Una Europa que presenciaba los últimos coletazos de la llamada Guerra Fría observó, hace 32 años, como la Unión Soviética caía en los octavos de final del Mundial de México’86 ante Bélgica. Sin un muro de por medio y con la denominación rusa de nuevo, la selección de Cherchesov ha conseguido un heroico pase a la ronda de octavos de final, algo que no se había conseguido sin la unión de las llamadas repúblicas soviéticas. La hazaña cobra mayor importancia si se tiene en cuenta el contexto previo y el lugar: Rusia alberga la Copa del Mundo de 2018 y las esperanzas del pueblo en su selección eran muy pobres antes del comienzo de la competición. Sin una de sus máximas estrellas como Dzagoev, lesionado en el primer encuentro, Golovin adquirió el mando de unos rusos que se fueron creciendo a medida que iban pasando los partidos en un Mundial que parecía iba ser un infierno para ellos.

Corría un dulce 15 de junio de 1986. La URSS y Bélgica disputaban el segundo encuentro de octavos de final de esa Copa del Mundo. Antes, la anfitriona México, había dado cuenta de una Bulgaria que se había colado como una de las mejores terceras con tan solo dos puntos en dos empates. La euforia mexicana dio paso a uno de los mejores encuentros que nos dejó ese torneo. Belanov había puesto hasta dos veces por delante a los soviéticos, los cuales vieron como los belgas les conseguían contrarrestar esos tantos con goles de Scifo y Ceulemans. De esta forma, se llegó una prórroga emocionantísima. Demol puso por delante a Bélgica por primera vez en todo el partido, pero Belanov anotó desde los once metros, cerrando su triplete y colocando el empate a tres. El esfuerzo del excelente goleador soviético quedaría en nada con el gol de Claesen para los belgas en el 110′ de partido. Bélgica se llevó la victoria y el pase a los cuartos de final.

El recuerdo imborrable de aquel memorable partido se fue llenando de polvo a medida que pasaban los años. Rusia pretendía reencontrarse a sí misma después de la gran revolución a nivel estamental que supuso la independencia de las repúblicas asociadas a la Unión Soviética. Justo después de caer en México, la URSS obtuvo un subcampeonato de Europa en la última competición internacional que disputó con esa denominación. Así, después de la disolución de la Unión Soviética, Rusia experimentó un bajón competitivo importante. En el apartado de Eurocopas cayó en la primera fase de todas excepto de dos: la de 2000, ya que no se clasificó, y la de 2008, donde firmó un tercer puesto sorprendente. El apartado mundialista es menos halagüeño aún: primera ronda en Estados Unidos 1994, no se clasificó para Francia 1998, primera ronda en Corea y Japón 2002, no se clasificó ni para Alemania 2006 ni para Sudáfrica 2010 y primera ronda en Brasil 2014. Un bagaje demasiado pobre para otrora una de las grandes potencias futbolísticas a nivel mundial.

Objetivo cumplido

Llegamos a Rusia 2018 y las expectativas están al nivel de las anteriores actuaciones rusas en las Copas del Mundo. En un Grupo A con una clara selección dominante como Uruguay, el segundo puesto quedaba en la lucha entre la anfitriona y una selección egipcia que llegaba mermada por la baja de su mejor jugador: Mohamed Salah. Arabia Saudí partía un peldaño por debajo de las otras tres selecciones. La goleada en el encuentro inaugural ante los saudíes supuso un soplo de aire fresco para una Rusia que llegaba en una severa depresión de resultados. Los de Cherchesov se presentaron en su Mundial sin haber ganado un encuentro desde el día 7 de octubre de 2017. Corea del Sur sucumbió aquel lejano día ante los de Cherchesov por 4-2. Después de ese buen resultado, se dieron dos empates (uno de ellos ante España, su rival en octavos de final) y tres derrotas.

Rusia ha soplado y eliminado el polvo de la tapa dura de su libro de historia futbolística. Después de 32 años de travesía por el desierto ha sido ante su gente cuando el seleccionado ruso ha dado un paso hacia delante. Venció en el debut ante los árabes y posteriormente ante Egipto, clasificándose para octavos de final antes de disputar la tercera jornada ante Uruguay. Los de Tabárez le dieron un buen rapapolvo a la selección de Cherchesov, que llegaba bastante crecida con sus dos resultados anteriores. Sin embargo, pese a esa segunda posición final, los anfitriones llegan con más ganas que nunca y sin presión. Ellos ya han jugado su Mundial, ya han conseguido mucho más de lo que se esperaba de ellos y eso les ha eliminado el pesado lastre de la presión. Ahora es cuando Rusia deberá guardar el libro de su pasado futbolístico en la estantería o seguir acariciándolo con la melancolía de que cualquier tiempo pasado fue mejor.