La vida en la palma de la mano. Aferrarse a una última esperanza o sucumbir ante la inexorable presión. El martes Villa Park vivió un ejercicio de supervivencia, una lucha a contrarreloj contra los demonios de segunda división que han acechado el estadio durante toda la temporada. Después de regresar el verano pasado a la élite del fútbol inglés, el objetivo era permanecer en la categoría donde se han erigido como campeones hasta en siete ocasiones. Tiempos mejores han vivido los de Birmingham, pero rendirse nunca ha sido una opción. 

Bournemouth, Watford y Aston Villa quieren evitar que se abra la trampilla del infierno bajo sus pies, tal como le sucedió hace unos días al ya descendido Norwich. El Bournemouth, ahora con 31 puntos y un -27 de diferencia de goles, malogró una de sus últimas opciones en casa contra el Southampton. Y anteayer fue el Watford quien no solo desaprovechó su ventaja de tres puntos respecto a los ‘Cherries’ y los ‘Villans’, sino que también perdió el favorable margen de goal average al caer por 0-4 frente al Manchester City.

La esperanza inundó el barrio de Aston tras aquel encuentro en Vicarage Road, minutos antes de iniciar el duelo frente al Arsenal. No podían desperdiciar la última bala, debían cumplir su propósito y doblegar a unos ‘Gunners’ jubilosos tras su triunfo en semifinales de la FA Cup. El gran capitán, Jack Grealish, sabía que el club de su alma se jugaba el pellejo y que, tras vislumbrar por fin una ligera pizca de optimismo, no podían fallar. Así pues, cual Jesús con los panes y los peces, decidió multiplicarse sobre el terreno de juego, hacer valer su superioridad en cada acción y salir ganando por calidad o por narices. 

 

Tras un saque de esquina, Trézéguet consiguió colar el balón en la portería defendida por Emiliano Martínez. Con 1-0 en el marcador, tocaba resistir.

 

“La presión es un privilegio”, comentaba al final del partido Grealish. Quién sabe si puede ser uno de los últimos servicios del capitán a bordo del navío, tentado por los cantos de sirena de los grandes clubes de Inglaterra y de Europa. Mientras tanto, quiere demostrar a qué lugar pertenece su corazón, arengando a sus compañeros en la desesperada pugna por mantener la categoría. En el minuto 27, tras un saque de esquina, Trézéguet consiguió colar el balón en la portería defendida por Emiliano Martínez. Con 1-0 en el marcador, tocaba resistir. 

Tyrone Mings, acompañado de Ezri Konsa, evidenció su poderío físico en la defensa y mantuvo a raya a una delantera del Arsenal que generó poco peligro, salvo un cabezazo de Eddie Nketiah en el 77’ que dio en el palo y estuvo a punto de sorprender a Reina, quien no tuvo más remedio que besar el balón por el milagro que acababa de suceder. Una carrera a campo abierto de Aubameyang y un balón muerto en el área que estuvo a punto de rematar el mismo gabonés fueron otros de los pocos acercamientos de los londinenses. 

El conjunto de Mikel Arteta acabó abdicando ante el músculo y la organización del equipo de Dean Smith, con un Douglas Luiz vital en el medio campo, conteniendo los ataques del rival. McGinn, quien pudo ampliar la ventaja hacia el final del partido (como Keinan Davis minutos antes al encontrarse solo frente a la meta ‘gunner’), llevó a cabo un constante y correoso trabajo en el centro de la cancha. Los esfuerzos de los futbolistas del Villa acabaron dando sus frutos. Cierto alivio e ilusión regresaron a las casas de miles de aficionados, que celebraron desde casa el encomiable esfuerzo de su equipo, representado por la imagen de un abatido Grealish tras el pitido final.

El Villa está fuera del descenso a falta de una jornada, empatado a puntos con el Watford y con un solo gol de diferencia a favor. Ahora es el turno de los ‘Hornets’ de enfrentarse al Arsenal, mientras que los de Birmingham visitarán a un ya salvado West Ham y el Bournemouth jugará en Goodison Park. A diferencia de los numerosos partidos decepcionantes de la temporada, el Aston Villa disputó la penúltima jornada con garra y corazón y aprovechó una de sus últimas oportunidades. Aferrándose a la vida, el domingo esperan que la trampilla se abra bajo los pies del vecino, luchando por permanecer en una competición de la que nunca debieron marcharse.

 


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Fotografía de Getty Images.