigranas, manejar los tiempos del juego, ser el primero en atacar y el primero en defender. Control y pase. Con sus similitudes y diferencias, en La Plana surgió una trilogía de mediocentros que han sido piezas fundamentales para que el Villarreal se asentara en Primera, soñara con Europa y practique un fútbol admirado alrededor del país.