En la entrada de Crown Ground un cartel deja clarísimas las intenciones de una afición que ha luchado contra viento y marea para que cada domingo haya fútbol en Accrington, en el condado de Lancashire. ‘This is Stanley. The club that wouldn’t die’. Pero la relación entre Accrington y su resistencia por disfrutar del football va más allá del Accrington Stanley. De este y del anterior club que lucía el mismo nombre. Para entenderlo, hay que viajar a finales del siglo XIX.

Fue en 1888 cuando William McGregor, directivo del Aston Villa, propuso crear la primera liga de la historia. Hasta entonces era la FA Cup la encargada de dictaminar cuál era el mejor equipo del año en Inglaterra. Para hacerlo más justo, se reunieron 12 clubes y crearon la Football League. Fue un antes y un después en la historia del fútbol. El formato de todos contra todos, a ida y vuelta, llegaba para quedarse. Y los 12 equipos que pusieron en marcha aquello fueron el Aston Villa, el Preston North End, el Burnley, el Blackburn Rovers, el Notts County, el Portsmouth, el Stoke City, el Bolton Wanderers, el West Bromwich Albion, el Derby County, el Everton y, como imaginaréis, el Accrington; pero no el que iba acompañado del apellido Stanley, sino el FC, otro club sin relación alguna con el actual equipo de la ciudad.

Aquel Accrington FC, el más desconocido de los 12 encargados de dar a luz a la Football League, nació en 1878, aunque su historia, cruel, vacía de éxitos, duraría bien poco. Nunca logró pasar de la tercera ronda de la FA Cup y, en su paso por la First Division, su mejor posición fue la sexta. En 1893, descendería a la Second Division, y no volvería a asomar la cabeza por la élite. De hecho, tres años después de ser relegado de categoría, desapareció. La suya es la más triste historia de la docena de equipos que un día decidieron cambiar el fin de semana de los manatíes del balón.

 

“Ian Rush me dijo que si no la bebía no tendría nivel ni para jugar en el Accrington Stanley”. “¿Quiénes son esos?”. Tocado, pero no hundido

 

Por suerte para la ciudad, no se quedaron huérfanos de fútbol. Pues el Stanley Villa había nacido cinco años antes. Y con la defunción del club vecino, reformularon el nombre de la entidad para que la ciudad siguiera sintiéndose representada en el fútbol. Pasarían a llamarse Accrington Stanley. Un homenaje que duraría más tiempo, pero acabaría con el mismo trágico final. Nunca llegaron a disputar categorías punteras, siempre merodearon divisiones semiprofesionales. Pero hubo un momento en el que el equipo comenzó a hacer las cosas bien. Los resultados acompañaban, el público se presentaba en Peel Park, la directiva se vino arriba. Y aquello fue su perdición. Quisieron aumentar el aforo de su pequeño estadio. La obra salía, en teoría asequible para los fondos del club, pero los gastos fueron aumentando. Era insostenible. Se quedaron en quiebra y la Football League

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les invitó a irse de la competición. Se pasaron cuatro años pululando por las categorías más bajas de Inglaterra, entre 1962 y 1966, hasta que se tomó la decisión de bajar la persiana del Accrington Stanley. Una vez más, una ciudad pionera, de apenas 35.000 habitantes, pero fundadora de la competición, se quedaba sin fútbol.

Al menos duró poco. En dos años ya se habían reunido un grupo de socios en un pub para poner fin a la sequía de fútbol. En 1968 se redundaba el Accrington Stanley. Eso sí, lo hacía desde las catacumbas de la Non-league. Y la historia de este malogrado club provocó mofas a lo largo y ancho de Inglaterra. Tantas, que hasta un anuncio de televisión se metió con ellos. Dos niños con la camiseta del Liverpool, una botella de leche y la clásica discusión de si beberla o no, hasta que la sentencia de uno de ellos zanja el asunto: “Ian Rush me dijo que si no la bebía no tendría nivel ni para jugar en el Accrington Stanley”. “¿Quiénes son esos?”, pregunta el otro. Tocado, pero no hundido.

Porque sí, en ese momento estaban hundidos, parecía imposible salir a flote, aunque acabaron lográndolo. Fue en los 90 cuando empezaron a escalar por las divisiones del fútbol inglés. Gracias, en parte, a la gestión del empresario Eric Whalley, que retomó el camino del club hacia categorías profesionales, de vuelta a la Football League, lugar del que hacía mucho, mucho tiempo que la ciudad de Accrington no disfrutaba. Eso ocurrió en 2006, cuando el Stanley ascendió a la League Two. Hasta que 12 años después, tras cursos en los que combinaban luchas por no descender con clasificaciones para el ascenso, en 2018, con el presupuesto más bajo de todo el campeonato, quedaron campeones de liga y se establecieron en la League One. Donde todavía siguen. Conviviendo con la élite, recordando cada día aquello de que este club, y esta ciudad, nunca morirán. Bebiendo leche, cerveza o lo que les dé la gana, porque ahora ya todos vuelven a saber quiénes son esos.

 


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Fotografía de Imago.